Ocio y Cultura

xiii concurso de relatos heraldo

Un final feliz

Un gallo en imagen de archivo.

Qué se ha de hacer, señor, así es la vida. Fíjese bien en lo que le digo. Si mi gallo hubiera ganado la pelea, mi destino habría sido muy diferente. Con todo y que al final me birlaron la pensión de jubilación. Pero perdió, lo echaron a la olla del sancocho y yo me vi en la inmunda. No exagero. Encorajinado, mi don me condenó de por vida a recoger La Hojarasca de Macondo, velarle la Mala Hora a Rebeca Buendía, llevar de acá para allá la escalera de los mechudos de Led Zeppelin y espantarle a su buena merced las moscas que tuvo a bien endosarle don William Golding.

Yo no le reprocho su mala leche. El que manda, manda, aunque mande mal. Lo que le digo es tan cierto como el sol que brilla en el cielo. Así que… no hay tus-tus. No nos queda otro camino que resignarnos a esta suerte gris, apretar el culo y rezar para que un día de estos su escritor y el mío se compadezcan de sus criaturas y escriban, por fin, un final feliz.

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