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Mariano Gistaín: "Para un escritor la realidad es fascinante, lo peor es tener que vivirla"

El autor barbastrense, columnista de HERALDO regresa a la novela con ‘Se busca persona feliz que quiera morir’ (Limbo errante).

¿Qué pasó con el escritor Mariano Gistaín de libros como ‘El polvo del siglo’ o ‘La mala conciencia’ en todos estos años?

He publicado con mi mujer, María Pilar Clau, que sigue vendiendo ejemplares de su longseller ‘La sobrina’. Juntos habíamos publicado ‘Agua y cielo’ o el ensayo ‘Lo mejor de Zaragoza’. No es fácil publicar este subgénero que me gusta –parece ciencia ficción casera pero luego sale un chino y edita el genoma en vivo–, y por eso agradezco a los editores de Limbo Errante, Víctor y Beatriz, su entusiasmo. Los veo tan contentos que hasta a mí me parece que el libro es bueno.

-Usted ha sido un precursor de internet, de los blogs, de la apuesta por las nuevas tecnologías, el ‘big data’, tan presente en su novela. ¿Cómo le ha afectado, qué le ha dado y qué le ha quitado?

Lo mejor de aprender HTML fue publicar en 10lineas.com la web de Labordeta y de tantos amigos en el año 2000 (aún se pueden ver esas páginas arqueológicas en Archive.org, incluyendo la antología de Alfredo Saldaña y Antonio Pérez Lasheras sobre Miguel Labordeta, con dibujo de Cano). Lo mejor de aquel frikismo fue poder frecuentar a Forges en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca, que ahora anuncia su XX edición.

“He de decir que tengo 44 años y que me dedico a desaprender”. Así se define el protagonista de su novela… ¿Qué es lo que quiere desaprender?

Es admirador de Carlos Barrabés, que en alguna ponencia recomienda y practica desaprender con humildad.

Por cierto, he visto que la criogénesis, que sale en la novela como un tema central, es algo más que un delirio futurista, que existen investigadores y empresas que la ofrecen…

En 2016, cuando transcurren los hechos que cuenta el narrador, ya había en Valencia una web con ofertas. Hay varias empresas, es un sector emergente. Congelar la cabeza es más barato que el cuerpo entero. Nuestro mito de Walt Disney de la infancia se hace realidad, al menos en la primera parte. Ya veremos si resucitan.

¿Qué ha significado el Contenedor Creativo para usted y para Zaragoza, el de la calle Bolonia?

Un local alucinante que crearon dos amigos románticos: Fernando Vicente y Santi Jiménez solo quieren disfrutar de la vida, aprender, ser felices sin machacar a nadie… son unos santos laicos. Trajeron el mar a la calle Bolonia en forma de contenedores de barco. Tomeo, Labordeta y Félix Romeo hubieran disfrutado en ese hangar.

El protagonista de “Se busca persona feliz que quiera morir” dice que lleva cinco años sin hacer el amor y aquí parece resarcirse con varias mujeres: Irene, Rossi, quizá Claudia, Linda... ¿Cuál es el papel que juegan las mujeres en el libro en la vida de un hombre que parece conocer todas las derrotas?

Jóvenes científicas que operan al margen de los circuitos oficiales (esto ya lo inventó Mary Shelley) y que dependen de la financiación siempre azarosa, nada nuevo. En cierto modo es una novela empresarial, como todo ahora, o sea, realismo cuántico. Claudia, inversora global muy respetada en la ciudad, impone su ley a las jóvenes científicas. En esta novela las mujeres ya mandan. Linda, por ejemplo, dirige una agencia que fabrica realidades. El protagonista está desbordado por los hechos… y por Hacienda… pero le llega una buena racha sexual, lo que aumenta su perplejidad. Por ‘espoilear’, al final triunfa el amor, pero en otro formato.

Con la aparición de Claudia aparece también un giro capital en el libro: la presencia de Santos Palacios, que trabajó para Estados Unidos y conserva las llaves de la Base Aérea.

Ese hombre existe, yo hablé con él. Llevaba la compra a las mujeres de los pilotos americanos de la base, y a ellos los llevaba de juerga por Zaragoza. Pero nunca tuvo un contrato. Ese hombre escribió un informe delirante y luego desapareció.

Y surge un cuento que conduce a una sociedad o hermandad literaria secreta… ¿Ha querido meter una investigación policial, con homenaje incluido a Chandler y su libro ‘El largo adiós’, o plantear un texto que es tan literario como científico?

La vida misma, que se mezcla ella sola, y eso es lo bueno, la variedad, lo inesperado. Hay un personaje que tiene una empresa de limpieza y como se aburre ejerce de detective cultural: colecciona bombas de la guerra, busca el cráneo de Goya y usurpa el nombre de un poeta porque no le gusta el suyo.

¿Esa forma tan peculiar de ver el mundo, es del protagonista o del propio narrador? ¿Vivimos en una época de máxima deshumanización?

Al revés, nos estamos esforzando más que nunca en ser humanos, cuidadosos… Ahora matar o tirar colillas al suelo está muy mal visto socialmente. Quizá porque somos más civilizados, o porque nos sentimos vigilados. Creo que esta novela es hiperrealismo mental, cosas que pensamos o que nos piensan, cosas que nos pasan o nos van a pasar.

¿Cuál es para usted la importancia del humor?

El humor sale solo y nadie sabe lo que es. Como decía Buñuel, hay que dejar algo al misterio. Mi mujer se ha reído leyendo un párrafo de la novela así que ya estoy bendecido. La novela es buena y soy feliz.

El personaje principal es un auténtico fracasado… Cita a Ignatius Reilly. ¿Vivimos en un mundo que nos despersonaliza y nos roba el alma?

Yo no lo veo fracasado. De hecho, sería un personaje dichoso si le tocara la lotería. La ansiedad existencial y la angustia nihilista se pasan yendo de compras o tomando una cerveza. Houellebecq, que puede hacer ambas cosas, es un impostor. Pero no hay tiempo, no hay dinero… o no hay ninguna de las dos cosas. Eso lo refleja bien la novela, creo.

¿Qué pretende con la novela?

Todo lo saco de los periódicos y de los ensayos gordos que me pasan para acercarme a las corrientes de pensamiento. Desde el 11-S las agencias secretas privatizadas de Estados Unidos, y luego de los demás países, son el mayor negocio. La vigilancia da más empleo o subempleo que todo lo demás. Facebook tiene decenas de miles de precarios subcontratados censurando cosas a toda velocidad. Tienen treinta segundos para decidir si eliminan o no una foto o un texto. Para un escritor la realidad es fascinante. Lo malo es tener que vivirla.

¿Sabe dónde nos lleva este mundo cibervanguardista y no sé si utópico o distópico?

De momento estamos esperando a que la inteligencia artificial o seres de otros mundos nos den alguna pista. No vemos futuro.

Mariano Gistaín.
Mariano Gistaín.
José Miguel Marco

¿Cómo definiría a la Zaragoza de la novela? ¿Es tan moderna como parece proponer?

Zaragoza, que tiene una base americana dormida, utilizable en cualquier momento, y un campo de maniobras (gratis) de la OTAN es pieza esencial de la defensa de la Metrópoli y de Occidente. Zaragoza y Aragón son un mundo increíble. Paco Bono lo explica muy bien en su libro “El discreto encanto de la economía aragonesa”. Noticia de hoy: Saica ha comprado una fábrica en Turquía. Hay mucho talento investigando a tope. Tengo en el móvil la frase de Paul Knapp en Heraldo el otro día: “Zaragoza tiene todo para ser feliz, por eso me quedé”. Y si hay dudas, recurrir siempre a Labordeta.

FICHA DEL LIBRO

‘Se busca persona feliz que quiera morir’. Mariano Gistaín. Limbo Errante. Zaragoza, 2019. 253 páginas. [Presentación. Miércoles, 27, a las 19.30, en el Aula Magna del Paraninfo. El autor estará acompañado por sus editores y los periodistas Antón Castro y Roberto Miranda.]

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