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Ocio y Cultura

Antonio Machado, la mirada eterna de la desolada dignidad

Hace ochenta años que falleció, pobre, desolado y derrotado en un pueblo francés, Collioure, a tiro de piedra de una España desventrada. Su mirada, como su tumba, siguen allí desde entonces, lejos y cerca.

Antonio Machado, la mirada eterna de la desolada dignidad.
Antonio Machado, la mirada eterna de la desolada dignidad.

Desde la lejanía del tiempo, Antonio Machado mira al espectador de hoy, de mañana, de siempre. Hace ochenta años que falleció, pobre, desolado y derrotado en un pueblo francés, Collioure, a tiro de piedra de una España desventrada. Su mirada, como su tumba, siguen allí desde entonces, lejos y cerca.

La foto tiene una historia particular, singular: ¿quién la hizo?, ¿dónde?, ¿cuándo? Es difícil saberlo con precisión, pero sí parece aceptado que es la última que se le tomó al poeta en vida, al menos en tierra española, ya que posiblemente se hizo en la localidad gerundense de Port Bou, justo en la frontera con Francia. Su expresión, su semblante macilento, sus ojos refugiados en dos cuevas no dejan lugar a dudas: por su vida y por su ánimo han pasado tres años de Guerra Civil.

Aunque no está totalmente clara la autoría de la foto, hay quien sostiene que la tomó el 27 o 28 de enero de 1939 el periodista y escritor Corpus Barga, amigo de Machado y compañero de fatigas en ese “último viaje” del que hablaba el poeta.

Ese viaje, en el plano material, se convirtió en una penosa travesía para cruzar la frontera española por Port Bou, cuando ya las tropas franquistas estaban a punto de cerrar la pinza y tomar por completo Cataluña.

En realidad, da un poco igual quién y dónde hizo la foto; lo importante es lo que su autor, quizá sin pretenderlo, nos legó: esa imagen de Antonio Machado, un hombre "cívico", un hombre, como él mismo se definió en su 'Retrato', "en el buen sentido de la palabra, bueno", despidiéndose del presente que le ha aplastado.

El hispanista irlandés Ian Gibson, autor de dos libros fundamentales sobre Machado ('Ligero de equipaje', Planeta, y el recientemente publicado 'Los últimos caminos de Antonio Machado', Espasa), afirma que esa foto "simboliza una tragedia, la de un país destrozado, roto".

"Como hispanista, no hay día que no me pregunte qué habría sido de España si no hubiera estallado la Guerra Civil", afirma Gibson, quien es categórico al resaltar que esa foto "simboliza la tragedia de España".

Una tragedia, uno de cuyos símbolos principales (pero no el único) es la huida en pleno invierno, por las montañas pirenaicas, de unos 500.000 ciudadanos, republicanos españoles, en un episodio que en Francia se conoce con la expresión 'La Retirada' (en español), según se indica en la web de la Fundación Antonio Machado de Collioure.

"Antonio Machado es el símbolo del exilio republicano, de esos 500.000 republicanos de 'La Retirada', obligados a dejar su tierra y buscar refugio en Francia, donde fueron acogidos en unas condiciones que no honran a nuestro país", se dice en la citada web.

El periodista y escritor Javier Figuero, un estudioso de la Generación del 98, a la que se adscribe a Machado, escribió hace dos décadas un libro, 'La España de la rabia y de la idea' (Plaza y Janés), cuyo original planteamiento nos permite entender muy bien el pensamiento de aquellos autores.

Así, en este libro podemos leer lo que escribió Machado sobre el concepto de patriotismo en un texto titulado 'Nuestro patriotismo y la marcha de Cádiz', fechado el 2 de mayo de 1908: "Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva solo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o la abandona la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano, no hay patria".

Veinte años después de la publicación de su libro, Figuero afirma que la foto de Machado habla de "indignidad. De un país, el suyo; de sus contemporáneos".

"'Si la guerra viene, porque no está en vuestras manos evitarla, ¿qué será de nosotros los preparados para La Paz?', se preguntaba el poeta en (la revista) ‘Hora de España’ en octubre de 1937... La respuesta la supo en vida, como otros muchos fieles a la República: sufriría la más descarnada indignidad, la de su país, la de sus contemporáneos”, señala Figuero.

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