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Propósitos

Cualquier momento es bueno para hacer un listado de sueños. A partir de hoy disponemos de muchos meses para incumplir las promesas de Año Nuevo.

Todos los momentos son buenos para hacer un listado de sueños.
Todos los momentos son buenos para hacer un listado de sueños.
Heraldo.es

Una vez leí esto en un poema: «Cuando acaba un verano / es el momento cierto en el que empieza un año». Siempre lo he creído, aunque quizás sea una tara de quienes nos dedicamos a la docencia. Las listas de buenos propósitos es mejor hacerlas en la hamaca de la playa apurando los últimos rayos del sol. Las ofertas de los gimnasios nos embaucan estos días más por los excesos de turrón que por tener la sensación de estar pasando una página. Sin embargo, cada 1 de enero me apetece volver sobre un texto de un colaborador de esta sección, hablo del escritor Fernando Sanmartín.

En 2004 publicó ‘Viajes y novelerías’, donde nos habla, entre otras cosas, de los saltos de esquí del día de año nuevo y donde dice: «Es un error dar por hecho que algunos sueños no pueden cumplirse. Aunque se trate de sueños imposibles». Y es que cualquier momento -hasta el del inicio de un año- es bueno para hacer un listado de sueños imposibles.

En este tiempo de rendimientos máximos, de discursos duros, de cadenas perpetuas disfrazadas de eufemismo y de exámenes minuciosos de las conductas privadas tranquiliza mucho saber que disponemos de unos ocho meses para incumplir todos y cada uno de los propósitos del nuevo año. Pese a lo que le digan los agoreros, no se preocupe, no pasa nada. Lo mejor de los sueños es perseguirlos. Cuando a finales de agosto beba esa cerveza en un chiringuito mirando al mar, pídale un boli al camarero y escriba: «Apuntarme al gimnasio, retomar el inglés, ser saltador de esqu텻.

Enrique Cebrián Zazurca es profesor de Derecho constitucional (Unizar).

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