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Ocio y Cultura

Joyería, bisutería, el textil y la cerámica, protagonistas de la XXXV Feria de Artesanía

Un centenar de creadores, más de la mitad aragoneses, participan en la cita, que se cierra el día 9

Hubo un tiempo en el que la Feria de Artesanía Aragonesa estaba dominada por la cerámica. Pero ha pasado. De los 101 estands de este año los ceramistas ocupan 14, superados en número por la entente bisutería-joyería (21) y casi alcanzados por los trabajos en cuero (11). «El problema es que no hay relevo generacional suficiente para los ceramistas», señala Susana Martín, presidenta de la Asociación de Artesanos de Aragón.

El caso es que la feria, que se celebra en la sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza, tiene una oferta amplia y variada en la que destacan, eso sí, las joyas y la bisutería. ¿Están de moda? «Toda la artesanía lo está –añade Martín–. Quizá lo que ocurre es que, en tiempos de crisis económica, a la gente le gusta lucir lo que se compra, más que tenerlo en casa».

Éxito de público en la XXXV edición de la Feria de Artesanía

La feria abrió sus puertas el sábado y ofrece al público miles de artículos a precios muy interesantes. A partir de 20 euros (aunque hay cientos de artículos más baratos) el visitante se puede llevar a casa desde abanicos a navajas, pasando por telas, vidrios, objetos en madera, maquetas o rejas de forja. A la feria acuden hasta artesanos que ya se han retirado, como Luis Albiac, herrero de Caspe, que la recorría ayer felicitándose de que siga viva. «La herrería no se pierde: se sigue la tradición y se moderniza –aseguraba–. No es tan dura como se piensa: hace falta más habilidad que fuerza». Y, para demostrarlo, a la feria ha acudido este año, desde la Jacetania, Gema Bazán.

Hay algunos que son fijos, como Pilar García, de Arteycuero.com, que con solo 17 años ya participó en la primera edición y no se ha perdido ninguna. Trabaja el cuero (su fuerte son las mochilas, con cinco modelos diferentes y precios entre 32 y 70 euros). «Me gusta trabajar y hacer todos los productos que vendo. Pero sigo aprendiendo. En el mundo de la artesanía, si no te formas constantemente te quedas estancado».

Pilar García tiene un taller donde trabajan ya cinco personas. Pero la feria es, también, un escaparate de emprendedores. Lo es María Gracia, joven diseñadora aragonesa que abrió taller en Zaragoza en 2015, tras acabar sus estudios en la Escuela de Artes. El estand de Orión ofrece joyas originales a precios de entre 25 y 150 euros. «Trabajo joyería inspirada en la naturaleza de los lugares donde vivo –señala–. Me inspiro tanto en las plantas del jardín de mi madre como en las cortezas de los árboles del Moncayo». Acude por primera vez a la feria porque «a veces salir del taller es complicado. Por aquí pasa mucha gente, a mí me gusta el trato personal, y hablo mucho con los que recorren la feria y se detienen en mi estand. Necesito conocer su opinión sobre lo que hago».

De parecida opinión es otra debutante, Soledad Franco, sabiñanense nacida en Valencia que lleva poco más de un año dedicada en exclusiva a la bisutería. Viene de la escultura (ha protagonizado numerosas exposiciones individuales y participado en colectivas) y ello le ha dado las claves para incorporar a su trabajo todo tipo de técnicas y materiales, desde la cerámica al cuero, pasando por el pan de oro o las bellotas. Tiene unos pendientes de cuero y cerámica modelada a mano por 20 euros, y también un espectacular collar de porcelana por 250 y que, en realidad, es una miniescultura. «Me gusta que cada pieza sea única, que aunque forme parte de una colección con un estilo determinado no sea igual a ninguna otra –subraya–. El cliente lo agradece».

Y una visita detallada descubre numerosas sorpresas, como el estand de los sevillanos Papeles para Sentir, donde Salvador Fernández y Pilar Rodríguez presentan uno de los productos más originales de la feria: papel realizado a partir de viejos pantalones vaqueros (masculinos, porque son de algodon 100%). Se puede ver ese papel como cubierta de libretas que venden a 12 euros. «Los árabes empleaban ropa usada para hacer papel –relata Salvador Fernández–. Nosotros buscábamos un producto que contara una historia y este lo hace».

Una historia. Recorriendo la feria se descubren cien más.

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