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Antonio Peiró: “Apenas hubo interés en saber quiénes eran las mujeres fusiladas”

El historiador publica ‘Eva en los infiernos’ (Comuniter), una investigación sobre las caídas en los dos bandos, en la Guerra Civil y en la posguerra.

Actualizada 26/02/2018 a las 10:50
El historiador zaragozano Antonio Peiró Arroyo, ante el Paraninfo.Guillermo Mestre

Antonio Peiró Arroyo (Zaragoza, 1958) es uno de los grandes historiadores aragoneses, y de los más activos y trabajadores que recorre los archivos y explora toda suerte de documentos. Domina la Ilustración y los siglos XIX y XX. Tras la reciente publicación de ‘El golpe de Estado del general Palafox’ (Prensas Universitarias de Zaragoza) aparece ahora ‘Eva en los infienos. Mujeres asesinadas en Aragón durante la Guerra Civil y la posguerra’ (Comuniter. Zaragoza, 2018). Aborda los dos bandos: los rebeldes o sublevados, aliados con el general Franco, y los republicanos, vinculados al Gobierno legítimo.

-Tras leer el libro, profuso en estadísticas y cuadros, me bailan un poco las cifras. ¿Cuántas mujeres fueron asesinadas en Aragón en cada bando en la Guerra Civil y en la posguerra?

-No conocemos el número real. Yo he localizado a 594 asesinadas por los rebeldes, y otras 187 que lo fueron por los republicanos, pero seguro que su número fue mayor, porque la información es incompleta y, a veces, contradictoria.

-¿En qué contexto fueron ejecutadas y por qué razones en general?

-La práctica totalidad de los asesinatos tuvieron lugar “en caliente”, durante la guerra, muchos de ellos en los primeros meses. Después de acabada la guerra su número fue muy reducido: menos del 3% de las asesinadas por los rebeldes.

-¿Hubo motivaciones distintas en un bando u otro? Uno de los epígrafes del libro habla de ‘La tipología de los asesinatos’.

-En general, podemos hablar de tres tipos de asesinatos. El primero es el de las “mujeres de acción”, que habían participado en acciones armadas, habían sido encarceladas antes de la guerra por estos hechos, habían participado en asesinatos o protagonizado intentos de fuga. Eran consideradas muy peligrosas.

El segundo grupo es el de las “activistas”, que formaba parte activa de organizaciones políticas o sindicales, intervenían en actos públicos, organizaban manifestaciones o escribían en prensa. Eran consideradas aún más peligrosas que las anteriores, porque eran capaces de organizar la resistencia.

El último grupo es el de las “asesinadas por sustitución”, las que lo fueron cuando sus verdugos iban a buscar a sus padres, a sus hijos o a sus compañeros, y no los encontraban y se las llevaban a ellas. Entre las mujeres asesinadas por los republicanos están ausentes las del primer grupo, pero las activistas y las asesinadas por sustitución se encontraban en ambos grupos.

-¿Dónde fueron más numerosas las caídas, en qué lugares de Aragón?

-En el caso de las asesinadas por los rebeldes, se concentraban en las principales ciudades (las tres capitales y Calatayud) y en Jaca (por su valor simbólico), pero también fueron muy numerosas en el Gállego, en las Cinco Villas y en la Ribera Alta del Ebro. Es decir, en las zonas de la retaguardia más cercana al frente, en el que cualquier protesta o levantamiento popular podía desestabilizarlo. Las asesinadas por los republicanos no tienen un perfil geográfico preciso.

-De manera general, ¿cuál fue la presencia de las mujeres en la contienda? ¿Qué le ha interesado especialmente en sus pesquisas?

-En el campo militar, la presencia fue prácticamente nula. En la retaguardia sí que fueron muy importantes, tanto en el campo de los republicanos como en el de los rebeldes, donde la Sección Femenina puso en marcha el Auxilio de Invierno y se constituyó en una pieza fundamental del apoyo al nuevo régimen. Lo que más me ha llamado la atención ha sido el escaso interés que ha habido en saber quiénes eran estas mujeres, más allá de su nombre. Es sorprendente que, cuando el franquismo puso en marcha la “Causa general”, obtuvo testimonios de primera mano de muchos familiares, pero luego los funcionarios encargados de rellenar los resúmenes alteraron completamente la información: les sumaron años, inventaron o cambiaron las afiliaciones políticas y sindicales, y redujeron su actividad a “sus labores”, cuando una parte significativa de ellas tenía una profesión. Si esto ocurrió con las mujeres que se supone que apoyaban el “Alzamiento”, las otras simplemente fueron ignoradas.

-Llama la atención también la cantidad de mujeres absolutamente ‘inocentes’, es decir sin implicaciones ni militancia, que fueron asesinadas. Cuenta, por ejemplo, el caso de María Fernández de Cava, de Zuera, viuda y católica, de la que se afirma que “nunca había salido de su boca una palabra hablando de República o de Monarquía, ni había votado en su vida”.

-Ninguna de ellas merecía la muerte, pero muchas nunca hubiesen pensado ni siquiera en ser perseguidas. Pocas eran dirigentes importantes, alguna no había votado nunca…

-¿Qué casos lo han conmovido especialmente en los dos bandos? Por su candor, por su crueldad, por la pura mala sangre...

-Aunque parezca mentira, la información sobre las mujeres asesinadas por los rebeldes es mucho más completa, porque algunas de ellas fueron sometidas a consejos de guerra y a otras se les abrieron expedientes de responsabilidades políticas que nos aportan información de interés. Nada de esto ocurrió con las mujeres asesinadas con los republicanos, que conocemos mucho peor.

-Vayamos con algunos ejemplos...

-Una de las biografías que he reconstruido es la de Selina Casas, todavía recordada por los anarquistas españoles 20 años después de su muerte. Era madre de una niña que fue dada en adopción. Muchos años después, su hijo pudo reconstruir su historia y saber quiénes eran sus verdaderos abuelos. Otro caso, impresionante, es el Rosario Calvé y Eulalia Muñoz, fusiladas en mayo de 1943 por haberse dedicado a torturar en Valencia a mujeres de Teruel evacuadas de esa ciudad. Los testimonios de las supervivientes son estremecedores y parecen totalmente ciertos; no hacía falta mentir: los tribunales militares necesitaban mucho menos para dictar una sentencia de muerte.

-Ha hecho una biografía breve de todas las mujeres. ¿Ha sido fácil o le ha exigido un gran esfuerzo, una obra de rastreo?

-No ha sido nada fácil. He tenido que trabajar con varias fuentes a la vez, porque estas son fragmentarias y contradictorias. Quienes anotaban las muertes no se preocupaban por la precisión.

-¿Se suma a la corriente general de defensa de la mujer con este trabajo?

-Conocemos bastante bien lo que ocurrió durante la Guerra Civil y la posguerra a las pocas mujeres que habían descollado en política, pero apenas sabemos nada de lo ocurrido con otras muchas que hoy llamaríamos “de a pie”: que hacían, como vivían, como fueron asesinadas y porqué. Espero que este libro aporte conocimiento sobre ellas.

 

 





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