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Luis Sorando Muzas: "Un recreador es un amante de la historia, no un militarista"

Nacido en Zaragoza en 1961, ha sido elegido presidente de la Asociación Napoleónica Española, que agrupa a 35 grupos de recreadores históricos.

Luis Sorando, con un sombrero militar de su colección.
Luis Sorando, con un sombrero militar de su colección.
Olvier Duch

De pequeño, ¿usted quería ser Napoleón o Palafox?

En realidad, jugaba a los soldaditos y hacía batallitas con ellos.

¿Soldados de plomo?

No, esos eran solo para niños ricos. Los míos eran de Comansi y comprados en el Bazar X.

Así empezó todo.

Bueno, un día vi una exposición en la plaza de Santa Cruz, ‘Soldados en la paz’, y me encantó. Empecé a juntarme con otros chavales todos los viernes para pintar soldaditos. Una mañana fui al rastro, vi un gorro militar como los que pintaba y lo compré. Y me hice coleccionista de objetos militares. A mediados de los ochenta se creó la Asociación Los Sitios, y allí me enamoré de ese periodo de nuestra historia.

¿Y cómo se hizo recreador?

Casi sin buscarlo. En 1999 un librero de La Coruña organizó la recreación de la batalla que se vivió en esa ciudad durante la Guerra de la Independencia, y un amigo, Manuel Baile, mi hijo y yo, nos hicimos unos uniformes y viajamos allí. Fuimos los únicos españoles que participaron en la recreación. Pero gustó mucho y facilitó que enseguida empezaran a surgir grupos de recreadores por todo el país.

Hoy existen en España unos 35 grupos, dos de ellos aragoneses, y más de 600 recreadores de la Guerra de la Independencia. Usted es ahora la cabeza visible.

La Asociación Napoleónica Española nació en el año 2000, y en su creación participó Voluntarios de Aragón, el grupo que fundé y que presido. Buscábamos coordinarnos, fijar unas normas de seguridad para las recreaciones, imponer el rigor histórico en los uniformes...

¿Qué hay de inventado en el uniforme de Voluntarios de Aragón?

Absolutamente nada, aunque algunas cosas las hemos descubierto con el tiempo. Por ejemplo, aunque las fuentes definen como ‘plumero’ lo que llevaban los gorros de los Voluntarios, en realidad solo había plumas en los que llevaban los oficiales. No había para todos y por eso, en el caso de los soldados, el ‘plumero’ era de lana teñida. Los buenos grupos de recreacionistas cambian su uniforme, ajustándolo a la realidad, si descubren detalles como este.

¿Es una afición cara?

El uniforme cuesta unos 600 euros, y el fusil 1.000 más, aunque no todo el mundo va con fusil. Pero te lo pasas muy bien y sales de la rutina diaria.

¿Cuál es la meca de un recreador?

Waterloo. El año del bicentenario (2015) nos juntamos allí más de 5.000 recreadores. Fue impresionante, todavía se me pone la carne de gallina al recordarlo. Éramos tantos, y el público estaba tan alejado, que verdaderamente te creías estar en plena batalla.

Tuvo que ser espectacular... e incluso peligroso.

Dos recreadores murieron de infarto y el que hacía de mariscal Ney se cayó del caballo y se rompió un brazo. Yo, de vuelta en España, tuve que ir a Urgencias porque me dolía el espadazo que me dio un inglés. En nuestro país no hacemos choques tan veristas.

¿Un recreador disfruta solo quemando pólvora?

El mal recreador, sí. El bueno, en realidad, disfruta cuando su uniforme es fiel a la historia hasta en su más mínimo detalle.

Tienen fama de militaristas...

Alguno habrá, como en cualquier otro colectivo amplio, pero un buen recreador es un amante de la historia, no necesariamente un militarista.

No es historiador de carrera pero asesora al Museo del Ejército sobre uniformes y banderas.

Son temas que no se estudian en ninguna universidad y que son muy importantes, porque a veces sirven para fechar un cuadro o para identificar al personaje que aparece en él. Es un terreno muy complejo: llevo 40 años estudiando los uniformes de los Sitios de Zaragoza y todavía no me atrevo a escribir un libro sobre la materia.

¿Por qué este año en Zaragoza no hay recreación de la Guerra de la Independencia?

Las habrá en Jaca, muy grande, en Cadrete o Illueca. En Zaragoza no, porque, aunque hubo voluntad por parte del Ayuntamiento, cuando se quiso empezar a organizarla ya era demasiado tarde.

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