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Literatura

Vida y muerte de Aura Estrada

El escritor norteamericano Francisco Goldmar cuenta en ‘Di su nombre’ la trágica historia de su joven esposa, arrebatada por una ola en México.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 28/01/2013 a las 11:48
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Aura y FranciscoHA

Francisco Goldman (Boston, Estados Unidos, 1954) es hijo de judío norteamericano y de católica guatemalteca. Siempre quiso ser escritor. Durante años se ganó la vida como corresponsal de prensa en Centroamérica: desde allí firmó crónicas de Nicaragua o de Guatemala, que revelaban las injusticias del mundo, para ‘Enquirer’, ‘The New Yorker’ o ‘Harper’s’, entre otros medios. Y de esa experiencia surgió un libro elogiado por doquier: ‘‘El arte del asesinato político. ¿Quién mató al obispo?’. Goldman, profesor de literatura y de periodismo, también es conocido en España como novelista, donde ha publicado novelas como ‘La larga noche de los pollos blancos’, ‘Marinero raso’ o ‘El esposo divino’, inspirado en José Martí. Goldman conoció hacia 2003 a la joven estudiante y escritora mexicana Aura Estrada; tras un apasionado noviazgo se casaron en 2005 en una boda pintoresca, a la que acudieron amigos de mediomundo. Apenas dos años después, durante unas vacaciones en Mazunte, con Francisco y su prima Fabiola, Aura fue sorprendida por una violenta ola que la llevó hacia dentro y le partió el cuello. Al día siguiente, tras un sinfín de incidentes ingratos, fallecía.

Francisco Goldman vivió una experiencia insoportable. Durante seis meses no dejó de beber, solo o con sus amigos; un coche estuvo a punto de matarlo y finalmente, rodeado de sus objetos y de su vestido de boda, decidió rendirle un homenaje: le dedicó uno de esos libros que no se ajustan a ninguna etiqueta: ‘Di su nombre’ (Sexto Piso. Traducción de Roberto Frías), que apareció en 2011 en Estados Unidos y conmovió a muchos lectores y a autores tan exigentes como Richard Ford, Junot Díaz o Colm Tóibín, entre otros.

Francisco Goldman se sumerge en eso que se llama ‘literatura del duelo’: en la línea de ‘El año del pensamiento mágico’ de Joan Didion, ‘Un hombre de palabra’ de Inma Monso, el mismo género que aborda Sergio del Molino en ‘La hora violeta’, que publicará en breve Mondadori. Literatura del dolor, de la memoria, de la exaltación, literatura de la evocación y de la pérdida. De todo ello hay en este libro conmovedor, con ráfagas de humor, que tiene mucho de expiación de una difusa culpa y de encendido elogio de esa “mujer increíble y extraordinaria”. Goldman decide reconstruir la relación con Aura y la propia vida de la joven antes de que él apareciese. Así sabemos qué relación de complicidad y dependencia tuvo con su madre Juanita, cuánto le dolió la desaparición de su padre, la complicada relación que tenía con su amiga Katia. Conocemos sus primeros viajes, su estancia en Cuba, sus primeros veranos, unas vacaciones de amor y besos con jóvenes extranjeros. O asistimos a su fe en las palabras: Aura Estrada era, quiso ser, escritora, amaba la literatura, el lenguaje, amaba a un sinfín de escritores: hizo su tesis doctoral sobre Borges y el eco inglés de su obra, leía con auténtico fervor a autores como Malcolm Lowry, ‘Bajo el volcán’ era unos de sus libros de cabecera y sentía una gran atracción por Juan Carlos Onetti, uno de los últimos libros que leyó fue ‘La vida breve’, pero también por Roberto Bolaño, Vladimir Nabokov, Clarice Lispector, Fabio Morábito o Thomas Bernhard.

Fue un poco rebelde y cruel con algunos jóvenes. Se dejó seducir por algunos escritores. Estudió con Peter Carey y Toni Morrison, y además tenía un espíritu ‘indie’, ese que le llevaba a dejar un montón de ropa sobre la cama o a guarecerse bajo su trenka o a escuchar a Los Smiths. Era sumamente despistada, tomaba el metro casi siempre en dirección contraria y llamaba a Goldman para que la fuese a buscar. Escribía a todas horas: poemas, cuentos, y siempre, desde muy joven, llevó un diario.

Con Goldman viajó, compartieron la pasión por la escritura, por algunos autores, y fue una pareja un tanto desigual pero apasionada: supo reírse, amarse con locura, una pareja que aquí queda perfilada con belleza, con sinceridad y con rabia. Aura Estrada –de la que se publicó, con carácter póstumo un libro de relatos, ‘Mis días en Shangai’, y ahora da nombre a un premio literario para jóvenes- fue un ser de carne y hueso, y aquí se ve. Peso se convirtió en una obsesión, en un fantasma, en un símbolo de desesperación y pérdida. Y en un faro de literatura. La parte final, el accidente, resulta casi apoteósica. Ella le pregunta si va a morir, le dice que no querría irse de ningún modo y pronuncia otra frase que Goldman ni el lector se quitarán de la cabeza: “Quiéreme mucho, mi amor”. Goldman devuelve a su mujer a otra forma de vida: le concede la inmortalidad con las palabras y con su infinito cariño.

Di su nombre’. Francisco Goldman. Traducción de Roberto Frías. Sexto Piso. Barcelona, 2012. 440 páginas. (El libro se presenta esta tarde a las 20.00 en la librería Cálamo).


  • gerardo alberto de león19/07/13 00:00
    Interesante cobertura acerca de la historia de Aura y Francisco, he leído sus dos libros: Di su nombre y ¿Quién mató al obispo?, es también interesante porque Francisco vivió en Guatemala y durante esos años  se dieron muchos sucesos en Guatemala;  Francisco emitió comentarios en torno a la CICIG en Guatemala, de su comisionado Castresana, además es citado en un artículo de David Grann en el The New Yorker en torno al caso Rosenberg, la historia de una pasión desenfrenada y tortuosa, que fue muy mal manejada en Guatemala.


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