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HERALDO ABIERTO

"Toda una vida trabajando y ahora me desahucian sin ningún reparo"

Esperanza Pueyo lleva 29 años al frente de la cafetería del Teatro Principal de Zaragoza. Un restaurante ocupará ahora su lugar, dejándola sin empleo.

Esperanza Pueyo, como cada día, en la cafetería del teatro.
"Toda una vida trabajando y ahora me desahucian sin ningún reparo"
ESTHER CASAS

Si no hay marcha atrás, este viernes, en el pleno municipal del Ayuntamiento de Zaragoza se debatirá el inicio del expediente que le costará el puesto de trabajo a Esperanza Pueyo, actual responsable de la explotación de la antigua bombonería y la cafetería del Teatro Principal de Zaragoza.

El Consistorio ha decidido sustituir la cafetería por un restaurante, el cual será gestionado por El Cachirulo. El pasado viernes, la Comisión de Cultura aprobó declarar la extinción del negocio de Esperanza Pueyo. "He aportado toda la documentación necesaria para poder seguir trabajando, pero el Ayuntamiento se escuda en que es anterior al año 1985", se defiende ella.

A sus 55 años, se enfrenta a una situación muy difícil, ya que, probablemente, se irá al paro en breve. En función de lo que se apruebe en el pleno municipal y con la vía judicial como único recurso, el telón se cierne sobre Esperanza, una mujer vinculada a este teatro prácticamente desde que nació.

El fin de una saga

En 1945, Victoriana, su madre, acudió con su marido a una función en el Teatro Principal. Allí, conversando con la señora que entonces regentaba la bombonería, surgió la posibilidad de hacerse con el traspaso del negocio. Victoriana era una mujer emprendedora y avanzada para aquella época. Se hizo cargo del puesto hasta que, en 1981, su hija Esperanza tomó el relevo al frente del mismo y también de la cafetería.

Lleva 29 años dando servicio no solo en los entreactos de las funciones teatrales, sino también en diferentes citas que tienen lugar en el Teatro Principal, como ruedas de prensa, inauguraciones, presentaciones... Una vida laboral desarrollada por completo en este emblemático edificio zaragozano. Por ello, Esperanza afirma que no comprende la forma en que todo ha terminado y cómo ha sido tratada. "Solo pido un poco de dignidad, que se hubiera abordado el tema con respeto, dialogando. Sin embargo, el proceso ha sido todo lo contrario", comenta.

Este drama personal salió a escena a comienzos de año durante una rueda de prensa, cuando el consejero de Grandes Proyectos, Jerónimo Blasco, anunció la futura implantación de un restaurante en el interior del Principal. Para Esperanza, fue un duro golpe oír aquello en persona, mientras estaba trabajando.

"Lo que más daño me ha hecho es la falta de tacto, las malas formas. Ni siquiera me han dado la oportunidad de defenderme", se lamenta

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