Despliega el menú
Ocio y Cultura
Suscríbete

GALARDÓN

El hipopótamo hipocondríaco, dedicatorias y otras crocletas

Fernando Lalana ¿improvisó¿ un monólogo casi teatral en la recepción del premio cervantes chico en Alcalá.

Lalana con el Cervantes Chico, ante la princesa Letizia y la ministra González Sinde.
El hipopótamo hipocondríaco, dedicatorias y otras crocletas
J. CEBOLLADA

Supongo que muchos de ustedes se preguntarán lo mismo que me han preguntado casi todos los periodistas en los últimos días: ¿Qué se siente al recibir el Premio Cervantes Chico? (...) debo admitir que, en mi caso, he pasado por un período de cierta angustia; incluso, de pánico. Reconozco que soy bastante hipocondríaco... (se dirige a los niños presentes en el teatro) ¿vosotros sabéis qué significa “hipocondríaco” (los niños responden “no”). Pues lo miráis en el diccionario, que ahora no tenemos tiempo. Es fácil: está justo antes de “hipopótamo”, que es una palabra muy, muy gorda y que se localiza enseguida.

(Volviendo al público general) Como les iba diciendo, yo soy muy hipocondríaco. Así, cuando don Paco, el Concejal de Educación de aquí, de Alcalá de Henares, me llamó para comunicarme la noticia (...) llegué a una conclusión inevitable: Me estoy muriendo (...) y ahora empieza la época de los homenajes y los premios que se dan a esa gente que todo el mundo sabe que la van a palmar en breve plazo. Naturalmente, hice lo que habría hecho cualquier persona sensata: Correr a hacerme unos análisis completos; que, casualmente, llevo aquí...

(Lalana saca un sobre con los análisis y los consulta) ...y, vaya, no es por presumir, pero me han salido como los de un chaval. Como los de un chaval de cincuenta años, quiero decir: El colesterol, bien... los triglicéridos en su sitio... el ácido úrico, bajito... En realidad lo del ácido úrico no tiene mérito. (...) el ácido úrico sube de comer mucho marisco y, claro, los escritores... marisco... comemos poco, no sé si me explico. (Vuelve a consultar los análisis) En cambio, la velocidad de sedimentación la veo algo alta. (A los palcos, donde se concentran los adultos) Por favor: ¿Hay algún médico en la sala? Es por si fuera posible, luego, durante el tiempo de la croqueta, comentar los resultados... (...) (Pausa. Algo apurado) Bueno... decía lo de la croqueta suponiendo que después de esto nos van a invitar a todos a una croqueta y un agua de Vichy, o algo... que, a lo mejor no hay nada de eso y acabo de meter la pata (En efecto, no hubo aperitivo posterior. Lalana aparenta zozobra) En fin, mejor, olvidamos lo dicho...

(Se dirige a los niños) (...) A ver, vosotros, los del diploma: ¿Cómo se dice? ¿Cocreta o cocleta? ¿O Crocleta? ¿Eh? Ya veo: ni idea. Bien, pues ya que tenéis que consultar el diccionario para lo del hipopótamo hipocondríaco, miráis esto también, ¿vale? Que, además, es mucho más útil, porque no creo que tengáis que tratar mucho con hipopótamos en vuestra vida y, en cambio, uno nunca sabe cuándo va a tener que entrar con urgencia a un bar de guardia para pedir una ración de cocletas. De cocletas... o como se diga. ¡Que no quiero dar pistas! (Pausa) No os veo muy convencidos, ¿eh?

Mirad, vamos a hacer una cosa: Ya sabéis que me acaban de dar el Premio Cervantes Chico, así que me voy a convertir en alguien famoso e influyente, como... como don Emilio Botín, o Belén Esteban. De modo que voy a intentar convencer a vuestros profes de que, a quienes llevéis hechas estas tareas, os suban medio punto en Geografía. ¿Vale? No os prometo nada, pero lo voy a intentar. (Una pausa. Lalana, perplejo) ¿Qué he dicho? ¿Geografía? ¡Ay, madre...! Esto son los nervios. (A los niños) Quería decir que intentaré que os suban medio punto... ¡en Sociales! (Al público mayor) Sí, porque ahora la Geografía ya no se llama Geografía. Se llama “Sociales”. ¿Sabían ustedes eso? Y, mira, es un buen ejemplo de hasta qué punto la Lengua Española es algo vivo, dinámico, en constante evolución.

Geografía y Sociales

Cuando yo era pequeño, la Geografía se llamaba Geografía; y resulta que, con (...) los años, el hablar descuidado de las gentes ha ido transformando, de modo natural el término “Geografía” en “Sociales” ¿Veis? (silabea y gesticula) De Geo.. gra... fía... a So... cia... les. ¿Lo veis o no? Yo, es que, como soy de ciencias, no lo veo; pero, vaya, tiene que ser así. (Tajante) Bueno, lo que tengo claro es que en mis tiempos, no había Sociales. (Pausa) Perdón: sí que había sociales. Lo que pasa, es que eran otra cosa. La gente de mi edad lo recordará: los sociales eran unos policías muy raros, que iban de paisano y que... por ejemplo, cuando yo iba a la Universidad, aparecían por los pasillos y se te acercaban disimulando, leyendo el Marca y tal... y se ponían a escuchar lo que decías. Y, si lo que decías no les gustaba, ¡te llevaban a Comisaría!

Pero, vamos, por cualquier tontería; te oían hablar de... no sé... de que tenías un plan para dinamitar el palacio del Pardo... ¡y ya te querían llevar a la cárcel! Menos mal que España ha cambiado, y todo esto ha desaparecido. Y yo me alegro, sobre todo, por ellos, por los policías sociales.

Porque, claro, si no hubieran desaparecido, ahora ya no serían sociales. Ahora serían policías... (inquiere a los niños) ¿Cómo serían? ¡Claro! Serían policías... ¡geográficos! ¡En efecto! Por la evolución inversa del lenguaje. Y daos cuenta del papelón que tendrían, porque... ¿a qué se puede dedicar un policía geográfico? ¿A detener a las cordilleras y a los cabos y a los golfos?

(Perplejo) Claro que... ahora que lo pienso, justamente a eso se dedica siempre la policía, ¿no? A meter en la cárcel a los golfos. Lo que pasa es que meter en la cárcel al Golfo Pérsico o al Golfo de Vizcaya tiene que ser dificilísimo.

Y, por otro lado, a quienes deberían meter en la cárcel es a los cabos. Yo, que me dedico a escribir novelas de intriga sé perfectamente que no se deben dejar cabos sueltos. Así que, por mí, todos los cabos deberían estar entre rejas. Porque, además, a los cabos les ocurre lo mismo que al lenguaje: que evolucionan. Y, de cabos, pasan a sargentos y, luego, a capitanes... y cuando llegan a teniente coronel ¡bueno...! te pueden montar un San Quintín por menos de nada. ¿Y con los estrechos? ¿Qué hacemos con los estrechos? ¿También los encarcelamos? (Se detiene, exhausto) La verdad, creo que me he metido en un jardín del que no sé salir, así que lo mejor será cortar aquí e ir directamente a la parte final de este discurso, o lo que sea.

Alla vá la despedida

Y la parte final tiene dos secciones: Sección A: Agradecimientos. Sección B: Dedicatorias.

Sección A: Mi primer agradecimiento, a riesgo de saltarme el protocolo, tiene que ser para vosotros (señala a los niños), los del diploma. Y también para vuestros compañeros, que no han tenido la suerte de estar aquí. Y para vuestros profesores (...) Mi segundo agradecimiento es, por supuesto, para la princesa de Asturias; y para la ministra y el resto de autoridades que nos acompañan. (...) Sentirnos de vez en cuando respaldados por las altas instancias del Estado, como hoy por la Casa Real en la persona de la Princesa de Asturias, es algo que [quienes luchamos por conseguir un país más lector] valoramos enormemente. Gracias por ello. (A los niños, de nuevo) Y, además, le tenemos que agradecer a la princesa que haya venido desde tan lejos. Porque (...) Asturias está lejísimos. ¡Y no hay AVE! Que yo no sé cómo habrá venido la princesa, pero sea como sea, seguro que ha tenido que madrugar muchísimo para estar aquí a esta hora. (Susurra) Bueno, que igual ha venido en reactor...

(Vuelve al tono normal) El resto de mi agradecimiento es para el jurado del premio, algunos de cuyos miembros se encuentran en esta sala, y, por supuesto, para las dos instituciones que convocan y apoyan el Premio Cervantes Chico desde hace ya catorce años: Por una parte, el ayuntamiento de Alcalá, representado aquí por don Bartolomé, su alcalde. Por otro, la Asociación de Libreros complutenses, con don Manuel, su presidente, a la cabeza. (...)

Y pasamos a la última sección: dedicatorias. Sé que entre el público se encuentra Marinella Terzi, excelente editora (...) Premio Cervantes Chico desde hace ya algunos años. En su persona, querría dedicar una parte de este premio a miseditores.

Y, por fin, claro, la dedicatoria habitual: a la familia. Me ha acompañado aquí mi madre, que (...) además, se llama Leonor, que es un nombre que a mí siempre me ha gustado y veo con agrado que vuelve a ponerse de moda (guiño a la princesa).

Mi padre, sin embargo, no se ha animado a venir hasta aquí. A cambio, me he traído a mi suegra. Aunque estadísticamente resulte raro, mi suegra y yo nos llevamos francamente bien. Y, por supuesto, la principal dedicatoria tiene que ser para la que fue mi última novia, que tuvo la ocurrencia de casarse conmigo hace casi veintitrés años. Se llama Marta. Discutimos con frecuencia pero, a estas alturas, estos premios son para los dos. Y, por descontado, para nuestras hijas: la mayor, María, y la pequeña, Isabel, que ahora está muy lejos y a la que echamos mucho de menos.

Hay una última cosa... de manera coyuntural, tenemos ahora en casa a una estudiante finlandesa de intercambio. Johanna, se llama. Me he dado cuenta de que sus intenciones y las mías coinciden en gran medida. Ambos intentamos llegar a dominar en lo posible la lengua española.

Ella me da mucha envidia pues veo cómo progresa en ese objetivo día a día; y yo, en cambio... no sé qué me pasa con el español, que llevo unos años como... como atascado. Vamos, que ya no avanzo. No sé si a ustedes les ocurre lo mismo con los idiomas. Parece que siempre hay un punto que no es fácil de superar. (...) Si quieres dar el paso definitivo y dominar de verdad una lengua, tienes que tomar una decisión drástica, como la que tomó Johanna viniendo a vivir a España durante todo un año.

Pues bien, yo también he tomado una decisión drástica: Mañana mismo voy a telefonear a don Mario Vargas Llosa para pedirle que me acepte en su casa como estudiante de intercambio durante unos meses... ¡a ver si así consigo aprender a escribir en castellano como Dios manda, de una condenada vez!

Etiquetas