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ENTREVISTA

Ángela Cenarro: "Casi todos los niños tienen recuerdos dolorosos de la disciplina y los rezos"

La profesora de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Zaragoza presenta esta tarde, en la FNAC, su libro 'Los niños del Auxilio Social', publicado por Espasa.

Ángela estará en la FNAC con Alicia Alted y Alicia Escamilla.
Ángela Cenarro: "Casi todos los niños tienen recuerdos dolorosos de la disciplina y los rezos"
R. G.

De entrada, 'Los niños del Auxilio Social', parece una prolongación de su libro anterior...

Es una especie de continuación lógica o natural, para entrar en terrenos que no abordaba el anterior. En 'La sonrisa de Falange' intenté dar a conocer los orígenes y la evolución en los años cuarenta del Auxilio Social de Falange, la principal institución asistencial del régimen de Franco. Estudié el contexto en el que surgió, a sus creadores (dos falangistas de Valladolid, Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, y Javier Martínez de Bedoya, que se casaron en 1939), los proyectos que diseñó el equipo de profesionales que les rodeaban, así como sus avatares a lo largo de la guerra y en la posguerra. Y aquí ya recurrí a las fuentes orales.

 

¿Qué pasó tras la aparición del aquel volumen?

Afortunadamente, el libro tuvo cierto eco entre las personas que habían pasado por esta experiencia en su infancia. Todas se mostraron muy dispuestas a contarme su experiencia. La primera persona a la que entrevisté la conocí en una presentación que hice del libro en el barrio de Torrero. Luego llegaron las cartas. Una anónima, fechada en Huesca, y otra, muy larga, casi unas memorias, de un abogado madrileño, que se brindaba a contarme su historia.

 

¿Cómo funcionaba el Auxilio Social?

Al principio, fue concebido como una obra temporal, limitada a la coyuntura bélica, y su principal cometido fue repartir comidas en frío, organizar comedores y asistir a los refugiados de guerra. Colaboraron en el retorno de los niños evacuados al extranjero o en las colonias infantiles republicanas. También, lógicamente, en repartir comidas a la población hambrienta a medida que el ejército de Franco iba ocupando territorios de la República, algo que tenía un gran impacto desde el punto de vista de la propaganda.

 

¿Que presencia tuvo en Aragón?

Aparte de comedores en localidades diversas, existieron el Hogar Escolar José Antonio, en Zaragoza; el Hogar Marina Moreno de La Almunia, para niñas, y el Hogar de Lapuyade, también en Zaragoza, que gestionaban las monjas de la orden de María Inmaculada para el Servicio Doméstico.

 

Habla usted mucho de la obsesión religiosa y de la disciplina marcial. ¿Fueron así de duros?

La obsesión religiosa fue tremenda. La presencia de asesores religiosos en Auxilio Social (como Pedro Cantero Cuadrado, asesor nacional desde 1940) garantizaba la presencia de contenidos católicos en la educación, en las consignas, y en la organización de la vida cotidiana, a base de rezos, misas y ejercicios espirituales. La disciplina de tipo paramilitar estaba en manos de los instructores de Falange. El trato que prodigaba a los niños era brutal. Casi todos tienen recuerdos muy dolorosos sobre las marchas, las siestas bajo el sol implacable del verano, obligados a permanecer inmóviles durante horas; o las flexiones inacabables como castigo. También solían vestir con uniforme de Falange para salir a pasear por el pueblo o para visitar a sus padres encarcelados.

 

Es muy sorprendente la historia de Carlos Giménez y su serie de 'Paracuellos'

La serie de cómics 'Paracuellos' ha sido todo un ejercicio de "memoria" porque las historias que se cuentan en ellos están basadas en las experiencias que él mismo y sus compañeros pasaron en este y otros hogares madrileños. Su lectura por parte de otros niños de Auxilio Social ha generado una rápida identificación con los personajes. Ha contribuido así a crear algo parecido a una "memoria colectiva" de los niños de Auxilio Social.

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