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Visita al Clínico, una paella y frutas de Aragón

Durante los tres días que Michael Jackson estuvo en Zaragoza en 1996, el cantante revolucionó la ciudad y a sus seguidores

Unos días antes de venir a Zaragoza, Jackson me invitó a Praga para conocernos, y en su limusina, sin dejar de hacerme bromas, me preguntó si habría ocasión de que lo recibiera el Rey de España, porque él era el rey del pop". Así recuerda Juan Bolea, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza en 1996, su primer encuentro con el archiconocido cantante.

 

Jackson no tuvo ocasión de saludar al Rey, aunque sí mantuvo un encuentro con su hija menor, la infanta Cristina, quien acompañada de su prima Alexia de Grecia, le visitó en el camerino antes del concierto en la Romareda, el 24 de septiembre de 1996.

 

Miles de personas se agolparon a las puertas del hotel Boston el día de su llegada. Vestido con una casaca militar y unos gruesos calcetines, el cantante, siempre preocupado por el sol, protegió su rostro con un paraguas blanco y se montó en una limusina.

 

"La llegada al hotel fue impresionante. Había miles de personas esperándolo, nunca habíamos visto nada parecido y eso que ya nos lo había avisado su jefe de seguridad, Wayne Nagin", recuerda Jaime Gutiérrez, director comercial del hotel Boston.

 

Nada más llegar a la suite 223 y, sin tiempo para ver la pista de baile portátil que le habían instalado en la habitación, el cantante se subió a un sofá, "con zapatos y todo" y se asomó a la ventana. "Lanzó un cojín firmado por él, pero, como no veía bien a la gente, pidió subir a la azotea, donde literalmente se colgó", recuerda Gutiérrez.

 

Mientras el 'chico travieso' hacía una de las suyas, su corte de acompañantes, más de 300 personas entre asistentes, seguridad, cocineros, masajistas, hermanos y primos, iban ocupando otras habitaciones del hotel.

 

Aquella misma tarde, el cantante decidió que quería visitar un centro comercial. "Realmente no tenía ni idea de Zaragoza, ni ningún interés en ver monumentos, iglesias o lugares singulares. Quería ir a comprar discos y libros", recuerda Bolea.

 

En el centro comercial Augusta rodeado de cientos de seguidores, se dirigió directamente a la zona de discos. "Empezó a buscar cosas, pero se puso muy nervioso y quiso irse, aunque antes aceptó como regalo el disco de la Macarena", apunta Javier Salinas, director del hipermercado Carrefour Augusta.

 

Un poco más tranquilo entró a Goa Discos, una tienda especializada, donde adquirió varios títulos de James Brown. De vuelta al hotel, su cocinera sudafricana le preparó un par de ensaladas y un filete. Un menú frugal que repitió durante el día del concierto.

Famosos en la Romareda

Tres minutos tardó en llegar al estadio de la Romareda y en entrar a los camerinos donde le esperaban la Infanta y otras autoridades. El resto de famosos que acudieron al único concierto de la gira 'World History Tour' que ofreció en Europa Occidental, se quedaron con las ganas de verlo, salvo Joaquín Cortés, quien estuvo con él en el hotel.

 

"Penélope (Cruz) estaba como loca por ir al concierto y le dimos la sorpresa de colocarla en un palco sensacional. Vino con Goya Toledo y Javier Gurruchaga, y ella siempre recuerda esa noche como una de las mejores de su vida", indica Luis Alegre.

 

Los ecos de la última canción todavía resonaban en la Romareda cuando el coche de Jackson llegó a la puerta del Boston. Apenas tres minutos de trayecto que a punto estuvieron de provocar un problema. "Jackson había pedido que nada más terminar el concierto quería cenar una paella. Pero se la subimos cinco minutos más tarde de lo previsto porque no creíamos que iba a llegar tan pronto. No dijo nada del retraso. Se la comió en compañía de otro miembro de la nobleza, Beatriz de Hadenberg", indica Gutiérrez.

 

El cantante no quiso participar en la fiesta que se organizó en el hotel pero, al día siguiente, visitó la planta de Pediatría del Clínico. Allí Pilar Arrabal, trabajadora del hospital y fan suya le recibió con un enorme centro de frutas de Aragón y un reloj con forma de castillo Disney, que hizo Miguel Ángel, informático del centro. "Fue una visita entrañable, en el hospital estuvo muy atento y mantuvo todo el rato la sonrisa", recuerda María Jesús Asensio, del hospital Clínico.

 

Una sonrisa cara de ver porque, aunque los que le trataron coinciden en que era "simpático, divertido y travieso", la mascarilla que lució durante casi toda su visita impidió a los fans contemplar su gesto sonriente y sus dientes blancos.

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