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SALAS DE CONCIERTOS

La Oasis y la Bass Space, clausuradas en los últimos meses por irregularidades

>> La Casa del Loco, la Reset y el Arena Rock siguen programando música en vivo >> La Arrebato, la Lata de Bombillas y la Campana de los Perdidos son tres ejemplos muy dispares de apuestas independientes

La Oasis y la Bass Space, clausuradas en los últimos meses por irregularidades
La Oasis y la Bass Space, clausuradas en los últimos meses por irregularidades
COLECTIVO ANGUILA

Este verano, la sala Bass Space cerraba sus puertas por inviabilidad económica. Detrás de esa justificación, enviada por escrito a los medios, se hallaba el descuadre contable derivado de multas por una filtración de sonido, que generó las correspondientes denuncias vecinales. La Bass había apostado por una línea ‘petarda’ de actuaciones a medio camino entre la fiesta electrónica, la opereta bufa y el cabaret: Ojete Calor, el combo del dibujante y actor cómico Kärlos, es un ejemplo. Eso no fue óbice para que aparecieran en su coqueto escenario bandas del calibre de los veteranos y célebres Skatalites, los intensos Delorean o la banda electrónica belga Vive la Fête, un dechado de elegancia.

Lo de la Oasis sigue caliente. Hace tan solo tres semanas que se echó el cierre de la sala más emblemática de la ciudad, por incumplimientos reiterados de medidas de seguridad, y tras varios avisos de cierre. La Casa del Loco y la Multiusos han recogido algunas de las actividades ya pautadas en esta sala, mientras se resuelve el actual contencioso. Por el café teatro de la calle Boggiero pasaron en los últimos doce meses Wilco, Marah con Nick Hornby, Marc Almond y, la noche previa al cerrojazo, la banda británica de música banghra Asian Dub Foundation, en uno de los directos más impactantes que ha albergado la sala.

La Campana de los Perdidos es otro recinto clásico que ha pasado serias dificultades para continuar su singladura salmonera en la celebración de conciertos. De reducidísimas dimensiones, su valor romántico atrae a los hidalgos de la canción de autor y la ‘performance’. En 1989 solicitó, sin éxito, la licencia para convertirse en una sala de conciertos con todas las de la ley. Al estar en zona saturada, no se le permitió la ampliación de licencia durante años, y finalmente, en 2004, se le prohibió hacer conciertos. Su propietario, José Ángel Rodicio, inició una huelga de hambre que duró nueve días. El episodio tuvo un final feliz porque el primer teniente de alcalde, Carlos Pérez Anadón, garantizó a La Campana que podría reemprender su actividad en virtud de su vocación de interés cultural. “Se plantea es una reforma para que los locales que tienen una vocación cultural, es decir, que no son sólo bares de copas, puedan obtener la licencia que necesitan a pesar de que estén ubicados en lo que se conocen como zonas saturadas”, dijo.

De los que quedan en pie, La Casa del Loco es la que presenta una actividad más fija, junto a la siempre pujante Arrebato. La Lata de Bombillas es el bastión de los ‘indies’ y el Arena un reducto de los incondicionales del rock clásico. La Reset combina los conciertos de punk, ska, metal y ritmos mestizos con su programación de DJ, la sala Z es rock al cien por cien, la Ozono abre la puerta al hip hop y enclaves plurales como El Zorro o el Juan_Sebastián Bar se abren tambien a los acústicos.


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