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CÓMIC

Regino Bernad, un dibujante aragonés que logró colarse en las aventuras de Astérix

El autor, nacido en Zaragoza en 1902, dio vida a "Cheri-Bibi", un tebeo muy popular en la Francia de los cincuenta.

¿Quién fue Regino Bernad? Aunque quizás hoy a ningún aragonés le suene su nombre, este zaragozano, nacido en 1902, fue el dibujante de una de las tiras de cómic más populares de Francia a mediados del siglo XX. La fama de su tebeo "Cheri-Bibi" fue tal que un álbum de Astérix contiene una referencia a su obra, e incluso François Mitterrand, presidente de la República Francesa, llegó a mencionarlo como su historieta favorita.

A mediados del siglo pasado, el periódico "France Soir" era uno de los rotativos más prósperos de Francia. En 1961, por ejemplo, alcanzó unas ventas medias de más de 1.100.000 ejemplares diarios. En aquella época dorada -"France Soir" entró en declive en los años 70-, Regino Bernad era uno de los autores que contribuían al éxito del diario, que dedicaba su contraportada entera a las "bandes desinées" (tiras de cómic).

La andadura de Bernad en el mundo de la historieta acabó en 1967, y murió totalmente olvidado pocos años después. En España no había referencias a él, hasta que la inquietud de un ingeniero zaragozano sacó a la luz un curioso homenaje.

Raúl Minchinela, autor del blog "No recomendable", releía el álbum "Astérix y Cleopatra" (publicado por primera vez en 1965), prestando atención a los "guiños" que introdujo su guionista, René Goscinny, cuando encontró una ilustración que remitía a "France Soir" y en la que aparecían unas viñetas.

"Como sé que Goscinny era meticuloso en todo, me pregunté a quiénes se refería allí", explica Minchinela. Rastreando por Internet, encontró la respuesta: el creador del héroe galo hacía alusión a "Cheri-Bibi", cómic salido de los lápices de un aragonés, Regino Bernad.

La tira "Cheri-Bibi" era una adaptación de la novela homónima de Gaston Lerroux -el creador de "El fantasma de la ópera"-, en la que Bernad ponía las imágenes a los textos de Alfred Gaston Lerroux, hijo del escritor.

La historia era un folletín muy del gusto de la época. Cheri-Bibi es el apodo de un joven dotado de una fuerza extraordinaria, que resulta acusado de un crimen que no cometió. El héroe es encarcelado y, tras fugarse, cambia su rostro mediante la cirugía. La fatalidad querrá que su nueva cara sea igual que la del verdadero asesino.

Un autor popular

Regino Bernad empezó a dar vida a esta rocambolesca historia en 1951. Según una anécdota recogida por Alain Beyrand, autor de una pequeña biografía sobre el dibujante, dos años después de su debut, Bernad decidió dejar la serie por fatiga. Entonces, el dibujante Foz tomó el relevo de "Cheri-Bibi", llegando a crear 154 tiras. Pero el público echaba de menos el peculiar estilo del zaragozano, e inundó de cartas el "France Soir" pidiendo su vuelta. Bernad retomó la serie y, afianzado, la continuó sin descanso durante 14 años.

¿Qué tenían sus diseños para atraer tanto? Además de un claro toque cómico, su característica más acentuada era que los personajes se salían del cuadro de la viñeta. "Es una autor que a fecha de hoy sería muy moderno estéticamente. Su grafismo es parecido al que se hace ahora en Estados Unidos", observa Minchinela.

La modernidad de Bernad es algo en lo que coinciden los (pocos) que conocen su trayectoria. Para Gilles Ratier, crítico de cómic francés, "sus diseños debían de ser muy modernos en aquel momento y el estilo de algunos autores en boga hoy día, como Joann Sfar o Dupuy y Barberian, no se aleja mucho del suyo".

Julio Ribera, un español que también dibujó para el "France Soir", todavía recuerda la impresión que le causaban las viñetas de Bernad. "Llamaban la atención, y eso no era fácil en una página llena de grandes autores. Sus ilustraciones tenían una personalidad muy fuerte", señala.

Ribera, instalado en Francia desde 1954 y todavía en activo, tuvo la oportunidad de conocer a su admirado autor en los pasillos de la redacción del periódico. Tan apenas cruzaron unas palabras de presentación, en francés, un idioma que Bernad hablaba sin acento. Hasta ahora, muchos años después, Ribera no ha sabido que eran compatriotas.

Según su biógrafo, Bernad solo regresó a España en contadas ocasiones, y llegó a considerarse prisionero de su trabajo. "Quizás para evadirse -apunta Beyrand-, hizo que sus personajes atravesaran el límite de las viñetas".

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