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ARTE

La apertura excepcional este verano no anima las ventas de las galerías de Zaragoza

Los responsables de las salas se quejan de que la Expo no ha propiciado el aumento de clientes que se esperaba.

Las galerías de arte de Zaragoza están viviendo un verano excepcional y con sabor agridulce. Excepcional, porque por primera vez las salas que forman parte de la AGACA (Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de Aragón) no han colgado estos meses el cartel de "cerrado por vacaciones", atendiendo a una petición de la DGA, que subvencionó los gastos que esta iniciativa ha originado. Y con sabor agridulce porque, a pesar de que esperaban un "llenazo" en la ciudad que les beneficiara, el llamado "efecto Expo" no se han cumplido.

"Hemos hecho una programación con una calidad muy alta y la respuesta del público ha sido prácticamente inexistente", se lamenta, resignado, Julio Álvarez, presidente de AGACA y director de la galería Spectrum Sotos. "Abrimos cada día y es desolador ver que solo vienen dos o tres personas a ver la exposición". Ni siquiera las galerías situadas en pleno corazón turístico de la ciudad, como la de Pilar Ginés, en el pasaje del Ciclón y a escasos metros de la plaza del Pilar, han visto aumentar sus visitas y clientes. "Al principio del verano se notaron más visitas de extranjeros, tal vez atraídos por un nombre internacional -en junio y julio ella expuso esculturas de Lorenzo Quinn-, pero en el último mes solo vienen los clientes habituales y algún turista perdido", asegura la galerista.

De forma más positiva valoran el verano desde la galería Zaragoza Gráfica, encargada de comisariar la retrospectiva de Víctor Mira en el Pabellón de las Artes de la Expo. "Han venido extranjeros, muchos galeristas. Han sido semanas de un trabajo interesante y agotador", señala Pepe Navarro, que tras cerrar esta etapa del verano se tomará vacaciones.

La Expo, coinciden todos, ha copado el tiempo que los turistas dedican a su estancia en Zaragoza y, cuando tienen más tiempo, lo dedican a conocer las atracciones turísticas de la ciudad o a la gastronomía local.

La parte positiva de este escaso "efecto Expo" que aprecian es que se ha abierto, por primera vez en una década de existencia de AGACA, una vía de colaboración con la DGA. Algo que, según la galerista Carmen Terreros, "es muy destacable e importante para mantener la ya bastante compleja situación de la galerías de arte". Una colaboración, que, según cree el presidente de la asociación, seguirá dando frutos en el futuro cercano.

La supervivencia de estos negocios es ajustada, y como recuerda Julio Álvarez, en los treinta años que él lleva al frente de Spectrum, ha visto cómo más de una veintena de compañeros tenían que echar el cierre a sus galerías. "Somos dinamizadores de la cultura, y nos encanta que la gente venga a ver las exposiciones aunque no tenga idea de comprar ninguna pieza, pero no hay que olvidar que vivimos de las ventas". Así, muchos combinan sus salas con otros negocios: estudios de arquitectura y decoración, escuela de fotografía, tienda de marcos... Los que aún se aventuran a abrir una nueva galería, como Susana Vacas, de La Libreta de los Dibujos, inaugurada el pasado otoño, se dan "con un canto en los dientes" con que la gente "venga, le guste lo que expones, incluso que compre alguna pieza y eso nos sirva para mantenernos".

Y es que Zaragoza es una plaza difícil, ya que quienes se plantean el arte como inversión buscan "grandes nombres" y las galerías zaragozanas "no venden Picassos o Dalís", están dedicadas a un "mercado intermedio", como explica la también galerista Cristina Marín. Sin embargo, creen que la clave de su éxito pasa por cultivar el gusto por la creación y que se destierre la idea de que "el arte es para la elite". En estas galerías se pueden comprar piezas por unos 200 o 300 euros, lo mismo que puede costar una lámina enmarcada o un cuadro comprado en una tienda de decoración. "Por unos 60 euros se puede adquirir un dibujo. Vamos, lo mismo que tú y que yo nos gastamos en una cena o en unos zapatos", opina Susana Vacas. "La diferencia es que una cosa se vé como un lujo y las otras, como una necesidad. Eso es lo que tiene que cambiar para que el mercado del arte vaya mejor".

Eso, y la creación de colecciones privadas y públicas de arte contemporáneo, cuya existencia echa en falta el presidente de AGACA, que espera como agua de mayo la puesta en marcha del CaixaForum que la Fundación la Caixa tiene previsto construir junto al Portillo.

Optimismo y proyectos

Aunque la situación del mercado del arte en Zaragoza no es boyante, los galeristas no pierden el optimismo. Sienten más que nunca que "la unión hace la fuerza" y han decidido que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña. La asociación estudia la idea de crear una carpa para una exposición colectiva en el centro de la ciudad, o una feria de arte contemporáneo en la que participen todos los galeristas. Les gustaría también importar la idea de las "noches blancas" que con tanto éxito se vienen haciendo en capitales europeas y españolas, y que consiste en abrir las galerías, museos, teatros, etcétera. durante una noche para meter en los ciudadanos el gusanillo del arte.

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