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Ocio y Cultura

LITERATURA

Fernando Schwartz: "Para escribir bien una 'novela río' hay que ser Zola. ¡Ojalá yo, ser Zola!"

El ganador del Planeta en 1996 saca al mercado "El cuenco de laca", una fábula sobre el choque cultural en Vietnam durante la época de su independencia.

El paso por la televisión ha hecho que la figura de Fernando Schwartz sea muy popular en España. A sus 70 años, este diplomático de carrera ha orientado su trayectoria literaria hacia la novela y el ensayo. Ganó el Planeta en 1996 por "El desencuentro" y el Primavera de 2006 por "Vichy". Fue embajador español en Kuwait y los Países Bajos y editorialista en "El País". Con semejante currículum, caben dos líneas de aproximación a su obra: la entregada de antemano o la curiosa.

Con "El cuenco de laca" valen las dos. La idea es mostrar las virtudes del pueblo vietnamita desde la metáfora. Un cuenco de laca es fruto de muchos años de trabajo, un recipiente humilde de gran belleza cuyo precio es mínimo. Además, es prácticamente indestructible, muy duro. Todos son adjetivos que describen a la protagonista de la novela.

Así a botepronto, cuesta trabajo oírle hablar a usted por la boca de una joven vietnamita. ¿Cómo trabajó la novela?

Es una fabulación al estilo oriental. No se hace fácil: se trata de una cultura que nos es lejana, una filosofía vital muy distinta a la nuestra. La verdad es que mi esposa y yo estábamos fascinados desde hace un tiempo con la historia de Indochina y el Vietnam. Hace dos años nos decidimos a ir un mes allá, a conocer aquello. Yo acababa de sacar novela y cuando fuimos no tenía intención de inspirar un libro con este viaje.

¿Qué le hizo cambiar de idea?

Una conversación con mi amiga francovietnamita Yannick Vu, arquitecta, de vuelta a mi casa en Palma. Recuerdo que hablamos del enorme mausoleo dedicado a Ho Chi Minh en Hanoi, y que me parecía una traición a sus últimas voluntades de ser incinerado y enterrado en una fosa común. Sin embargo, le dije que me había encantado un busto muy bonito de él. Y entonces me dijo que el escultor del busto fue su padre. Ho Chi Minh fue para mi generación como el Che para la siguiente, un icono. Ahí empezó a surgir la idea de la novela.

¿Cuál es su aproximación a los años convulsos de la independencia vietnamita de Francia? ¿Simple afinidad o experiencia directa?

Aparte de lo que pude ver y de los matices aportados por mis recuerdos, la investigación fue clave, por supuesto. Era un reto encajar la novela en un marco histórico fijo, los años cuarenta. Sentí que era necesario ser comedido, muy riguroso, aunque fuera una fabulación. Y que al mismo tiempo, el lector disfrutase con la trama propuesta, independientemente de la aportación al conocimiento de aquella historia.

No le van a usted las "novelas río"...

Sí, pero para hacerlas bien hay que ser Zola, pecar de minucioso a la hora de abordarlas. ¡Ojalá yo, ser Zola! Prefiero tener una estructura y ceñirme a ella.

¿Qué le queda ahora de esa etapa de popularidad televisiva que lo tuvo a usted en la primera línea de los hogares españolas?

Me he liberado de todo lo malo, de la persecución, del lado oscuro de la fama y su altísimo precio, y del medio televisivo en sí, que es un poco aterrador. No toda la gente que se acerca recuerda que tras la persona conocida hay alguien que muchas veces es muy distinto. Me quedo con los recuerdos agradables, con mucha gente amiga y detalles simpáticos, como el hecho de que aparezcan dos muchachas a hacerse una foto conmigo en la calle. Ahora mismo me acaba de ocurrir. Es algo bonito, siempre y cuando sea respetuoso.

Usted daba una imagen señorial y cercana al mismo tiempo. ¿Tenía que trabajarla mucho?

¿Qué impresión tiene usted al respecto (sonríe)? No, me quedo con la sonrisa instintiva y cálida de mucha gente que me reconoce por la calle. Parece que les inspiro simpatía, y eso es algo magnífico.

Volviendo a los libros. ¿Hay algo reciente en la literatura española que le haya emocionado?

Bueno... siempre está Vila-Matas. No sé... esta semana voy a Barcelona como jurado del premio Salambó, y de lo que he tenido que leer he encontrado 3 ó 4 novelas con mucho peso. Hay una muy divertida de Martín Reverte, que tiene como protagonista a un agente triple, ¡triple! en la guerra civil española. ¿Se imagina el lío? Y he oído que Eduardo Mendoza está a punto de sacar novela, lo cual siempre es una noticia fabulosa.

¿Qué poso le gustaría dejar a los lectores de "El cuenco de laca" con su relato?

Me gustaría que pensaran: "¡Qué bonita fábula!". Me conformo con eso, con mejorarle el día a alguien.

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