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TERRORISMO

Catarsis social para el fin definitivo de ETA

Las IV Jornadas Internacionales sobre Terrorismo celebradas en Zaragoza concluyeron con un análisis en profundidad sobre los pasos hacia el final de la banda terrorista, un proceso en el que, según los expertos, ha de primar la serenidad y la voluntad de no dejarse engañar.

De izquierda a derecha, Altuna, José Tudela, Arteta y Uriarte, ayer durante la mesa redonda.
Catarsis social para el fin definitivo de ETA
CORTES DE ARAGóN

Un ex miembro de ETA, una víctima del terrorismo y uno de los analistas más reconocidos sobre el llamado mundo etarra. Teo Uriarte, fundador de Euskadiko Ezkerra; Ángel Altuna, psicólogo del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) en el País Vasco; y Aurelio Arteta, profesor de la Universidad del País Vasco. Los tres, reunidos en la misma mesa, concitaron ayer la máxima expectación de las IV Jornadas Internacionales sobre Terrorismo celebradas en el palacio de la Aljafería de Zaragoza y organizadas por la Fundación Giménez Abad y las Cortes de Aragón.

El profesor Arteta vinculó el fin de ETA a una gran catarsis colectiva, un proceso que "tardará una generación o más" pero que será el final real de ETA. Fue parte de un mensaje general de prudencia en el que se trataron de exorcizar espejismos y prisas. Aunque el final de la banda había estado más o menos latente en el desarrollo de las diversas ponencias de las jornadas, la mesa redonda de ayer con el título '¿Qué final para ETA?' supuso una intensa zambullida en la crudeza del terrorismo etarra. Una zambullida de la que fue difícil sustraerse porque los intervinientes abandonaron un tanto el tono académico, sobre todo a través de las vivencias tanto de Teo Uriarte, miembro de ETA político-militar de 1965 a 1969, como de Ángel Altuna, cuyo padre, capitán de la Policía, fue asesinado de un tiro en la nuca en septiembre de 1980 precisamente por ETA político-militar.

Uriarte contó sus conversaciones, de la mano de Mario Onaindía, con los llamados "primos" de Euskadiko Ezquerra (los 'polimilis') para que abandonaran las armas. Una historia que fue en realidad la de una espera, hasta que llegó la pregunta "¿cuándo lo dejamos?". "¿Para qué servía la lucha armada -dijo- si las cosas se podían hacer por la vía democrática?".

Y se refirió a esa misma cuestión para el fin de ETA, algo que hay que afrontar abonando la desmoralización de los terroristas y teniendo claro que "la publicidad va a ser contraproducente". Abogó por una desaparición "difuminada" de la banda, porque "un final decidido y solemne generaría un discurso legitimador". "Las cosas van muy bien", dijo en el único diagnóstico que se permitió sobre la situación actual. Uriarte defendió el Estado como instrumento fundamental de convivencia, que es, a su juicio, "lo importante".

"Una gran ceremonia"

Aurelio Arteta destacó incluso que se alegraba de que el final de ETA no vaya a ser inminente porque de esa forma la sociedad "no dejará todo en manos de los partidos" y propiciará la reflexión y una gran catarsis social. El final de ETA será "una gran ceremonia que no hace falta que sea en la televisión", basta, añadió, con que sea "en las conciencias". Arteta se mostró muy critico con el nacionalismo vasco, con el PNV en concreto, y se centró en las culpas y las indiferencias de los diversos sectores de la sociedad citando a Karl Jaspers y su ensayo 'La cuestión de la culpa alemana' publicado en 1946. Puso además en solfa algunas premisas que circulan sobre el entorno de ETA, como la de que es suficiente condenar la violencia para ser demócrata, "como si no hubiera espacio de separación entre violencia y democracia". El profesor de la Universidad del País Vasco destacó que es necesario que haya "vencedores y vencidos".

La inmersión en el horror del terrorismo alcanzó su mayor profundidad con la intervención de Ángel Altuna, hijo de un asesinado en 1980, cuando él tenía 17 años. Fue Altuna quien arrancó más aplausos y quien emocionó a la audiencia tras unas intensas jornadas de análisis, al reconocer el esfuerzo personal que le suponía su participación. Ángel Altuna, que se declaró "cansado", denunció que los poderes del Estado abrieran "una puerta de atrás" para los terroristas y exigió "justicia personal y compensación proporcional y restauradora a las víctimas".

Otros terrorismos

La sesión matinal fue protagonizada por otros fenómenos terroristas, desde el yihadismo en Yemen analizado por la profesora británica Christina Hellmich y el terrorismo palestino, a cargo de Jonathan Schachter, del Institute for National Security Studies de Tel Aviv (Israel) hasta otros casos en América. Intervinieron la ex guerrillera del M-19 colombiano Vera Grabe; María Rasmussen, del Naval Postgraduate School de Monterey (EE. UU.), que disertó sobre los montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo en Argentina; y Peter Waldman, de la Universidad de Augsburgo (Alemania), sobre los tupamaros en Uruguay.

Las jornadas, que contaron también con destacados asistentes entre el público como Marimar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco, fueron clausuradas por Maite Pagazaurtundúa, presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo. El profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Rogelio Alonso, director académico de las jornadas, lanzó algunas ideas finales a modo de conclusión, entre ellas la de que "la política no puede separarse de la moralidad" y la de que, tras las experiencias pasadas, "la negativa de expectativas de los terroristas es uno de los instrumentos más importantes" para acabar con este fenómeno. Pagazaurtundúa apuntó por su parte que "se puede ser muy virtuoso y tener muy buena intención y eso no significa manejarse correctamente en la situación decadente del terrorismo" y añadió que lo más fácil es "olvidar a las víctimas".

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