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Nacional

Coincidencias

Podemos y Vox promueven proyectos antitéticos, pero tienen muchas cosas en común. Para empezar, ambos han crecido manipulando las frustraciones de la gente y los dos impugnan de manera radical el régimen constitucional de 1978.

Dice el dicho que los extremos se tocan.
Dice el dicho que los extremos se tocan.
HERALDO

Dice el dicho que los extremos se tocan. Si esto es así, habrá que preguntar en qué se parecen Podemos y Vox. A simple vista coinciden en ser los extremos del recién elegido Parlamento andaluz. Aunque en sentido estricto, la representación parlamentaria de Podemos está dentro de la coalición Adelante Andalucía. Esta es un batiburrillo de partidos: Podemos Andalucía, Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía, junto con Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza. El programa que defiende tal alianza tiene sus tensiones y diferencias. Por lo que cuentan, la corriente anticapitalista no comparte la lógica del aparato central, ni los ‘podemitas’ se identifican con los de IU, ni los comunistas se sienten del todo a gusto con la amalgama. Ni las cosas están claras respecto del tipo de partido que quieren, ni cómo se ha de gestionar. Ni siquiera el liderazgo de Pablo Manuel Iglesias Turrión tiene ahora la misma consistencia que antes de estas elecciones, como tampoco es igual el de la candidata a presidenta, Teresa Rodríguez. Los resultados les han situado cuesta abajo, como al PSOE de Sánchez & Díaz. Y justo en este aspecto ambos extremos no coinciden. Santiago Abascal va de subida. Mientras Podemos y los suyos han perdido votos y escaños, Vox los ha multiplicado. El resultado enfrenta tendencias opuestas, pese a las cifras: Adelante Andalucía, con 17 escaños y el 16,17% de los votos, ha perdido 3 escaños, y Vox, con 12 diputados y el 10,96%, ha salido de la nada.

Volvamos al comienzo: ¿qué comparten estos dos extremos? Un primer elemento es que ambos son mutaciones de la política instituida. Desgajados, surgen dentro del sistema como supuesta alternativa a las demandas de la gente. Un segundo elemento común, aprovechan el hartazgo socialmente distribuido, cada uno en su momento y a su manera. No entran en detalles para fundamentar los contenidos de su posición política, porque los fundamentos ideológicos quedan en un segundo plano. Vienen después. Crean el marco y juegan con las formas. La clave es aglutinar las frustraciones que no se responden desde la política profesional institucionalizada. Por eso, un tercer elemento es su aparente volatilidad fundacional y orgánica; algo que tendremos que contrastar con el paso del tiempo. En la sociedad contemporánea, igual que el amor es eterno mientras dura, la fidelidad de los votantes no es una cuestión ni de sangre, ni de argumentos, ni siquiera de carné, es un consumible cargado de emociones y deseos cortoplacistas. Las estructuras organizativas se adaptan en función de la circunstancia. Aquí ambos usan estrategias similares de adición de gente común, pero caminan en direcciones opuestas. Proponen horizontes distintos, a la vez que ambos tienen perfumes autoritarios peligrosos. En un caso nos recuerdan demasiado a la idea de una España, grande y libre. En el otro al frentismo leninista cargado de dogmatismo; que construye una verdad y está en manos del partido.

Tanto Vox como Podemos coinciden en la insatisfacción con la España construida sobre los pilares de la Constitución de 1978. Solo ven problemas y desde su diagnóstico justifican un cambio de régimen y de modelo de Estado. Por señalar dos puntos. Para Pablo Manuel hay que sustituir la monarquía parlamentaria por la república. Le sobran los Borbones y no quiere privilegios de cuna. Abascal quiere re-centralizar el Estado y terminar con las autonomías. No le gusta la diversidad ni las conquistas administrativas y sociales que ha traído. Solo usa los errores para desmontar la totalidad.

En los dos partidos da la impresión de que prefieren tirar el edificio antes que reparar los elementos que corresponda. No buscan el diálogo, ni cabe esperar que se sienten a la misma mesa para crear consensos y puntos de encuentro. Su rechazo es mutuo. Se indignan de manera directamente proporcional y hacen de ello una bandera que agitan para sumar pasiones. Reclaman la movilización del ‘pueblo’ y quieren conquistar la calle. Si nos descuidamos unos resucitarán la guillotina y los otros el garrote vil. Todo para bien de la sociedad, mejor dicho, de su idea particular. Demasiadas coincidencias. Falta moderación y sentido común. Nos va el futuro.

Chaime Marcuello Servós es profesor de la Universidad de Zaragoza

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