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Opinión

Un centro derecha moderno

Fomentar la libertad, no solo en lo económico, sino también las libertades civiles, y defender la igualdad de oportunidades en un Estado del bienestar eficiente y sostenible deben ser elementos esenciales de la oferta ideológica del PP en su nueva etapa.

Manuel Jiménez Larraz 11/08/2018 a las 05:00
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El centro-derecha debe subrayar el valor de una España unidad y plural y la libertad.Krisis'18

El Partido Popular ha vivido estas semanas un necesario proceso de transformación que debería conducirle a edificar una organización moderna y preparada para ofrecer soluciones a los innumerables desafíos que enfrenta nuestra sociedad. Unos ciudadanos cada vez más informados y exigentes empiezan a digerir con dificultad los discursos vacíos, enlatados e incoherentes con los que, a menudo, se les obsequia desde todos los ámbitos políticos. Esa levedad generalizada, esa permanente impostura estratégica empuja a los ciudadanos a pensar que esos partidos y organizaciones tienen poco que ofrecer. Y surge la tan manida desafección.

Los ciudadanos, en general, ya no toleran que quienes se dedican a la política lo hagan simplemente «por su vocación de servicio público» o «por responsabilidad». Eso debería presuponerse. Aspiran, sin embargo, a que sepan qué es lo que quieren hacer y cómo quieren mejorar nuestras vidas o nuestro país. Y eso obliga a una definición ideológica que, en el caso del PP, recoja el sentir mayoritario de sus miembros y simpatizantes y no solo el sentir de unos pocos. El objetivo de «ser la casa común» del centro derecha español exige inevitablemente sumar; más aún con la irrupción de Ciudadanos, que amenaza con estrechar la base electoral del PP si no hace bien las cosas.

El reto del PP pasa por conectar sus ideas tradicionales con la realidad. Ambos mundos no pueden estar desconectados si no quiere adentrarse en un tan ridículo como ineficaz doctrinarismo que se apoye sobre teorías que surgieron en entornos muy distintos al actual. Un centro derecha moderno debe afrontar política y éticamente ‘nuevos’ fenómenos como, por ejemplo, el cambio climático, la revolución digital, la inmigración o la creciente desigualdad, así como adecuar a los nuevos contextos otros más tradicionales. Y debe reconocer en la Unión Europea el mecanismo de mayor valor para abordarlos. Existen, no obstante, dos elementos aglutinadores de las distintas sensibilidades que comparten el centro derecha español y cuyo valor debe enfatizar: la unidad de una España plural y diversa y la libertad.

Destaquemos aquí la segunda, la libertad, como idea esencial. Esa libertad que permite vivir a los individuos con la mayor plenitud y con las menores constricciones posibles. Libertad para emprender, para invertir, para donar, para competir o para destacar. También libertad para creer, para pensar, para educar, para amar. Defender únicamente las necesarias libertades de carácter económico y empresarial y desatender el fomento de las libertades civiles situaría al PP en una posición liberal desequilibrada e incomprensible para muchos. La libertad es un valor esencial que ha de ir acompañado de otro igualmente relevante como es el de la igualdad de oportunidades. Una sociedad no exprime los extraordinarios efectos de la libertad individual si solo disfrutan de ella aquellos que nacen en entornos propicios y en condiciones económicas, sociales o culturales favorables. De allí la importancia de preservar esa especificidad europea que llamamos Estado del bienestar y que posibilita que todo ciudadano parta con unas mínimas condiciones que le permitan explotar su talento individual, haciendo crecer así a quienes le rodean.

El Estado del bienestar no solo contribuye a que exista esa imprescindible igualdad de oportunidades, también fomenta una cohesión social que, aunque poco reconocida por creerla ingenuamente garantizada, permite que convivamos pacíficamente y que compartamos un país con unas condiciones más que aceptables de seguridad y de estabilidad política y social. Aunque ese Estado del bienestar cuesta dinero, ofrece ventajas que no siempre somos capaces de calibrar.

Y sin embargo, el hecho de que se acepte ese gran principio, no impide que se debatan los detalles. La libertad exige que los impuestos que paguemos los ciudadanos sean lo menores posible para permitir el desarrollo eficaz y eficiente de esos servicios básicos, de ese espacio de convivencia y de justicia, sin desincentivar la actividad económica y el empleo, sin mermar la libertad que cada individuo ha de tener de trazar su propio destino.

La libertad -no solo económica-, la igualdad de oportunidades que promueve el Estado del bienestar y la eficacia en la gestión deberían ser algunos de los elementos esenciales sobre los que el nuevo PP construyera su oferta ideológica para los ciudadanos.





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