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Debate de investidura

Los dos botones de Pedro Sánchez

Todas las miradas están pendientes del exlíder socialista y de si el sábado pulsará el botón del 'no' en la investidura.

Ángel A. Giménez. Madrid Actualizada 26/10/2016 a las 23:06
Sánchez, este miércoles en su nuevo escaño.Chema Moya/Efe

El escaño que este miércoles ha ocupado Pedro Sánchez por primera vez tiene un botón de color rojo y uno de color amarillo, que son ahora los más importantes de la política española. El primero es el del no cuando toca votar. El segundo es la abstención. El que pulse el sábado marcará su futuro y el del PSOE.

Quizá en algún momento de la intervención del candidato Mariano Rajoy los ha mirado fijamente, quizá ha imaginado a cámara lenta cómo alargaba el brazo, estiraba el dedo y apretaba uno de ellos. Quizá Patxi López, sentado a su lado, le ha preguntado cuál será el elegido en la votación clave, la del sábado. Quizá Eduardo Madina, sentado a su espalda, ha pensado más en ellos que en los suyos.

Cada uno de los 350 diputados del Congreso tiene cuatro botones para votar: uno blanco para indicar su presencia; el verde para decir sí, y el rojo y el amarillo. Hay por tanto 1.400 botones en el hemiciclo del Congreso, y ninguno es tan relevante actualmente como esos dos del escaño de Pedro Sánchez.

Así que entre el rojo y el amarillo se debate ahora mismo la vida del ex secretario general del PSOE, que hoy ha regresado al Congreso por primera vez desde su dimisión el 1 de octubre.

Ha sido su reaparición y ha causado más expectación que cuando en marzo se presentó a su propia investidura. Por esas "circunstancias que han cambiado", en palabras de Rajoy, el escaño en el que hoy el diputado raso se ha sentado no es el primero de la primera fila de la bancada socialista, sino el primero de la tercera.

Quien le sustituye en su antiguo puesto es quien durante dos años se sentó al lado, Antonio Hernando, circunspecto toda la sesión del debate de investidura, tomando nota permanentemente, buscando cuadrar su discurso de mañana, el más complicado de su vida.

Las alertas mediáticas saltaron a las 17.00, cuando Sánchez escribió un tuit en el que anunciaba que iba camino del Congreso y que votará 'no' a Rajoy. En la primera parte del tuit estaba la noticia: Sánchez, 25 días después, volvía.

Se le ha esperado con más expectación y curiosidad que al candidato. Alrededor de las 17.20, el ex secretario general accedía al Congreso por el garaje.

Sobre la bocina que señala el comienzo de la sesión, y acompañado por César Luena y María González, dos de sus afines, ha llegado Sánchez al hemiciclo. Sonriente, con buena cara. Lo ha hecho justo después de Rajoy, lo que ha provocado que los muchos fotógrafos centrados en el líder del PP se movieran como un pelotón de ciclistas a la bancada contraria para centrarse en el exlíder del PSOE. Los fotógrafos saben bien dónde está el interés.

Vestido con vaqueros azules, camisa de rayas y americana también azul, Sánchez ha subido las escaleritas hasta su escaño sin parar de saludar a los compañeros: ha dado una palmadita en el hombro a Hernando, que a saber lo que ha significado, y muy amable ha estrechado la mano de Patxi López, de Ramón Álvarez Areces, de Pedro Saura y hasta de Madina.

El discurso de Rajoy lo ha escuchado con atención, salvo cuando ha compartido comentarios con López o ha repasado los mensajes de su móvil. A veces elevaba la mirada, como si se le fueran los pensamientos.

Casi una hora ha durado la intervención de Rajoy, tiempo suficiente para que los diputados del PP, eufóricos, aplaudan una decena de veces, para que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón hablen y rían amistosamente, como si Podemos hubiera nacido ayer, o para que los parlamentarios catalanes contesten con incredulidad la apuesta por el diálogo del candidato.

La distensión y alborozo de la bancada del PP contrastaba con la seriedad de la bancada del PSOE, y eso se ha reflejado en los temas de conversación.

Desde luego, entre los populares, de lo que se hablaba era de esos nombres que solo Rajoy sabe y que todos los demás quieren saber: los nuevos ministros. Era ver a un "ministrable" y preguntarle, y casi siempre dos respuestas: "Ni idea" o "No me promociones que me hundes".

Cuitas éstas muy habituales en los partidos cuando huelen el Gobierno, pero que a Elvira Rodríguez, mujer de Rajoy, o a Cristina Cifuentes parecía que no les importa demasiado. Su atención al discurso ha sido escrupulosa.

Al marido de María Dolores de Cospedal, en cambio, se le ha escapado un bostezo, pero tampoco ha perdido ripio.

Entre los invitados, el secretario general de CC.OO., Ignacio Fernández Toxo, el padre Ángel o el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, éste con cuatro libros en la mano, recomendaciones del secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, con quien ha almorzado: una biografía de Unamuno resaltaba con su cubierta negra.

Este jueves Sánchez pulsará el botón rojo. "El sábado se verá" qué botón pulsa, ha dicho.

El que pulse será el más importante de los 1.400 botones del Congreso.




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