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Internacional

EE.UU.

Obama, el sueño de Martin Luther King 40 años después de su muerte

"Yo tengo un sueño... Un día cualquier negro de este país, cualquier hombre de color en el mundo entero será juzgado por su valor personal antes que por el color de su piel", decía King cinco años antes de ser asesiado en Memphis el 4 de abril de 1968.

Vanessa Higueras (HERALDO.es)

En medio de la vorágine de popularidad que rodea a Barack Obama, primer candidato afroamericano con serias opciones a alcanzar la Casa Blanca, Estados Unidos y todos los defensores de los derechos civiles, conmemoran este viernes el 40 aniversario del asesinato de Martin Luther King, estandarte de la libertad y la lucha racial durante los años sesenta.

El 4 de abril de 1968, cuando sólo contaba con 39 años, el reverendo King fue asesinado de un balazo en el balcón de un pequeño motel del centro de Memphis, ciudad adoptiva de otro “Rey”, Elvis Presley, pasando como él a engrosar la larga lista de héroes norteamericanos. El ex convicto James Earl Ray se declaró autor del crimen y fue condenado. Pero después de algún tiempo en la cárcel reconsideró su confesión y clamó por su inocencia, dando pie a numerosas teorías conspirativas.

Nacido en Atlanta (Georgia) el 15 de enero de 1929 en el seno de una familia de fuerte vocación religiosa, King se convirtió en el ganador más joven del Premio Nobel de la Paz en 1964 por su lucha pacífica contra las desigualdades sociales.

Con sólo cuatro palabras, “I have a dream”, en un histórico discurso ante más de 250.000 personas en una marcha sobre Washington, hizo tambalear los cimientos de una sociedad marcada por la esclavitud. "Yo tengo un sueño... Un día cualquier negro de este país, cualquier hombre de color en el mundo entero será juzgado por su valor personal antes que por el color de su piel".

¿Qué habría pasado si Martin Luther King no hubiese tenido aquel sueño y el movimiento por los derechos civiles nunca hubiese luchado por la igualdad entre blancos y negros? Es imposible saberlo, pero tal vez Hillary Clinton no hubiera tenido tantos problemas para alzarse con la candidatura demócrata ni George Bush hubiera confiado la secretaría de Estado a Condoleezza Rice.

 

Sin embargo, a pesar de las apariencias, el sueño de King no se ha cumplido del todo. Catástrofes como la del huracán Katrina, con miles de víctimas en Nueva Orleáns, en su mayoría afroamericanos, o el alto porcentaje de presos de color en las cárceles estadounidenses evidencian que las desigualdades raciales continúan en una de las principales potencias mundiales.

Pasos importantes

Lo que nadie puede discutir es que Martin Luther King diera pasos importantes. Luchó para acabar con leyes que prohibían a los negros utilizar las mismas instalaciones que los blancos, alentó a miles de personas a movilizarse y protestar de forma pacífica contra las normas segregacionistas de varios estados sureños y gracias a él, muchos de esos progresos fueron incluidos en la ley de Derechos Civiles, firmada por el presidente Lyndon Johnson en 1964.

Diez años antes, convertido en pastor de la Iglesia bautista, King comenzaba su lucha con un pequeño boicot al bus de Montgomery (Alabama) que obligaba a las personas de color a ceder su asiento a los blancos. Después participó en la fundación de la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano y organizó el activismo por los derechos civiles a través de la no violencia.

Sin embargo, la derrota de la segregación racial no fue el único objetivo de sus reivindicaciones. En 1965 King comenzó a expresar su rechazo hacía el papel de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. Las innumerables críticas a la actual guerra de Iraq hacen que estas palabras permanezcan vigentes 40 años después de su muerte.

 

"Sabía que nunca podría pronunciarme contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero haber hablado claramente ante el surtidor de violencia más grande en el mundo hoy día: mi propio gobierno", subrayó. "Una nación que continúa, año tras año, gastando más en la defensa militar que en programas de asistencia social, se está aproximando a la muerte espiritual", declaró el 4 de abril de 1967 en una iglesia neoyorquina.

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