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Internacional

Estados Unidos

Trump, Biden y la campaña del miedo

Ambos candidatos a la Casa Blanca subrayan el desastre que se desataría si su contrincante es el vencedor.

Donald Trump y Joe Biden, candidatos republicano y demócrata a la Casa Balnca
Donald Trump y Joe Biden, candidatos republicano y demócrata a la Casa Balnca
Agencias

Cuando faltan exactamente 65 días para que Estados Unidos desvele la incógnita de quién será su presidente para los próximos cuatro años, la batalla entre Donald Trump y Joe Biden ha entrado en plena ebullición. Tras haber aceptado las candidaturas promovidas por sus respectivos partidos en las convenciones celebradas en los últimos días, el actual inquilino de la Casa Blanca y su rival demócrata se disponen a pelear a pie de calle y cara a cara cada voto con el miedo como aliado. Ambos han dejado claro en sus apariciones que la lucha por llegar al poder no se dirimirá en la persuasión a través de sus programas electorales sino más bien en invocar el apocalipsis mismo que se desataría si su contrincante es el vencedor.

Con cargado dramatismo y al corriente de su impopularidad y de que las encuestas siguen dando como favorito al que fuera vicepresidente de Barack Obama durante ocho años, Trump ya se encargó el jueves -al aceptar en la Casa Blanca su candidatura republicana- de calentar los ánimos con la certeza de que su adversario es aún más "inaceptable" que él. "Nadie estará a salvo con Biden", lanzó, convencido de que, si 'Joe el dormido' o 'Joe el lento', como le llama, llega a la Casa Blanca, Estados Unidos será un país socialista, radical e inseguro, con un mandatario "destructor de la grandeza del país" por ser una "marioneta" de la "izquierda radical".

El candidato demócrata tampoco fue parco en alarmismo cuando el pasado 20 de agosto, al cierre de la Convención Demócrata, prometió convertirse en "un aliado de luz y no de la oscuridad". "El actual presidente ha cubierto Estados Unidos de oscuridad durante demasiado tiempo. Demasiado miedo. Demasiada división", aseguró. Ese mensaje acusador, sumado al lema de su campaña de "devolver el alma" a la nación, es el que Biden quiere llevar en persona a Estados clave como Wisconsin, Minesota, Pensilvania y Arizona para asegurarse de que no se produzca la inesperada victoria que vaticina Trump, que ahora figura ligeramente mejor posicionado en esas regiones bisagra, si bien en el promedio de sondeos a nivel nacional sigue ocho puntos por detrás, 43% contra 51%.

"Iremos a esos Estados de manera totalmente responsable, al contrario de lo que hace ese tipo", espetó Biden con desdén sobre su adversario, que en los jardines de la Casa Blanca volvió a despreciar la pandemia -que ha causado más de 180.000 muertos en Estados Unidos- al celebrar con sus numerosos invitados su candidatura, sin mascarillas y sin mantener la distancia. Biden, por el contrario, ha optado por mantenerse recluido en su casa en Delaware, de la que solo ha salido en contadas ocasiones para acudir a ciudades de ese mismo Estado y del vecino Pensilvania. Hasta ahora, que ha puesto fin a su aislamiento para animar a sus votantes a participar masivamente en las elecciones para acabar con la era Trump.

El exvicepresidente tiene la misión de canalizar en su favor el descontento de los cientos de miles de personas que desaprueban la gestión del jefe de la Casa Blanca frente al coronavirus, así como captar el jugoso voto de latinos y, especialmente, de afroamericanos, cuya herida racial se agrandó hace justo una semana con el ataque a tiros de un policía blanco en la localidad de Kenosha, en Wisconsin, contra Jacob Blake, un joven negro y padre de seis hijos. El suceso, teñido doblemente de sangre después de que un adolescente simpatizante de Trump matara a los tres días con su rifle a dos manifestantes e hiriera de gravedad a un tercero, ha reavivado al movimiento Black Lives Matter, que protesta contra la discriminación desde el asesinato de George Floyd en Mineapolis, el pasado 25 de mayo.

Trump, por su parte, sigue una doble estrategia para repetir en la presidencia, tal y como desgrana David Schultz, profesor de Políticas en la Universidad Hamline de Minesota. Mientras augura una pronta remontada económica y una vacuna frente a la covid-19 "antes de que finalice el año, ¡o tal vez incluso antes!", busca por un lado empequeñecer "la base del Partido Demócrata" y por otro movilizar a la clase trabajadora de zonas rurales, en particular a las mujeres blancas sin estudios universitarios, que en 2016 fueron claves para auparle al poder pero ahora están distanciándose de él. Prueba de esa necesidad de captación fueron los continuos alegatos contra el aborto que se escucharon en la Convención Republicana y el discurso compasivo de la primera dama, Melania Trump.

En las próximas semanas ambos candidatos deberán convencer al electorado mediante mítines de que representan la mejor opción para Estados Unidos, o al menos en el caso de Trump "de que no voten, en lugar de respaldar a Biden", como sostiene Karen Hult, experta en la Presidencia estadounidense en la Universidad de Virginia Tech. Al mismo tiempo deberán engrasar la maquinaria propagandística de cara al próximo 29 de septiembre, cuando se celebrará en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, el primero de los tres debates entre los dos aspirantes. El segundo tendrá lugar el 15 de octubre en el Adrienne Arsht Center de Miami, en donde tendrán que responder a las preguntas planteadas por los ciudadanos. Por último, volverán a medirse el 22 de octubre en la Universidad de Belmont, en Nashville, a menos de dos semanas de los comicios del 3 de noviembre, que serán recordados por celebrarse en medio de una pandemia sin precedentes.

Precisamente a causa de la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus el voto por correo será este año más decisivo que nunca. Para los demócratas es la tabla de salvación ya que la clave para recuperar la Casa Blanca pasa por una alta participación y ésta es la vía más segura para sufragar sin exponerse a un mayor riesgo de contagios. Trump ya se ha encargado de acusar a la formación rival de intentar "amañar" las elecciones. "Es un desastre, están mandando 51 millones de votos por correo a gente que ni siquiera lo ha pedido. Puede que estén muertos, quién sabe", dijo al insistir en que "es la elección más fraudulenta de la historia" de Estados Unidos.

La polémica por el voto por correo ha pasado de las acusaciones a los hechos. No en vano, una coalición de Estados y ciudades liderados por Nueva York demandó esta semana a la Administración de Donald Trump "para detener los intentos de socavar el Servicio Postal (USPS)". Según denuncian, en las últimas semanas el USPS, bajo el mando de un donante del presidente, a quien el mandatario nombró el pasado junio, ha comenzado a reducir las operaciones de esa agencia, lo que "socavaría significativamente" la capacidad para manejar la gran cantidad de votos por correo que se esperan en estos comicios.

Para el profesor de políticas públicas de la Universidad de Iowa, Steffen Schmidt, aunque las encuestas sigan siendo favorables para Biden, sería un grave error dar al inquilino de la Casa Blanca por derrotado: "Con los problemas de voto por correo, el miedo al coronavirus y algo de supresión efectiva de voto para los negros y latinos al desplegar policías en los centros electorales, Trump puede ganar". La última palabra la tendrán las urnas en apenas 65 días.

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