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Internacional

Bolsonaro promete gobernar para todos, sin prejuicio de sexo, raza o religión

El presidente reiteró su compromiso de gobernar "ajustado" a los términos de la Constitución.

El ultraderechista Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil
El ultraderechista Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil
Reuters

El ultraderechista Jair Bolsonaro, el presidente electo de Brasil criticado por declaraciones de talante racista, machista y homofóbico, se comprometió hoy a gobernar para "todos los brasileños, sin prejuicios de sexo, raza o religión".

Bolsonaro acudió hoy a la sede del Tribunal Superior Electoral (TSE) para una ceremonia en la que fue acreditado de forma oficial el resultado de los comicios de octubre.

Al acto asistieron unas 600 personas, entre las que estaban los 22 futuros miembros del gabinete de Bolsonaro, así como autoridades del Parlamento y del Poder Judicial, frente a las que reiteró su compromiso de gobernar "ajustado" a los términos de la Constitución.

Aún contenido, el capitán de la reserva del Ejército, acompañado por el vicepresidente electo, general Hamilton Mourao, también en la reserva, envió un contundente mensaje político, en el mismo tono de la campaña electoral, contra la clase política tradicional.

Según Bolsonaro, con su victoria en las urnas el pasado octubre la sociedad quiso decir "no más corrupción, no más violencia, no más mentiras, no más manipulación ideológica y no más sumisión a los intereses ajenos" al país.

Ese mensaje fue interpretado como una alusión directa a sus tres inmediatos antecesores: Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), en la cárcel por corrupción, Dilma Roussef (2011-2016), destituida por irregularidades fiscales, y Michel Temer, quien dejará el poder con serias sospechas de irregularidades.

Según Bolsonaro, quien recibió un diploma que lo reconoce como presidente electo, el mensaje de las urnas significa que la sociedad desea "un Estado eficiente, que dé valor a los impuestos pagados por los brasileños, que también quieren regresar a casa con seguridad después de un día de trabajo".

En esa última frase subrayó una de las improntas de su campaña electoral, en la que incidió en la necesidad de combatir con rigor al crimen, que cada año causa en el país unas 60.000 muertes.

"La población quiere paz y prosperidad", subrayó el presidente electo, quien tiene entre sus principales propuestas una reforma legal para liberar la venta de armas a los civiles a fin de promover la "autodefensa".

Bolsonaro subrayó su carácter conservador al agradecer "a Dios, por estar vivo y por esta misión al frente del Ejecutivo", y aseguró también que "con Él" podrá "vencer todos los obstáculos".

Declaró que su camino hasta la presidencia "no fue fácil" y que "siempre" fue guiado por la defensa "de la familia y de la patria", que serán dos de los puntales de su gestión durante el Gobierno que asumirá el próximo 1 de enero.

También transmitió su agradecimiento a los más de 57 millones de electores que le respaldaron con el voto y pidió "confianza" a aquellos que no le apoyaron, para remarcar que gobernará para "todos los brasileños, sin prejuicios de sexo, raza o religión".

Se comprometió asimismo a gobernar "siempre dentro del marco de la Constitución" y proclamó que su tarea será "transformar las ansias del pueblo en realidad".

Bolsonaro afirmó que esos objetivos serán alcanzados sin dejar atrás sus "ideales", que son fundamentalmente "el amor a la patria y la vocación para la construcción de un futuro más próspero".

Según Bolsonaro, durante su gestión serán "rescatados el orgullo de ser brasileño, los colores de la bandera y la fuerza del himno nacional", pues el país "tiene como destino la prosperidad y la paz".

El acto de entrega del diploma, que también recibió el general Mourao como vicepresidente electo, simboliza, según la Constitución brasileña, que ambos ya están legalmente habilitados para ejercer el mandato, una vez que han sido aprobadas las cuentas de sus campañas.

Este trámite se realiza desde 1951 y solo estuvo suspendido entre 1964 y 1985, período en que Brasil fue gobernado por una dictadura, que Bolsonaro aún enaltece, y en el que, por tanto, no hubo comicios organizados por el TSE.

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