Gastronomía

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El Cascabel, vinagrillos en un local cargado de nostalgia

Alrededor de vinagrillos de calidad y montaditos se articula la oferta de tapeo de esta peculiar botillería.

El Cascabel, vinagrillos en un local cargado de nostalgia
Agencia Almozara

Las botillerías eran aquellos viejos comercios donde se vendían vinos y licores embotellados. De ellos, como de las bodegas que servían vinos a granel, apenas queda rastro. Tascas, bares, cafés, gastrobares, tabernas y altas tabernas son algunos de los escenarios que han sustituido a las vetustas botillerías, aunque hay quien insiste en no perder la esencia de aquellos establecimientos.

Es el caso de Carlos Maicas, que hace año y medio se decidió a tirar de nostalgia y abrió su propia botillería. El Cascabel se llama, aunque eso sí, se trata de una versión actualizada. Despacha vino, cerveza, vermú y algún que otro licor, pero su fuerte es la compañía, esos vinagrillos que está intentando poner de moda.

La suya es una propuesta humilde pero no exenta de calidad: gildas, populares, chipirones, mejillones, bonito, langostillos, berenjenas de Almagro y la estrella de la casa, una salmuera del Cantábrico (1 euro) que hace las veces de faro sobre el que pivota la hora del vermú en este local. También merecen una mención especial los delicados puerros de Andosilla (Navarra), sencillamente aliñados con aceite y vinagre o rellenos de bonito y anchoa, que nada tienen que envidiar a un buen espárrago.

?Vermús toreros

Estupendos vinagrillos, en definitiva, que animan la hora del vermú que parece, y se nota, que le está ganando adeptos a la noche, alargándose esta cita hasta bien entrada la tarde alrededor de los cada vez más habituales vermús toreros.

De las ganas que mucha gente tiene de redescubrir productos de antes se alimenta El Cascabel, que complementa el picoteo de la tarde y la noche con media docena de montaditos que han terminado por hacerse un hueco de la mano de los gustos del propietario y de los clientes. Es el caso, por ejemplo, del momento vikingo, de bacalao marinado con tomate y pimiento del piquillo; del diablito, que incorpora una anchoa en salmuera, tomate y alioli, o el de sardinilla con alioli y guindilla dulce. Se presentan sobre pan recién tostado, a 2 euros la unidad, y son algunas de las propuestas más reconocibles y demandadas, aunque también hay otras como el arenque picante con tomate, pepinillo y pimiento, o la butifarra asada con alioli.

No falta, por supuesto, un buen vermú casero con sifón y la posibilidad de tomar el cava por copas. El local es más bien pequeño y buena parte de su encanto reside en la peculiar decoración del mismo. Su propietario ha recuperado objetos, productos, botellas y todo tipo de enseres que engalanan las cuatro paredes del establecimiento. El más moderno tendrá 40 años, así que para los nostálgicos es una parada cargada de recuerdos.

El Cascabel

Calle de Baltasar Gracián, 29. Zaragoza. Horario: de 12.00 a 15.30 y de 19.00 a 23.30. Martes y domingo tarde, cerrado.Ver otros restaurantes.

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