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Economía

fusiones bancarias

La fusión del BBVA y el Sabadell salta por los aires por desacuerdos económicos

Ambas entidades comunicaron al supervisor del mercado español, la CNMV, que daban por finalizadas las negociaciones  debido, precisaba el Sabadell, a diferencias en torno a la ecuación de canje accionarial entre ambas. 

Oficinas de BBVA y el Banco Sabadell, en el paseo Pamplona de Zaragoza.
Oficinas de BBVA y el Banco Sabadell, en el paseo Pamplona de Zaragoza.
Oliver Duch

No ha podido ser. La fusión entre BBVA y Sabadell que ambas entidades llevaban perfilando dos semanas y que hubiera creado el segundo grupo financiero español ha fracasado finalmente por cuestiones de dinero y poder, no necesariamente en ese orden.

Ambas entidades comunicaron esta madrugada al supervisor del mercado español, la CNMV, que daban por finalizadas las negociaciones que mantenían para su fusión, debido, precisaba el Sabadell, a diferencias en torno a la ecuación de canje accionarial entre ambas, estrechamente unido al reparto de poder.

Las reacciones no se han hecho esperar, y, poco después del mediodía, el mercado "castigaba al Sabadell con la mayor caída del IBEX (12,33 %) y "premiaba" a BBVA con la mayor subida, un 2,33 %.

Desde el Gobierno, la ministra de Industria, Turismo y Comercio, Reyes Maroto, no se ha mojado tanto como los inversores y se ha limitado a señalar que es "muy importante que España cuente con un sistema financiero solvente", precisamente lo que buscan las uniones y que es algo que no pasaba en la anterior crisis, en 2008.

Hasta hoy mismo, la operación parecía avanzar a buen ritmo y, según los acuerdos preliminares alcanzados a principios de la semana, la presidencia ejecutiva del futuro grupo quedaría en manos de Carlos Torres Vila, que ya ocupa ese puesto en BBVA, y la vicepresidencia no ejecutiva sería para Josep Oliu, el presidente del Sabadell.

Y ahí podría estar, precisamente, una parte del problema, pues, según diversas fuentes consultadas, Oliu querría plantear una copresidencia del grupo con Torres Vila y este no estaría dispuesto a ceder ni un milímetro. "Sabadell quería obtener más de lo que aporta", explican.

Además, tanto el BBVA como el Sabadell tienen una larga trayectoria y una amplia experiencia en fusiones, siempre mandando ellos, por lo que es poco probable que Oliu y su consejero delegado, Jaime Guardiola, se encontraran cómodos siendo esta vez los "conquistados".

En cualquier caso, lo cierto es que BBVA, que sólo admite diferencias económicas como motivo de la ruptura, no ha tenido prisa en ningún momento desde que se anunció, hace casi dos semanas, que efectivamente mantenían conversaciones, algo que era poco menos que un clamor en el mercado.

BBVA había anunciado ese mismo día la venta de su filial estadounidense BBVA USA, por 9.700 millones de euros, lo que le proporcionaría un excedente de capital de 300 puntos básicos, unos 8.500 millones de euros, que aportarían al banco "flexibilidad estratégica" para invertir, lo que el mercado interpretó inmediatamente como un proyecto de compra.

¿Y qué se podía comprar en un mercado cada vez más pequeño, con varios proyectos de unión en marcha, entre ellos CaixaBank-Bankia y Unicaja-Liberbank? la opción estaba clara: el Banco Sabadell, protagonista de todas las quinielas.

Pero lo cierto es que BBVA no tenía, o no parecía tener, necesidad de invertir ese exceso de capital procedente de la venta de BBVA USA, que ni siquiera estaría en su balance hasta que se cerrara la venta el año que viene, y parecía decantarse por mejorar el dividendo en cuanto el BCE levantara el veto, en 2021.

También es cierto que desde que un día después de confirmar las negociaciones, el consejero delegado de BBVA, Onur Genç, aclaró que la entidad no estaba "obligada" a hacer compras en España, aunque eso no le impedía analizar oportunidades, entre ellas el Sabadell.

Ahora, el Banco Sabadell se plantea seguir adelante en solitario y se propone desarrollar un nuevo plan de negocio que priorizará el mercado doméstico, con lo que incluso podría estudiar desprenderse de TSB, su filial británica, que le ha dado más de un quebradero de cabeza estos años, como su adaptación tecnológica.

Pero los problemas no han terminado para el banco catalán, uno de los más potentes en el mercado español en el negocio de empresas, que es precisamente uno de los que más van a sufrir cuando se terminen las ayudas y haya que repagar los créditos ICO, creen los analistas consultados.

La fusión hubiera generado un grupo financiero con más de 950.000 millones de euros en activos y un tamaño en España muy similar al que tendría la unión de CaixaBank y Bankia.  

 

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