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Eduardo Bandrés: "La caída no tiene precedentes, pero la duración de esta crisis será menor que las anteriores"

Catedrático en la Universidad de Zaragoza y ex-consejero, lidera el grupo de expertos que asesora a la DGA en la crisis de la covid-19.

Eduardo Bandrés, catedrático de la Universidad de Zaragoza y ex-consejero de Economía.
Eduardo Bandrés, catedrático de la Universidad de Zaragoza y ex-consejero de Economía.
Laura Uranga | Laura

¿Coincide usted con quienes afirman que esta será la peor crisis económica de la historia?

Las características de una crisis son principalmente tres: la amplitud o intensidad de la caída, la duración y la pérdida de producción acumulada. En cuanto a la amplitud, una caída en torno al 20% en el primer semestre de 2020 no tiene precedentes en la serie histórica. Por el contrario, la duración será menor que en crisis anteriores, con una rápida recuperación desde el segundo semestre, aunque no se alcanzará el nivel de producción precrisis hasta finales de 2022. En consecuencia, la pérdida acumulada será globalmente menor que en la crisis de 2008-2013, que fue más larga y con más pérdida de producción.

¿Cómo será la recuperación?

El rebote se prevé intenso en el segundo semestre de 2020, recuperando las tres cuartas partes de la producción perdida en el primer semestre, pero después, la trayectoria de recuperación será mucho más lenta, quizás hasta finales de 2022 en que nos situaremos como a finales de 2019. Pero todo dependerá de que no se produzcan nuevas situaciones de crisis sanitaria que obliguen a una nueva paralización, total o parcial, de la actividad económica y del acierto de las medidas de política económica adoptadas.

El Grupo Asesor de Economía Covid-19, que usted lidera, ha transmitido el mensaje de que Aragón saldrá mejor parada de esta crisis que la media española. ¿En qué se basan?

Los indicadores del mercado de trabajo señalan que el impacto directo de los primeros meses está siendo menor en Aragón que en la media española. Por otra parte, los sectores más afectados por la crisis (hostelería y restauración, ocio, cultura, y en general el sector servicios) y que tardarán más en recuperar sus niveles de actividad precrisis, tienen menos peso en Aragón que en España.

Aragón depende menos del turismo, pero no superará esta situación si la industria , en particular la del automóvil, no remonta con fuerza. ¿Es optimista?

Tengo más confianza en la industria de la automoción en Aragón, especialmente en la planta de Opel y en la totalidad del clúster, que en la industria automovilística europea en su conjunto. Y efectivamente, para que Aragón supere esta situación es fundamental que la industria despliegue toda su capacidad de crecimiento y de arrastre del resto de la economía.

Para que la industria vaya bien hace falta que haya consumo.

Sin duda, porque el ‘shock’ de la crisis es de oferta y de demanda, las dos cosas. Así que hay que esperar a que la recuperación se consolide. Dependerá de la evolución de la pandemia, si esto realmente se va superando la gente recuperará la confianza y las bases de consumo se recuperarán.

¿Por qué dice que confía más en la planta de Opel que en la automoción europea en conjunto?

La industria automovilística europea está en proceso de transformación, de operaciones corporativas que no sabemos si saldrán adelante, hay avisos de reducción de tamaños porque puede haber sobrecapacidad de producción... Y hay una razón muy sencilla: se va a dar una transición hacia el vehículo eléctrico y Zaragoza está bien situada.

Muchas voces apuntan a la necesidad de la inyección económica europea para salir adelante. ¿Estará esa ayuda condicionada a algún sacrificio, como ocurrió en la crisis anterior?

Cualquier mecanismo de ayuda pública debe ir acompañado de un proceso de rendición de cuentas, pero eso no debe confundirse con imponer una condicionalidad que cargue sobre la espalda de un país sacrificios que se han demostrado ineficaces en términos económicos y generadores de un gran sufrimiento en términos sociales. Otra cosa es que los fondos recibidos tengan que atender también a las prioridades europeas en materia de transición energética o digitalización de la economía.

¿Nos pedirán más austeridad para dar ayudas, como en 2008?

Lo que se está diciendo es que las ayudas que vengan no tengan condicionalidad. Parece que habrá dos paquetes de fondos, que podrían ser más, uno para ayudas directas a los sectores y las empresas más afectados y los otros podrían ser préstamos. Creo que condicionalidad del tipo que hubo antes no la habrá.

No habrá que temer entonces a los ‘hombres de negro’.

Yo creo que no. Ahora bien, lo que sí que habrá que hacer es devolver las ayudas. Sí que tendrá que haber un compromiso de España, de la consecución de una serie de objetivos, sobre todo de estabilidad presupuestaria, de deuda pública, etc.

¿Nos puede perjudicar ante Bruselas que deroguemos ahora la reforma laboral?

Mi opinión es que es absolutamente inoportuno en este momento, en esta situación de excepcionalidad en la que estamos, abordar una reforma del mercado de trabajo cuando lo que ahora urge es recomponer la actividad económica, que las empresas vuelvan a funcionar, que vayan poco a poco recobrando el pulso. Para ello hay una serie de instrumentos que se han puesto en marcha, como los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo). No creo que haya que derogar de arriba abajo la reforma laboral, yo no estoy de acuerdo en eso. Sí que hay aspectos que se deben mejorar, pero hay una cuestión por encima de todas que es la temporalidad. Ninguna reforma laboral de las que se han hecho hasta ahora lo ha mejorado. No digo resolverla, que es muy difícil en la economía española con sectores muy vinculados a temporadas como la agricultura, el turismo o la construcción, pero ni siquiera se ha mejorado. La temporalidad y la empleabilidad de los jóvenes, ese debe ser el objetivo fundamental de la reforma y no otros.

Este es un momento interesante para ejercer responsabilidades políticas. Usted las tuvo. ¿No echaría de menos actuar ahí ahora, no tiene ‘mono’?

No, no, no. Mi etapa ya pasó y para nada tengo ‘mono’ de volver, pero es más duro y difícil esto de hoy, no solamente por la gravedad de la crisis, por la incertidumbre, por las dificultades, por todo lo que lleva consigo la muerte de tantas personas y demás, sino por el ambiente y por el clima político, aunque en esto último en Aragón somos unos privilegiados. 

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