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Opinión

Otro psicólogo, Nobel de Economía

Un autor como Richard Thaler ha introducido la perspectiva psicológica en el estudio de la Macroeconomía, lo que le lleva a hacer propuestas para mejorar los mecanismos de intervención del Estado en la corrección de los desequilibrios económicos.

José Ramón Lasuén Sancho 06/08/2018 a las 05:00
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Richard Thaler, premio Nobel el año pasado, es el teórico cuyas aportaciones parecen facilitar más la expansión del enfoque psicológico en Economía, desde la la Microeconomía, que es donde se afincó inicialmente al final del siglo pasado, a la Macroeconomía, que es donde es más urgente. No solo para tratar de explicar la ‘oferta agregada’, abandonada a su suerte por Keynes, sino la propia ‘demanda agregada’, que Keynes sí argumentó bien políticamente, y por eso es generalmente aceptada, pero que quedó incompleta teóricamente.

De hecho, para empezar, ambos autores parten del mismo sujeto, opuesto al de los clásicos. En Keynes, implícitamente, y en Thaler, explícitamente, el sujeto no es el ‘homo economicus’ racional, informado y predecible, que decide y obtiene todo lo que puede alcanzar, sino el ‘homo sapiens’ emocional, desinformado y perdedor inercial, que se equivoca tres de cada cuatro veces. En la versión keynesiana, ese hombre está ligeramente más informado y es más social, al contrario que en Thaler.

Frente a la desintegración anárquica de los consumidores y de los productores, el equilibrio lo restauran los tecnócratas políticos. En efecto, en respuesta a las rápidas alteraciones de las demandas de los consumidores e inversores, los oferentes (productores) de bienes de consumo y de inversión, encofrados dentro de sus rígidos aparatos productivos, solo pueden variar sus niveles de producción con mucho retraso. Lo que resulta en beneficios y pérdidas imprevistos que tiende a generar inflación y desempleo. Unas circunstancias que solo pueden compensar eficazmente gobiernos intervencionistas, con políticas de impuestos y gasto público dirigidas a corregir el defecto o el exceso de ahorro. Es decir, que la corrección se realiza sin referencia clara a los deseos de los agentes humanos soberanos, que únicamente pueden expresan su aceptación o rechazo de esas políticas, ‘ex post facto’, en el momento de las elecciones.

En Thaler, el progreso económico y social es resultado de la minimización cumulativa de los errores humanos, que se produce tanto más cuanto mayor sea la conducta inercial de las personas, la contradicción entre sus fines, la inadecuación de los medios que emplean y el desconocimiento de sus efectos. Por ello piensa que los individuos y las empresas, para corregir los errores de sus acciones individuales, conciben y experimentan sucesivas pautas organizativas más eficaces y eficientes.

Cuando, como es frecuente en situaciones complejas, de efectos imprevisibles, los mercados competitivos, lejos de encontrar soluciones, incrementan los conflictos económicos y sociales, las sociedades y los gobiernos tienen que poner en práctica ajustes improvisados. En el pasado, lo han hecho mediante actuaciones directas, más o menos monopólicas, financiadas con impuestos y subvenciones flexibles, pero sin consenso social. Thaler propone construir ese consenso tanto para las pautas de demanda como de oferta precisas, en las dos esferas, en los mercados y en los gobiernos.

Sus ‘nudges’, estímulos, son propuestas tecnológicas e informáticas de acción social, lo más simples posible, a favor de la corriente de opinión pública prevalente, que se acepten y apliquen fácilmente, por defecto. Con aprobación o rechazo casi automático, según el aumento o no de la correspondencia que revelan rápidamente entre sus costes y el bienestar que generan. Se pueden y deben utilizar para simplificar, ampliar y profundizar los sistemas de diseño y gestión de los servicios de bienes públicos más complejos y críticos: los infraestructurales (agua, gas, electricidad transporte y comunicaciones) y los superestructurales (educación, investigación, sanidad y pensiones), que son esenciales para el futuro y dificilísimos de implantar de otra forma, eficientemente, tanto desde la oferta como desde la demanda. De manera que habrá que ayudar a los psicólogos cognitivos y a sus amigos, los economistas conductuales, a que invadan también la Macroeconomía.

José Ramón Lasuén Sancho es catedrático emérito de Teoría económica, presidente del Club de Roma-Aragón y miembro del Círculo Aragonés de Economía





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