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BOXEO

Sigüés homenajea a su campeón

La localidad zaragozana recordó ayer al boxeador Ignacio Ara (1909-1977), campeón de Europa y uno de los mejores de su época en el peso medio.

Ignacio Ara, en una foto de estudio en Nueva York.
Sigüés homenajea a su campeón

Ignacio Ara, para sus coetáneos, el mejor boxeador de su época; para los habitantes de Sigüés, su campeón, su más emblemático y mejor embajador. Al púgil le dieron un merecido homenaje póstumo ayer en su localidad natal. Al municipio zaragozano se desplazó una treintena de miembros de la familia Ara, muchos llegados desde la vecina Francia, para presenciar el recuerdo que le dedicó Sigüés a su boxeador, en un evento convocado y organizado por la Asociación Cultural Almadía. "Siempre he escuchado a los más veteranos de Sigüés hablar con mucho cariño de Ignacio Ara. La historia me llamó la atención desde el principio. Tanto, que al final casi me he obsesionado con él. Desde nuestra asociación hemos querido organizar este homenaje. Ha tenido una gran acogida. Nadie nos ha negado su colaboración", explica Edurne Ibarbia, secretaria de Almadía.

Ignacio Ara, que falleció en 1977, sigue presente entre los sigüesanos. "Los mayores hablan mucho de él, de sus hazañas, de cuando se proclamó campeón de Europa en 1932, de sus visitas al pueblo. Venía con cierta frecuencia y hay un grato recuerdo de cuando llegaba a Sigüés para reunirse con su familia, para reencontrarse con sus amigos, con su gente", comenta Ibarbia, que ayer recibió a dos hermanos de Ara, Luis y Malú, líderes de una expedición de 31 familiares que no quisieron perderse el recuerdo tributado por sus paisanos a Ignacio Ara. "Hemos investigado mucho sobre la vida del boxeador. Nos han ayudado prestándonos fotos, recortes de periódicos y revistas... El mundo del boxeo se ha volcado con nosotros. Ellos mismos nos han dicho que no resulta fácil que, hoy en día, haya quien se interese por este deporte. La Federación Aragonesa de Boxeo, José Antonio López Bueno, Raúl Trapero... La lista de colaboradores es larga", añade la secretaria de la Asociación Cultural Almadía.

Con motivo del homenaje, Sigüés quedó engalanada para recibir a la familia del púgil. El hermano de Ignacio, Luis, llegó incluso a compartir viajes con el boxeador, que recorrió la geografía mundial ganándose la vida como profesional. Para comprender mejor el boxeo, la misma asociación organizadora del homenaje ha elaborado una exposición para que los sigüesanos puedan ahondar sus conocimientos sobre este deporte. "Nos han cedido vídeos, carteles, archivos sobre los combates en los que participó Ignacio Ara, guantes, calzones, protecciones... Hasta un saco de entrenamiento. Material diverso y auténtico con el que poder mostrar a los interesados en qué consiste el boxeo y cómo es su historia, a qué se enfrentaba nuestro paisano en cada combate", subraya Ibarbia.

Una escultura recordará para la eternidad que de Sigüés partió un artista del boxeo, un campeón. "Es la primera vez que organizamos algo así. Ignacio Ara lo merece. Hace más de año y medio que nos pusimos manos a la obra. Ahora recogemos los frutos: una escultura de piedra que simboliza los puños luchadores de Ignacio y la visita de su familia", comenta Ibarbia, que ayer estuvo arropada también por el presidente de la Federación de Boxeo, José María Gómez Chamón, el médico del equipo olímpico español y miembro de la Federación Española de Boxeo, Félix Peña y por el boxeador aragonés y miembro del equipo olímpico español de en Los Ángeles 1984, Raúl Trapero. Todos quisieron acordarse de Ignacio Ara, el campeón de Sigüés.

Campeón nacional y europeo

Ignacio Ara nació en la localidad zaragozana de Sigüés en 1909 y emigró muy pronto, de niño, con sus padres, Mariano y Vicenta, a Francia, al Midi. Acabó yendo a París para aprender cocina y se empleó como pinche en el lujoso Hotel du Pont Neuf, junto a la famosa rue de Rivoli. En un gimnasio conoció al brutazo de Paulino Uzkudun, la persona que consiguió meterle definitivamente el boxeo en la cabeza.

Debutó en San Sebastián, en 1925, contra un italiano, al que vapuleó. Riñó con sus padres, que no apoyaban esta vocación suya, y regresó a Francia. Peleó en París y en el Albert Hall de Londres. En 1929 lo hizo en Nueva York y en La Habana. Vino a España en 1931. No llegó a merecer la distinción de campeón mundial de pesos medios, su categoría, pero fue finalista varias veces. Siempre contra su bestia negra, el correoso francés Marcel Phil, a quien no pudo superar.

Nunca logró el título mundial, pero fue campeón nacional y europeo. Más tarde, fue el encargado de los púgiles españoles que pelearon en los Juegos Olímpicos de México (1968). Tuvo un afamado gimnasio boxístico en Madrid y, finalmente, falleció en Buenos Aires, en 1977. Además de llenar de orgullo a los habitantes de Sigüés y, por extensión, a los aragoneses, da nombre a una pequeña calle de Zaragoza, cercana a Compromiso de Caspe, en el barrio de Las Fuentes, y a un club de boxeo de Córdoba.

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