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REAL ZARAGOZA

Riazor, cuna del 'agapitismo'

El Real Zaragoza de discurso faraónico y aires de grandeza que encabezó Agapito Iglesias se estrenó hace cuatro años en La Coruña. Hoy, rotos los sueños, arranca en el mismo lugar la época de las vacas flacas y la incertidumbre.

Alineación del Real Zaragoza en Riazor en 2006.
Riazor, cuna del 'agapitismo'
ESTHER CASAS

Paradojas del destino. Detalles para que los psicoanalistas y amantes del tarot recreen sus lecturas y saquen sus significados. Agapito Iglesias va a iniciar su quinto año al frente del viejo club zaragocista -ahora SAD- en el mismo escenario en el que recibió su bautismo como máximo accionista. Anteayer, día 27 de agosto, se cumplieron cuatro años de aquel rimbombante aterrizaje de Agapito en el fútbol profesional. Era el verano de 2006 y fue todo un acontecimiento en Zaragoza.

Riazor, el mismo estadio en el que hoy se inicia la Liga para el equipo blanquillo, fue el teatro de los sueños tras el adiós de Soláns y la tutelada llegada del constructor soriano al mando del Real Zaragoza. En Riazor se vio de nuevo a Víctor Fernández al frente del banquillo. Aquí debutaban aquel día Aimar, D'Alessandro, Diogo, Sergio Fernández, Juanfran. Con ellos actuaron los hermanos Milito, Ponzio, Ewerthon, Zapater y César. El equipo más caro de la historia, la plantilla más ambiciosa de toda la vida zaragocista. Agapito había inoculado a la afición, a los medios de comunicación, a la sociedad aragonesa, un sentimiento de grandeza sin precedentes. En diversas entrevistas, habló de ganar la Liga en un futuro no lejano. De incorporarse de lleno al grupo selecto de los grandes, junto al Madrid, el Barcelona, el Valencia, el Sevilla...

La Coruña fue el primer viaje de aquel ideario. Riazor, las primeras tablas que pisaron los nuevos dirigentes. Con el presidente Eduardo Bandrés presentándose en sociedad en casa de Lendoiro, la mayoría de los consejeros (ya todos dimitidos) se acercaron a Galicia para romper la botella de champán contra el casco de este estadio. Miguel Pardeza, flamante director deportivo, hizo de cicerone una hora antes del inicio del partido y paseó con ellos por el césped del magno campo coruñés, donde el Dépor sí que ganó una Liga llegando desde la modestia poco tiempo antes.

El 'agapitismo', movimiento entonces incipiente, puso al Deportivo (al Super Dépor) como ejemplo a seguir y todo el mundo creyó que era posible algo así en Zaragoza en manos de la nueva dirigencia. Hoy, cuatro años y dos días después de aquel estreno, nada es como se pretendió y, mucho menos, como se vendió a través de la opinión pública. Mirar la hemeroteca, observar las fotos de aquel día y leer las declaraciones de los protagonistas en aquel tiempo es un ejercicio esclarecedor del estrepitoso fracaso que ha supuesto para la historia del fútbol en Zaragoza la gestión de la actual dirección de la SAD.

Y el destino ha sido cruel para Agapito. Le ha traído al mismo lugar donde, con todo a favor, se enganchó al seductor mundo del fútbol y albergó ideas de grandeza absoluta, social y personalmente. Hoy, cuatro años después de aquella efemérides, el soriano vuelve a tener en La Coruña otro punto de partida. Justo el opuesto. El de las vacas flacas, el de la incertidumbre financiera, el del suelo pantanoso que no permite hallar un norte concreto para este Real Zaragoza cianótico.

De entonces, solo quedan junto a Agapito su fiel Pedro Herrera, el ahora consejero Paco Checa y los jugadores Diogo, Ponzio y Lafita, estos dos últimos tras de un viaje de ida y vuelta de por medio. Ya nada es igual. Ni siquiera el escudo, que aquel día aún era el tradicional. Aquel grandioso Zaragoza se presentó perdiendo 3-2. Quizá fue una premonición.

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