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JOSÉ AURELIO GAY

"Mi optimismo no es pose"

A la décima llegó la primera victoria zaragocista en esta Liga. Tras dos meses y medio de sufrimientos y decepciones constantes, el equipo parece haber encontrado una senda válida para salir de la cola de la clasificación.

José Aurelio Gay, al lado del escudo del Real Zaragoza en la sede del club.
"Mi optimismo no es pose"
OLIVER DUCH

Dos y meses y medio después del inicio del calvario? llegó el primer triunfo en Liga. Toda una liberación.

Desde luego que así fue. Por fin pudimos soltar de golpe toda la tensión y frustración acumulada que llevábamos encima desde hace tanto tiempo. Era el momento porque todos lo necesitábamos para creer que es posible salir de donde aún estamos.

El sufrimiento fue terrible, épico, para la historia.

No podía ser de otra manera. En las circunstancias que estamos, con tantas adversidades en todos los partidos, tenía claro que no podía ser fácil lograr el primer triunfo de la temporada. Pero, sinceramente, yo no pensaba sufrir tanto. Dije el sábado que creía que íbamos a ganar por la mínima. Pero esos últimos minutos, el penalti? Fue algo exagerado.

Hubo momentos, hasta muy al final del choque, en que parecía que, de nuevo, el partido se escapaba irremediablemente. Que una vez más, sus previsiones optimistas del día anterior iban a quedar reducidas a cenizas.

Empezamos otra vez abajo en el marcador, con una jugada en la que hay una grave equivocación arbitral. Webó se llevó el balón claramente con el brazo. Después de rehacernos con el 1-1, tampoco pensé que iba a llegar el 1-2 y nos obligara a remontar por dos veces. Fue una pesadilla imprevista. Hasta ahora, siempre que había tocado remontar, como mucho habíamos llegado al empate. Todo parecía una utopía en la recta final del partido, pero lo conseguimos. Va a ser un refuerzo anímico enorme.

¿Cómo vivió el lanzamiento del penalti en el minuto 95?

Lo pasé mucho peor después del penalti. Cuando lo pitó el árbitro y vi quién cogió el balón, que fue Gabi, me relajé. Él es ahora mismo el jugador más centrado de la plantilla. El viernes y el sábado, junto a Jorge López, siempre ensaya los lanzamientos y sé que lo hace muy bien. Cuando vi que el balón estaba dentro y que ganábamos, fue cuando solté toda la adrenalina y me derrumbé. Me fui para adentro, abracé a Lafita y a alguno más, y casi no aguantaba de pie.

Pese a la tortuosa serie interminable de partidos sin ganar, usted mantenía cada semana que el equipo iba a ganar en cualquier momento. La letanía fue devaluándose al persistir los errores. Esta vez ha acertado y eso ha de llenarle de satisfacción.

Es que yo creo desde el primer día en que hay argumentos para defender lo que digo. Mi optimismo no es una pose. Hay un espíritu de superación dentro del equipo, un gran compromiso. Pese a que conocemos nuestras debilidades, nuestras carencias. Todo eso, sabía que un día tenía que salir a flote. Y ya ha sucedido.

Se abre, por lo tanto, un nuevo camino a seguir. Se ha diluido buena parte del estrés que les atenazaba a todos ahí dentro.

Este tipo de victorias suelen cambiar rachas. Lo primero que espero es que el equipo juegue más suelto, más distendido, con mayor tranquilidad. Aunque también me da miedo decir esto así porque, siempre que lo hemos dicho (el año pasado), hemos retrocedido en el partido siguiente. No me gusta que el equipo se ablande. Así que espero que no lo haga. Pero creo que, desde ahora, podemos llegar a jugar mejor al no tener tanta presión.

Estas victorias milagrosas, a última hora, fuera de tiempo, de penalti, con emoción a raudales, suelen traer efectos secundarios muy beneficiosos. Recuerdo el año pasado lo de Tenerife. O hace años, aquella de Logroño.

Es cierto. Ganar así pone encima de la mesa el talante del equipo. Son las victorias que confirman que hay un trabajo detrás, una lucha, una frase como lema: "No nos redimos". Seguro que es así.

¿Cómo estaba el equipo 24 horas después de esta esperada vivencia?

El desgaste físico y emocional fue enorme en todos. Ha habido varios jugadores que no han podido pegar ojo en toda la noche posterior por la tensión acumulada. Pero con las victorias uno se recupera antes de cualquier cosa. Ha sido una liberación.

El año pasado estuvo usted a 14 minutos de la destitución en Tenerife. Anteayer, a ocho minutos o, quizá, a un segundo. ¿Ese vértigo tuvo que ver con sus ojos llorosos al término del partido?

Solo puedo decir que yo también dormí mal. Muy mal. La emoción y la tensión de los minutos finales y del pos partido fueron muy fuertes para mí. De todos modos, creo que la destitución no estaba tan clara pese a que hubiésemos perdido de nuevo. Con un partido de Copa enseguida y otro partido en casa con el Sevilla? no lo tengo claro. Pero el palo hubiera sido terrible, eso seguro. Se habría abierto una brecha muy importante con los equipos precedentes y habría sido difícil de digerir para todo el mundo.

Ha vuelto a salvar la guillotina cuando la cuchilla estaba a un centímetro de su cuello.

Oficialmente, nadie me ha comentado nunca nada así. Y ahora, después de este triunfo, considero que sigo teniendo crédito. Yo confío plenamente en mis condiciones y me veo capaz de seguir convenciendo al equipo para que mejore y salga de la cola. Hoy me siento tranquilo, sabiendo que, pese a todo, seguimos en puestos de descenso y que tenemos una clasificación muy mala.

El guionista anónimo que está escribiendo su historia como entrenador del Real Zaragoza quizá sea el que inventó aquella leyenda de 'la flor de Víctor Fernández'.

No. Eso seguro que no. Yo no tengo tanta como él. Lo aseguro.

Usted se está especializando en salvar trances al límite de la supervivencia.

El guionista tiene muy mala leche. Me lo está poniendo muy difícil desde el primer día que llegué al primer equipo. Pero yo sigo pensando que los milagros existen, especialmente para la gente que cree en ellos. Yo tengo mucha convicción en lo que hago y, cuando cuentas con un equipo que muestra este espíritu, te animas a seguir adelante contra lo que sea. Las desgracias unen mucho.

Estas palabras, sin victorias, se estaban quedando vacías. Hoy, por fin, tienen algo de sentido.

Llevo toda la temporada viendo casi todos los partidos de la Liga. Y, a lo largo de todas las jornadas, observo a muchos rivales nuestros que ganan partidos sin hacer los méritos que hace el Real Zaragoza cada fin de semana. Quizá porque estén más tranquilos, porque jueguen más sueltos y sin presiones añadidas, sin tanta ansiedad. Por ejemplo, el Espanyol, el Almería, el Racing, el Osasuna? Y están delante, algunos muy arriba en la tabla. Con lo que estamos haciendo en el campo, algún día nos tiene que suceder como a ellos y ganar sin tanto sufrimiento.

En una anterior entrevista dijo que, como los gatos, tenía siete vidas y ya había acabado con varias de ellas. ¿Siente que ya ha quemado seis?

No. Creo que he agotado alguna, pero seis no. Espero que todavía mi crédito sea mayor que eso. Sobre todo por el aval que me dio lo del año pasado. El equipo reaccionó muy bien y superó una situación dificilísima, muy comprometida. Si todo el mundo colabora como entonces, salir de abajo será más fácil. Estoy seguro de que puede sucedernos algo parecido otra vez.

¿Ese es su sueño?

Sí. Deseo que se produzca la unión de todo el entorno zaragocista y que se cree un ambiente sensacional en todos los partidos de La Romareda. Muy hostil para los rivales. Así lograremos ganar e, incluso, jugar bien en algunos partidos.

 

El año pasado ya vivió la revolución de enero. Si todo marcha con cierta normalidad a partir de hoy, ¿cree que habría que ir a algo parecido, en la medida de lo posible?

Ahora mismo, yo no puedo pensar en el mercado de enero. Estamos en una situación tan delicada que, personalmente, debo de ir día a día. Ni siquiera partido a partido. Día a día. No puedo pensar más allá. A mí, diciembre me queda lejísimos.

Tras esta victoria, el calendario no baja la exigencia. Llega el Sevilla, viaje a Getafe, viene el Villarreal, enseguida el Madrid? No cabe regocijarse en este primer éxito.

Los partidos contra el Sevilla en casa y en Getafe fueron talismanes el año pasado en la remontada. Los ganamos los dos contra pronóstico y fueron claves en nuestro resurgir. Este año debe ocurrir lo mismo. La situación tiene similitudes con nuestra recuperación del año anterior. Quizá sea cosa del guionista. O de la providencia. Ahora bien, es verdad que siguen quedando por delante compromisos muy fuertes que acometer y que necesitamos más victorias para llegar ahí con cierta calma.

Habrá que atenuar el 'efecto euforia' que siempre surge en estos casos y templar los ánimos de los más exaltados.

A mí esta victoria no me descentra. Sé que seguimos cerrando la clasificación y que la situación sigue siendo muy grave y delicada. No caben euforias externas. Sé que tengo que tomar decisiones de máxima precisión, que van a incidir en la marcha del equipo de ahora en adelante, y no puedo caer arrastrado por corrientes eufóricas. Del mismo modo que he intentado, durante las últimas diez semanas, no ser víctima del derrotismo provocado por las constantes referencias a que no ganábamos, que íbamos los últimos y todo lo demás. Debemos quedar al margen de todo eso.

¿Cómo piensa administrar emocionalmente estos próximos días cuajados de partidos importantes ante Betis, Sevilla y Getafe?

Transmitiendo a todo el mundo que han surgido brotes verdes con esta victoria ante el Mallorca. Yo evoqué este domingo, sobre todo en la segunda parte, momentos y vivencias que me trasladaron a las épocas buenas del Zaragoza. El ambiente de la grada, la unión del equipo? Con el 2-2, en el minuto 88, el Mallorca tuvo el balón en nuestra área. Hubo una jugada con varios cabezazos cerca del gol y la gente silbaba contra el rival. Eso añoro y pretendo. Así, lo tendremos más fácil en lo sucesivo.

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