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Cicloturismo

Dulce tortura

¿Qué sensaciones envuelve el recorrido de la Quebrantahuesos? Son más de doscientos kilómetros que cada ciclista afronta a su manera. Aquí se describen algunos de los momentos clave de la prueba.

M. Gay Actualizada 22/06/2013 a las 11:03
2 Comentarios
Participantes en una pasada edición de la QuebrantahuesosRAFAEL GOBANTES

El libro “La dulce tortura” narra los sentimientos que jalonan el discurrir de los deportistas que forman parte de la Quebrantahuesos. Este año, cerca de 11.000 ciclistas se han dado cita en Sabiñánigo para cumplir con el protocolo de tomar parte en la prueba.

Estos son algunos de los momentos más destacados de la prueba, narrados en el libro.

La salida

El magnetismo de este día, de este sábado de junio, reúne en la parrilla de Sabiñánigo a miles de deportistas, empeñados en encararse con el sentido común y enganchar por la pechera al riesgo. Un océano de más de doscientos kilómetros con una ambición: llegar. Atrás quedan miles de kilómetros desgastados en asfaltos de fin de semana; con horas robadas al trabajo, al descanso, a los seres queridos. Banderazo de salida. Sabiñánigo, el templo, el Tour del cicloturismo, el centro de miles de emociones. Arranca la Quebrantahuesos.

La muralla

Marie-Blanque. Su sonoridad comparte admiración y temor. Un mito de singular belleza que te mira desafiante e incrédula, como sin acabar de creer que seas capaz de vulnerarla, de conquistarla. Su abrazo, ahí arriba, cuando se abre para ofrecerte un balcón con vistas al mar de los Pirineos, es testimonio de su reconocimiento… y además, para ti, un motivo de orgullo.

La agonía

¿Qué es el Portalet? La eternidad cuesta arriba. Queda por detrás, desparramada –a veces desgastada- la energía. Por delante, más de dos horas de agonía, de lucha, de empeño, de fe. ¿Qué hago yo aquí? Es el pensamiento que retumba en mi cabeza, junto a los cañonazos de la sangre contra las sienes. Y sin pensar tengo que encadenar una a una las pedaladas, para allí, a casi 1.800 metros, abrir las puertas del cielo.

Mi meta

¡¡ Sabiñánigo!! ¿La meta? No, mi meta. Atrás queda un calvario que la bicicleta hace dulce, una tortura querida, pedida. Es difícil transmitir toda la emoción que surge al deshacer esos últimos kilómetros que me garantizan el final feliz: la meta. El objetivo cumplido justifica un año de sacrificio, de renuncias, de puesta a punto… ¿Y ahora? Ahora sólo un pensamiento: el año que viene lo haré mejor.


  • maitica23/06/13 00:00
    La vigésimo tercera edición de la prueba QH gran fondo ha sido para mi la primera, no obstante iba acompañado por participantes de un club en el que al menos varios de sus integrantes la han realizado en seis ocasiones y la sensación que les ha causado tanto a ellos como a mí ha sido decepcionante. Todo apunta a la organización de la prueba y su decisión por delegar en una empresa privada la gestión de la misma, esto ha mermado considerablemente los recursos sacrificados tanto en calidad como en cantidad. Los avituallamientos han sido escasos pues faltó comida para quienes fueron rezagados teniendo en cuenta que quienes lograron un buen crono apenas si se abastecieron en ellos y en opinión de los veteranos, detalles como la fruta en barreños de hielo y agua se echaron en falta.  En meta no había donde sentarse a comer a la sombra, aunque tampoco hizo falta pues la fideuá con carne era incomestible. Si no se tiene la capacidad para atender a diez mil personas, hagan el corte en cinco mil, por lo menos los tendrán a todos contentos. La asistencia técnica en carrera también dejó que desear, había poca y cara; que te cobren 10 euros por una recámara es un robo en toda regla. El corte vespertino del tráfico también le ha quitado el color que la prueba sacó a relucir en otras ediciones, en la subida al portalet, antaño te hacían el pasillo, ayer apenas si hubo doscientos espectadores animando. Me voy con la sensación de que en la balanza de mi prestación, esto es, 70 euros de inscripción mas 5 de preinscripción y contraprestación, o sea, maillot, dos bidones de agua, una isotónica algún plátano y una fideuá incomestible en el suelo y al sol, arroja un desequilibrio claramente desfavorable para quien suscribe. Varios comentarios escuché que afirman que de seguir por estos derroteros, se va a acabar desprestigiando una prueba de las grandes, mas le vale a quien quiera que tenga la capacidad de corregir esta tendencia a ponerse manos a la obra mas pronto que tarde a corregir estas deficiencias si no quieren que el mundo del ciclismo la acabe detestando.
  • corredor23/06/13 00:00
    de acuerdo con #1, es mi cuarta y puede que ultima vez que la corro, cada vez peor: complicada salida, avituallamiento desbordados pase del primero al ver la cantidad de gente y me fui al segundo directo, al llegar no habia sandwiches, faltaba señalizacion en curvas peligrosas, y en meta fidegua deplorable y falta de gente indicando donde ir tras la paliza...mal vamos mal


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