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LA CONCENTRACIÓN DE LA ROJA

Marchena y el pulpo

El foco de atención se trasladó ayer de Potchefstroom a Oberhausen. Un octópodo iba a hablar y había que esperar su vaticinio.

El ya célebre pulpo Paul se lanza a la jaula de España sin dudarlo en su vaticinio de ayer.
Marchena y el pulpo
AFP

Como tantas otras veces, el cronista ha estado falto de reflejos y no se enteró de la existencia del pulpo Paul hasta el pasado martes, la víspera de la semifinal ante Alemania. Alguien entró en la sala de prensa del estadio Moses Mabhida de Durban y anunció, con una cierta solemnidad, que la cosa estaba hecha, que los alemanes ya podían hacer las maletas sin jugar porque el pulpo Paul se había decantado por España. Un colega igual de despistado que el autor de estas líneas le preguntó entonces quién coño era ese bicho, y el portador de la noticia le miró entonces con una mezcla de extrañeza y piedad, como si tuviera delante a un extraterrestre perdido en un área de servicio.

Llegó entonces la explicación pertinente, la rocambolesca (por decir algo) historia de ese pulpo del Acuario Sealife de Oberhausen al que, en la hora de la comida, le colocan dos cajas con almejas o mejillones, cada una de ellas con la bandera de dos selecciones que tienen que enfrentarse en el Mundial. La que Paul elige para comer es la que ganará el partido. El pulpo, por lo visto, había acertado en su pronóstico de todos los partidos de Alemania y la clavó también anunciando su derrota ante España. Ello le había otorgado una inmensa popularidad, hasta el punto de que ya disponía de una página web propia, de los inevitables enemigos acérrimos en Facebook que ya se estaban organizando para convertirle en tapitas de pulpo 'a feira', y de algunos competidores como el mico Anton, el periquito Mani de Singapur y una langosta gallega llamada Paula.

Como tantas otras veces, el cronista, aparte de falto de reflejos, ha estado en los cerros de Úbeda y, ayer por la mañana, no supo ver dónde estaba el verdadero foco de la actualidad, que no era en Potchefstroom, precisamente, sino de nuevo en el acuario de Oberhausen. El pulpo Paul iba a hablar otra vez y había que esperar su vaticinio con temor y ansiedad, como los antiguos griegos aguardaban las predicciones del oráculo de Delfos. Las cadenas de televisión no escatimaron en gastos y prepararon sus unidades móviles para la retransmisión en directo. Decenas de periodistas, heróicos en su misión informativa, muchos de ellos preguntándose seguramente en qué momento de su vida se habían equivocado para tener que estar allí, al acecho de un pulpo, aguardaban el momento decisivo.

Poco antes del mediodía, llegó a Potchefstroom la buena noticia. "El pulpo Paul no tuvo ninguna duda en su pronóstico. Sin vacilar ni perder un segundo, el octópodo alemán abrió la urna con la bandera de España y se comió el mejillón que había dentro. Ni siquiera se planteó desplazarse hasta la caja con la bandera holandesa. ¿Consecuencia? España ganará el Mundial el próximo domingo. ¿La rapidez con la que tomó su decisión podría hacer pensar en una goleada?", se preguntaba, enigmático, el redactor de una edición digital.

No hace falta decir que la noticia corrió como la pólvora. Y es que ya se sabe que las estupideces se propagan mucho más rápido que los incendios. El cronista está un poco cansado y debe reconocer que, en tan sólo tres días, ha acabado hasta el gorro del pulpo Paul, y que desearía que lo lancen al mar a que se busque la vida.

Y todo indica que Carlos Marchena es de la misma opinión. El jugador del Valencia compareció ayer en rueda de prensa, ante cientos de periodistas de todo el mundo, en compañía de Sergio Busquets. Marchena es un tipo serio que no se anda con bobadas, ni dentro ni fuera del campo. De modo que no pudo evitar una mueca de hastío cuando una periodista cogió el micrófono y le hizo la pregunta inevitable.

-¿Qué opina usted de que el pulpo Paul haya pronosticado la victoria de España?

-Es un pulpo, ¿no?-, respondió.

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