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TOUR

La Ronda gala recupera su espíritu

La subida a puertos como el Peyresourde, Aspin y Tourmalet, además del Alpe d'Huez, entre otros, marcarán el signo de la carrera. Este año se reducen los kilómetros contrarreloj

La novedad y la tradición se dan la mano en las etapas montañosas que tendrán que afrontar los ciclistas en la próxima edición del Tour de Francia que comienza mañana, con ascensos a puertos míticos como Alpe D'Huez, el durísimo Hautacam y La Bonette de Restefond y las cimas inéditas de Prato Nevoso y la Lombarde como principales atracciones.

La gran ronda francesa presenta una edición que contará con cinco etapas de alta montaña, cuatro llegadas en alto y cuatro jornadas de dificultad media. El primer escarceo de cierta consideración con la montaña será en la sexta etapa, cuando la carrera llegue a Super-Besse. Éste es un puerto catalogado de segunda categoría pero su último kilómetro y medio tiene un 10% de pendiente media, que servirá para ver el estado de forma de los favoritos.

Tres jornadas más tarde, llegan los Pirineos, con un trayecto entre Toulouse y Bagnères-de-Bigorre en el que destacan los puertos de Peyresourde y de Aspin, que son cumbres frecuentadas por la gran ronda francesa. El Tour de este año busca devolver el ciclismo a sus raíces más míticas, y por eso incluye en su trazado tres de los cuatro "gigantes" que se subieron en la primera etapa de montaña de la historia de este deporte.

El Peyresourde fue el año pasado testigo de los secos ataques que el joven Alberto Contador asestó contra el líder danés Mickael Rasmussen, en una carrera que pasará a la historia como el primer gran triunfo de ciclista de Pinto.

El Aspin, cuya cima está situada a 26 kilómetros de la meta, marcará el desarrollo de esta etapa y permitirá ver el estado de forma en el que los "gallos" han llegado a este primer gran test, en el que siempre suele haber un damnificado que ve mermadas sus opciones en la carrera.

Grandes pendientes

Al día siguiente, esperan a la caravana dos "señores" de los Pirineos, el Tourmalet y Hautacam, cumbre en la que estará instalada la meta. El Tourmalet es uno de los altos más míticos de las carreteras francesas. Este año se sube por la vertiente que comienza en Sainte-Marie de Campan, con empinadas galerías y se pasa por la estación de esquí de La Mongie.

Aquí se han contemplado gestas como la de Lance Armstrong, que inscribió su nombre en el triunfo de la etapa que finalizó en La Mongie en 2002. Hautacam es un puerto largo y sin descansos, que únicamente suaviza su dureza en los 2.000 metros finales, cuando el empinado inicio y el terrible tramo medio, con tres kilómetros casi al 10%, han puesto a cada uno en su sitio.

El 20 de julio la carrera se adentra en territorio transalpino y en esa etapa se ascenderán el Agnel y Prato Nevoso. En la región de Queyras es donde está situado el larguísimo Col Agnel, de Categoría Especial. Un inicio moderado, con cuatro kilómetros de una pendiente en torno al 7% y un par de rampas al 12% a la salida del pueblo de Molines, dan paso a un "descanso" que conduce a una parte final durísima, de seis kilómetros en los que se suceden curvas de herradura y rampas del 10, 11 y 12%. Además, un vertiginoso descenso por la vertiente italiana de este paso, el famoso Colle delle Agnello, asegura la emoción e incrementa la dificultad de la subida anterior, pues quien se haya vaciado camino de la cumbre lo puede pasar muy mal bajando.

El 22 de julio, después del día de descanso, aguarda a los corredores una jornada corta, pero muy explosiva, con los majestuosos pasos de La Lombarde y La Bonette de Restefond, ambos de categoría especial. La vertiente italiana del Col de La Lombarde, cima inédita en el Tour, reúne todos los ingredientes necesarios (longitud, altitud y pendiente media elevadas) para hacer una fuerte selección que dejará en el pelotón a los más fuertes. En tres ocasiones (61, 64 y 93) ha subido el Tour de Francia a la mítica Bonette de Restefond. Con sus 2.802 metros, es el puerto más alto de Europa y será un terreno ideal para los escaladores puros.

El 23 de julio, la caravana ciclista afronta la última jornada montañosa de este Tour, con el Galibier, la Croix de Fer y Alpe D'Huez como colofón. El Galibier, este año, se asciende por la "cara fácil", que comprende el tendido Col de Lautaret, y aunque es una subida larga, no tiene la dureza del lado del Telégraphe.

La Croix de Fer, que suele servir de aperitivo a Alpe D'Huez, se sube, esta vez, por su vertiente noroeste, desde Sant-Jean-de-Maurienne y la ascensión se divide en varios "escalones", que harán que las fuerzas lleguen justas a las faldas del paso más legendario del Tour Las míticas 21 revueltas de Alpe D'Huez serán decisivas y, probablemente, al tratarse de la última subida de esta edición, se cumpla la máxima de que quien salga de allí vestido de amarillo, mantenga el liderato hasta París.

El Tour'08 apuesta por un trazado mítico salpicado de novedades para intentar rescatar el espíritu del ciclismo, después de una temporada, "una vez más sumamente atormentada", según declaró el director de la carrera, Christian Prudhomme.

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