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CAI ZARAGOZA

La historia anima al CAI

14 de los 20 equipos que han ascendido de LEB a ACB han logrado la permanencia en la máxima categoría. Tres entraron en "play off".

A más de cuatro meses vista, la ACB se atisba como un muro kilométrico, complicadísimo de franquear. Allí conviven algunas de las escuadras más temibles y poderosas del continente. Cierto. Algunos presupuestos triplicarán el del CAI. Cierto. La competición se ha igualado por lo alto y cualquier equipo reúne talento y nombres destacados. Cierto. El León, verdugo rojillo hace dos campañas, ha caído al pozo de la LEB a la primera, como colista. Cierto.

Una suma de certezas que no deben devorar los ánimos de la entidad y de los aficionados. La historia le hace un guiño al conjunto aragonés y le indica que la permanencia en la elite no es una empresa imposible. Más bien es una posibilidad muy potente.

Los datos son contundentes. 14 de los 20 clubes que han ascendido a la ACB procedentes de la LEB (creada en 1997) han firmado su prórroga en la máxima categoría. Únicamente seis han vuelto sobre sus pasos y se han despeñado de nuevo en dirección al infierno. Unos antecedentes tremendamente sugerentes y que añaden optimismo al trayecto que arrancará en octubre.

Hay tres ejemplos que deberían inspirar a los pupilos de Curro Segura, los tres estrenos más lucidos y sobresalientes. Encarnan la prueba fehaciente de que no hay que resignarse ni limitar de antemano la ambición. Fuenlabrada, Lleida y Alicante finalizaron la liga regular entre los ocho primeros, con la consiguiente plaza para disputar los playoff por el título.

Los madrileños lo bordaron en el ejercicio 1998-1999, con una meritoria séptima posición. Liderados por un Velimir Perasovic que concluyó como el máximo anotador de la ACB y entrenados por Óscar Quintana, alcanzaron una admirable solidez que desterró la palabra descenso con muchas jornadas de antelación. Una de las claves fue, como sucede ahora en el CAI, la continuidad de la espina dorsal: el técnico y jugadores como Perasovic, Ferran López o Salva Guardia. Como curiosidad, los dos últimos permanecen una década después en el plantel. El triunfo de la perserverancia.

Similar fue el ingreso del Caprabo Lleida en las alturas. Comandados por un Lucas Victoriano imponente, y con la experiencia de veteranos como Nacho Romero o Berni Álvarez, los ilerdenses concluyeron octavos. Un puesto que repitió en la siguiente campaña otro novato, el Lucentum Alicante. Los levantinos contaron con talentos de la categoría de Pablo Prigioni, Velimir Perasovic o Lou Roe.

Sin tantos alardes, otros equipos que se mantuvieron holgadamente fueron el Manresa (undécimo esta misma campaña), el Fuenlabrada (décimo en 2006) o el Tenerife (décimo en 2004). En general, todos estos casos felices han ido asociados a la consolidación del proyecto nacido en la LEB.

Pero también existen los antecedentes más catastróficos. Se lleva la palma, por único y no repetido, lo acaecido en la temporada 2000-2001, cuando descendieron los dos recién ascendidos. El Ourense y el Alicante se hundieron. León (2008), Bruesa (2007), Etosa Murcia (2004) y nuevamente Murcia (1999) cayeron al hoyo a la primera. Seis borrones a no copiar.

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