Despliega el menú
Deportes

RALLY ESTORIL-MARRAKECH

El 'road-book', la biblia del copiloto

El ¿road book' es el manual que tiene que seguir a rajatabla el compañero del piloto. La herramienta de trabajo que guía al equipo aragonés Coviar Raid al destino final, Marrakech.

El equipo aragonés Coviar Raid supera un tramo de arena.
La biblia del copiloto
PAULO PACHECO/INTERSUDE

AD’, '!!!', 'DZ', 'TDSRPP'… No es un juego de adivinanzas, aunque casi. Un sin fin de abreviaturas que pilotos y copilotos dominan a la perfección. ‘A la derecha’, ‘peligro extremo’, ‘entre en zona de velocidad limitada’, ‘todo derecho sobre la ruta principal’… Es el lenguaje oficial de las carreras, el léxico del ‘road book’, “el manual que tenemos que seguir a rajatabla en plena competición”, recalca Miguel Grasa, el copiloto de su hermano Javier. Toda flecha, letra y dibujo tiene un significado, un aviso de advertencia, información valiosa sobre la etapa, especialmente cuando las motos y los coches se encuentran en territorios tan inhóspitos como la cordillera del atlas y el comienzo del desierto del Sáhara. “Da una idea aproximada de lo que nos vamos a encontrar, la primera herramienta de trabajo que se complementa con los sistemas de orientación”, amplía el zaragozano. Tramos sinuosos, piedras, ‘trialeras’ o zonas muy rotas, ‘oueds’ (ríos secos), ‘fesh fesh’ (gravilla muy fina), ‘dunettes’ (dunas pequeñas), subidas y bajadas y arena, toneladas industriales de ese fino grano que te reboza cual croqueta. ¡Ah!, y más calor. Son los ingredientes de la sexta jornada del Rally Vodafone Estoril-Portimao-Marrakech de ayer que pusieron a prueba a los supervivientes de esta cita del Mundial de Rallys Todo Terreno. Otra bella etapa africana. Erfoud-Zagora: 377, 11 exigentes kilómetros que salvaron con éxito (17º; 6h37:48), aunque no sin dificultad, el equipo aragonés Coviar Raid, la única voz española en el evento en la categoría de coches.

La principal regla de los competidores es seguir al pie de la letra el libro de ruta que elabora la Federación Internacional. En este rally, el idioma oficial es el francés, aunque se incluye la traducción en inglés. Una vez finalizada la etapa, y expuestas las clasificaciones oficiales, los participantes se hacen con este valioso ejemplar para estudiarlo. Como en los colegios, no falta el estuche con rotuladores de todos los colores: el rojo para marcar las zonas de peligro y los controles de velocidad; el amarillo o el verde, el camino a seguir; el naranja, el punto que anuncia en grados los cambios de dirección… Cada ‘copi’ personaliza su biblia. Otros, evitan las pinturas y toman anotaciones al margen de lo que van a ‘cantar’ al piloto. Cualquier método es válido; el fin es el mismo.

La puesta en práctica de los conocimientos empieza desde el momento en que se da la salida. Primero, el enlace: ayer, 88 kilómetros desde Er-Rachidia hasta Erfoud. Un paisaje agreste, ideal para rodar películas de vaqueros, que se pincela de verde: son los oasis que surgen de la nada. Bosques de palmeras que dan colorido a los pueblos que se levantan con casas de adobe; niños y niñas que lanzan saludos; mujeres enlutadas que cargan pesados fardos con alimento para los animales; hombres de blanco que degustan el té matinal; fortalezas (‘kasbah’), derruidas, que no han soportado el paso del tiempo; camellos que se cruzan con rebaños de cabras; hoteles de lujo para los turistas que se lanzan a la aventura en 4x4.

En el centro del Marruecos profundo se presenta Erfoud, un oasis de gran hermosura. Solo en la región se alzan casi un millón de palmeras con un preciado fruto, los dátiles. Desde Erfoud arrancó la sexta etapa del rally que concluirá mañana en Marrakech. Veintiséis coches y doce motos. Los héroes de esta competición con aroma dakariano. El Mitsubishi Montero se adentraba en territorio hostil. La máquina, que por las noches recibe los cuidados del mecánico Ariel Jatón, está respondiendo a todos los obstáculos naturales de carrera. Sin imprevistos, avanza con decisión. Ayer, sorteó las primeras zonas montañosas y atravesó el río rocoso (’Oued Ziz’) para seguir en paralelo las elevaciones por pistas pedregosas. Salvado un sector arenoso, llegó el principal contratiempo, cuando se habían cubierto unos 70 kilómetros. El Mitsubishi dirigido por Javier Grasa perdió el rumbo. En esos momentos hay que buscar la última referencia del ‘road book’, utilizar el GPS y volver sobre tu propia huella. Durante una hora, el equipo Coviar Raid tuvo su particular ‘excursión’ hasta que logró encontrar el camino. En la dirección correcta, superó los dos controles; pista rápida para apretar el acelerador, ralentizando el ritmo por las tormentas de arena que impedían ver el horizonte.

Rumbo a Zagora, situada en el centro del Valle del río Draa. Como un cinturón verde corre el agua que alimenta palmeras datileras. Al pie de una mole rocosa, dominada por las ruinas de una fortaleza construida por los almorávides, desde la que se disfruta de una magnífica vista del oasis y del desierto. A lo lejos, el Mitsubishi Montero enfila la carretera que conduce al aeropuerto, donde esta noche dormirá feliz. “Hemos sobrevivido a otra jornada dura y difícil. Todos los días nos superamos ante las adversidades. Marrakech, nuestro objetivo, está más cerca”, resumía Javier Grasa. Hoy, séptimo día de competición: Zagora-Marrakech, con 310,80 kilómetros de especial.

Etiquetas