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El mejor Huesca solo empata en el campo del Levante

La crecida aragonesa en la segunda mitad sirvió para arrancar un punto, escaso premio que le sirve de poco en su carrera hacia la salvación

Pocas citas podrán sintetizar el valor contradictorio que destilan los empates. Ni la amargura de la derrota ni la dulzura de la victoria. El extraño sabor del empate lo cató este domingo el Huesca en el campo del Levante, donde el cuadro altoaragonés ofreció una notable versión en la segunda mitad, mejoría que solo le reportó una igualada. Más fútbol que puntos. Y lo que necesita el Huesca son puntos para recortar diferencias con la cota que marca la permanencia en Primera División. Mucha más recompensa moral que material. De eso no se come, pero sí sirve para estar orgulloso. Aún vivo pese a todo y después de la capacidad de reacción mostrada en Orriols, es para estarlo.

Antes de iniciarse el partido, ya hubo pitada. Se comió enterita la bronca el presentador de la cita mientras anunciaba la asistencia del VAR. La razón de la bulla residía en el perjuicio que el Levante considera que viene sufriendo en el césped y, sobre todo, en el escrutado posterior de las imágenes. El mismo presidente, Quico Catalán, clamaba tras el penalti que los derrotó en San Mamés la semana pasada. Eso sí, nada dijo Catalán del gol del 2-2 del encuentro de la primera vuelta en El Alcoraz. Ni creo que le vean esta semana en la tele, donde tanto apareció en los últimos días: hoy les pitaron un penalti a favor, el del 2-1. El que no llora, no mama...

El que no llora, no mama, decía… Al Huesca, por contra, no le gusta llorar. Lo suyo es actuar. Y no le ha ido mal así, centrándose en lo suyo. Consciente de que el tiempo se acaba, Francisco decidió echarse al monte y jugar con tres delanteros. En la decisión quizá también influyó que un hombre fundamental en defensa, el capitán Etxeita, se encontraba sujeto a sanción. Quizá también que tres de los jugadores de mayor jerarquía del equipo (Cucho, Enric Gallego y Chimy Ávila) se desenvuelven en la línea delantera, y el Huesca no está para reservar, sino para jugar con lo mejor que alberga su vestuario. Así, con Enric Gallego como referencia, Cucho quedó caído a la banda derecha, y Chimy en la izquierda. En el medio, Rivera como mástil, y Yangel y Moi en los costados. Atrás, sin Exeita, solo dos centrales, Diéguez y Mantovani. Como laterales, Pulido y Galán. Y Santamaría, al cuidado del portal.

Enfrente aguardaba un Levante concentrado, muy respaldado por una afición sensibilizada. Después de solo acumular dos victorias en los últimos 16 partidos, el Levante se encontraba a solo un partido del abismo. Educada en el sufrimiento, en una ciudad que tiene al Valencia CF como referente, la hinchada del Levante constituye el mayor capital del club granota. Igual en el antiguo campo de Vallejo, junto a las torres de Serranos, en el viejo cauce del Turia, cuando sobrevivía en Segunda B e incluso Tercera, como ahora en Orriols en Primera División. Por cierto, granota no se refiere al color grana de su camiseta; granota significa rana en valenciano. Granotas... las ranas que croaban en el Turia junto al viejo campo de Vallejo… Aunque haya tenido una presencia más o menos estable en Primera desde 2004, pese a ser el decano del fútbol valenciano (se fundó en 1909; el Valencia, en 1919), el Levante no olvida su origen, su condición humilde. “Qué grande es ser pequeño”, se lee bien subrayado en las paredes del estadio. Pero, dentro de sus limitaciones, cuenta con un potencial económico muy superior al Huesca. El Huesca sí que puede pregonar que es muy grande ser pequeño… Llegar hasta aquí con vida… ¡Eso no nos lo quitará nadie!

Regresemos a las dimensiones. Por supuesto, por mucho que recen las paredes del estadio Ciudad de Valencia, el pequeño era el Huesca. La valentía de su entrenador, la apuesta por tres delanteros, dejó desguarnecidas otras zonas de su esquema. Un técnico puede disponer sus piezas como estime, pero en la pizarra solo caben once. Pura aritmética. O geomatría pura. Una extraordinaria versión en gramática parda la enarboló a finales de los 60 el entrenador brasileño de San Lorenzo de Almagro Elba de Pádua Lima, ‘Tim’. Es la teoría de la manta corta, de la que ahora se hallan versiones en casi todos los deportes de equipo. Argumentaba con acierto Tim que, si te tapas la cabeza, te destapas inevitablemente los pies, y viceversa. Es decir, que un equipo, sobre todo si es limitado, pequeño, no puede atacar y defender bien. Eso le pasó al Huesca en Orriols en el primer tiempo, que intentó atacar como nunca con tres delanteros y, lógicamente se quedó con los pinreles al aire.

Al minuto ya le había zurrado a puerta el exzaragocista Rochina, motor del Levante. Poco después, el también exzaragocista Roger Martí remató al larguero. Enric Gallego fabricó la mejor aproximación visitante a los seis minutos. Pese a la lesión del central Postigo, el Levante no perdió el sitio. Dueño de la zona ancha, encontró un filón en el sector defensivo izquierdo altoaragonés. Por allí se coló Morales. Tras robarle la cartera a Diéguez, asistió a Roger Martí, que marcó a placer. El partido se refrigeró tras el gol local, aunque las mejores ocasiones continuaron correspondiendo al Levante, que pudo ampliar su renta en un remate diáfano de Morales tras otra monumental pifia de Diéguez. Antes del descanso, el árbitro no se atrevió a pitar una clarísima falta sobre Yangel en el borde del área. Sí se atrevió a pitar Del Cerro Grande para anular un gol al Huesca en el tiempo añadido. No hubo ni consulta al VAR. Falta de Enric Gallego y no se hable más.

Y no se habló más hasta la segunda mitad. Francisco consideró que además de tener muchos jugadores en ataque, para atacar de verdad convendría también tener la pelota. Con la misma manta, el Huesca se apretó más sobre la alfombra verde. Así se está más calentito. Así, para aumentar la posesión de la pelota, echó al prado a Ferreiro en lugar del Cucho Hernández. Y efectivamente, tuvo mayor posesión en los segundos 45 minutos. Dialogó más con la pelota el Huesca en el segundo acto. Palabras bien articuladas como tocar, hilar, incluso rematar. El Levante no se sintió ofendido en un principio por la oratoria altoaragonesa. Dejo hablar el Levante, y el Huesca se fue convenciendo de su discurso. Así igualó Enric Gallego en un precioso remate de cabeza. Cada vez más firme en su argumentación, los granotas se sentían incapaces de acallar a un Huesca dominador. Pero donde no supo decir chitón el Levante apareció el VAR para taparle la boca al Huesca. Llegó un derribo de Mantovani sobre Morales. Morales acabó saliéndose del área, pero penalti. Morales lo transformó en gol: 2-1.

Con todo en contra, el Huesca se supo quitar rápidamente el esparadrapo. No solo eso. También se pintó la cara y se fue a pecho descubierto a por el Levante. Así empató el Chimy Ávila. Ferreiro, catalizador de la reacción aragonesa, tuvo el partido en sus botas, en un peligrosísimo lanzamiento cruzado. También pudo haber firmado la victoria Enric Gallego, con un espléndido remate de cabeza al larguero. Al final, solo un punto, muy poco premio para un Huesca que necesitaba ganar más que nunca.

Ficha del partido

Levante: Aitor Fernández, Moses (Jason, 68), Coke, Postigo (Chema, 14), Rober Pier, Luna, Campaña, Rochina (Borja Mayoral, 79), Bardhi, Morales y Roger.

Huesca: Santamaría, Pulido, Diéguez, Mantovani, Javi Galán, Moi Gómez, Rivera, Yengel Herrera (Juanpi, 58), Cucho Hernández (Ferreiro, 46), Chimy Ávila (Melero, 88) y Enric Gallego.

Goles: 1-0, min. 19: Roger. 1-1, min. 63: Enric Gallego. 2-1, min. 65: Morales, de penalti. 2-2, min. 69: Chimy Ávila.

Árbitro: Del Cerro Grande (Comité madrileño). Amonestó por el Levante a Chema y a Roger; y por el Huesca a Cucho, Diéguez, Chimy Ávila y Juanpi.

Incidencias: partido disputado en el estadio Ciudad de Valencia ante 19.824 espectadores. Ricardo Ten, ciclista que ha obtenido dos medallas de oro y una de bronce en el Campeonato Mundial de ciclismo adaptado en pista, hizo el saque de honor.

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