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Real Zaragoza
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El valor del detalle

Estaba mil veces anunciado que cada partido en esta Liga de enorme igualdad se iba a resolver por el detalle, por el acierto, por esas cuestiones de apariencia menor. Y ayer volvió a cumplirse la premisa: ganó la Real Sociedad porque supo sacarle jugo a un córner -¡qué vía crucis zaragocista!- y a un penalti cometido por el capitán Paredes que cerró el partido. Porque ese 2-0 fue un portón que adelantó el final de un duelo al que después le faltó vida. Y al que el Real Zaragoza fue incapaz de revitalizar.

No es el mismo Real Zaragoza. Tuvo, sobre todo en la primera parte, más presencia, más rigor. Se hizo dueño del juego y, además, disfrutó de ocasiones. Se notan las incorporaciones y se nota el trabajo de ensamblaje desarrollado por el técnico a lo largo de las dos últimas semanas. Por eso, el partido se desniveló del lado blanquillo en el primer tiempo, aunque no tuvo reflejo en el marcador.

Después, y tras el ímpetu inicial, los goles minaron la moral zaragocista; el equipo volvió a sentirse frágil, enclenque. Ni siquiera Apoño -que arrancó en el banquillo- volvió a entregarle criterio. Y una Real con un recorrido escueto, sin alardes, se hizo dueña del partido y lo fue dejando morir, asustando, incluso, la meta de Roberto.

El Real Zaragoza no es, ni mucho menos, peor que buena parte de estas formaciones con las que se debe jugar la permanencia. Sin embargo, sólo ha marcado en un partido -el que se llevó en Cornellá- y todavía no ha sido capaz de dejar su puerta limpia en lo que va de temporada. Hoy, para ganar no se puede fallar. Es el valor del detalle.

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