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Luis Suárez: "Cuando me quitan la pelota es como si le quitaran el pan a mi hijo"

El goleador del conjunto aragonés desvela su ambición de cara al año 2020. 

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Luis Suárez brinda para que 2020 sea el año del ascenso.
Toni Galán

Para cerrar el año y desear lo mejor para 2020, ¿quién mejor que Luis Suárez, la gran esperanza del Real Zaragoza?

Muchas gracias.

Vamos, esa copita bien arriba, y a brindar.

El fin de año lo pasaré en Zaragoza. En Nochebuena estuve en Granada.

Guapa, Granada, pero bien guapa... En Nochebuena y en cualquier día del año.

Mi mujer, Ana, es de allí, y fuimos en Navidad. Mi hijo, Lian, nació en Valladolid. Vivo con mi mujer y mi hijo en Zaragoza. Como jugamos el día 3 y hay que estar a tope, ya estoy aquí.

En estas fechas todo el mundo se marca retos para el año entrante. ¿Por qué levanta la copa de cava Luis Suárez?

El objetivo es el ascenso. El zaragocismo lo desea. La meta es el ascenso a Primera. Íbamos por muy buen camino, pasamos después por un bache, pero demostramos que estamos unidos y ahora atravesamos por una buena dinámica.

Le adora una afición tan entendida y exigente como la de La Romareda. Eso no es sencillo...

Para mí es un orgullo enorme que este público tan exigente me trate de esta manera. También lo considero un logro personal. Me lo marqué desde que firmé por el Real Zaragoza.

Esta camiseta la han vestido delanteros de lujo. Y no todos han arrastrado tanta pasión...

El trato que me demuestran a diario es extraordinario. Sé que no solo estoy en un gran equipo, sino en una gran institución.

¿Qué le pide a los Reyes Magos?

Les pido salud para mi familia. En lo futbolístico, que siga mi racha goleadora y que esa racha conlleve el ascenso del Zaragoza. En Colombia se celebra el Niño Jesús o el Niño Dios. Allí las Navidades son diferentes: hace mucho calor y una humedad muy alta. No es como aquí, que hace frío.

¿Cómo celebraba las Navidades en Colombia?

Yo soy de Santa Marta. Solíamos ir al pueblo de mi madre, Aracataca. Además, en Nochevieja cumple años mi abuelo Luis. Ya tiene casi 60 años.

¿Qué le regalaban en Navidad?

No todos los años tuve los regalos que quise. Y en los años que no hubo, uno, como niño que era, no lo entendía.

Le entiendo, Luis... Aunque hay chabolas que son hogares, y palacios que no lo serán jamás.

Por supuesto, así es. Y donde no hay felicidad, no hay nada.

Ya lleva 13 goles... Eso es felicidad para el Real Zaragoza. ¿Cuántos va a meter hasta lograr el ascenso?

Desde el primer día que llegué dije que no me ponía una cifra.

El año pasado ya hizo siete goles con el Nástic de Tarragona.

Igual que le digo que no me pongo una cifra de goles, le digo también que con 13 goles no tengo la temporada hecha. Quiero seguir marcando, ayudando al equipo.

Hace dos meses, charlando en esta misma mesa sobre la que ahora hay cava, usted me dijo sin cortarse ni un pelo que quería ser el mejor delantero del mundo...

Y todavía lo sigo pensando. Y trabajo a diario por ello.

Me encanta. Le sale todo. Quizá porque lo busca todo, claro.

Todo influye. Tener ganas de triunfar es muy importante.

Hambre de victoria...

Quiero que a mi hijo y a los próximos que vengan no les falta de nada. En el campo siento que cuando me quitan la pelota es como si le quitaran el pan a mi hijo. Y eso no lo permito.

Creo que esta frase que acaba de decir no se estudia en los cursos de entrenadores, pero le juro que es lo más claro que he escuchado en mi vida sobre fútbol.

A ver si entre todos logramos el objetivo. Sería muy bonito ascender a Primera División con el Real Zaragoza.

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