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Sporting de Gijón-Real Zaragoza: dos equipos con ansiedades

Los de Víctor Fernández visitan este domingo El Molinón (16.00) con la obligación de ganar para no caerse de la zona noble de la tabla por primera vez. En frente, los gijoneses viven en la parte baja, muy lejos de sus aspiraciones.

Víctor Fernández y los jugadores del Real Zaragoza, en una de las diversas charlas que han mantenido durante la semana en los entrenamientos.
Víctor Fernández y los jugadores del Real Zaragoza, en una de las diversas charlas que han mantenido durante la semana en los entrenamientos.
Daniel Marzo

Sporting y Real Zaragoza se sientan en el diván esta tarde, en el viejo Molinón, a la hora de la sobremesa y el café (16.00), para contarle al psicólogo el estado de la profundidad de sus respectivos baches, la hondura de sus crisis de identidad a estas alturas de la liga.

Los dos se juntan desde el mediodía en la sala de espera para ser revisados y chequeados de sus devaneos mentales, de sus dudas intestinas, del deterioro en la respuesta a sus objetivos iniciales en esta liga 2019-20. Pero, paradójicamente, el destino los ha reunido hoy en tierras norteñas viniendo de lugares totalmente opuestos en su camino vital, pues los aragoneses comparecerán en el estadio asturiano todavía inmersos en la zona noble de la tabla (comenzaron la jornada en el 5º lugar, de donde nunca han bajado hasta hoy), mientras que los rojiblancos se atascaron desde el inicio en la parte más baja del escalafón de Segunda y, de no haber ganado el pasado fin de semana 0-1 en Elche –marcador crucial para no entrar en una explosión interna que hoy estaría en plena combustión–, su entrenador, José Alberto, hubiese sido fulminado.

Y es que, si se mira la clasificación, esta consulta relevante al doctor del ánimo parece obvia en el caso de los de Gijón, que llevan semanas malviviendo en el vagón de cola y llegan a este final de octubre en el 15º puesto, al ras del montacargas del descenso a Segunda B. En su caso, lo del diván, la administración de ansiolíticos para evitar una depresión monumental y los apoyos externos parecen medicina clara y necesaria.

No debería ser así en el caso del Real Zaragoza. El caso clínico del cuadro aragonés es otro bien diferente. Aquí, como ya pasó otras veces (tiempos de Popovic, días de Paco Herrera, hasta los de Idiakez), las crisis interiores nacen, crecen y las reproducen sus agentes patógenos aunque el equipo esté en la parte alta de la tabla, simplemente porque el día a día no responde al cien por cien a la perfección exigida por su organismo. Es un tanto sibarita el Real Zaragoza en este sentido. O todo va perfecto –pero perfecto, perfecto– y responde a determinados ordenamientos preestablecidos, o se aplican tratamientos de dura digestión aunque la situación no parezca requerir semejante dureza evaluativa. Es como curar un catarro con antibióticos o un uñero con anestesia general y quirófano.

Y así están las cosas en los prolegómenos a esta cita que, por más años que pasen en Segunda, seguirá teniendo siempre aroma de Primera para ambos rivales. El Sporting aspira a enlazar dos victorias seguidas y, de repente, ha visto la luz a su infierno tras ganar en Elche. En frente, el Zaragoza llega con el objetivo de evitar un tercer revolcón encadenado, tras los del Fuenlabrada y Mirandés. De no ganar en Gijón, los de Víctor Fernández ensancharían una dinámica mala, que ahora mismo acredita una sola victoria en los últimos siete choques. Si hubiera otra derrota, serían cuatro en los últimos cinco envites dirimidos. Por estos números, justamente, llega el aviso de problemas para los zaragocistas, aunque su 5ª posición en la tabla les aporte un efecto placebo que, en el fondo, tiene su peligro. El riesgo de los blanquillos es más por los síntomas de enfermedad que se pueden adivinar que por lo que, en puridad, les sucede en el presente más rabioso. O sea, que si logran ganar, como hicieron hace 15 días en Soria, la febrícula habrá vuelto a remitir. Así de fácil.

Víctor Fernández, tras una semana áspera, va a mover el género. Se verá una defensa de cinco, con tres centrales, un dibujo de 5-3-2. Entrarán en juego Grippo, Lasure y Ros. Se caerán Nieto y Eguaras. Habrá otra oportunidad para la reanimación de Kagawa e Igbekeme, dos piezas claves que viven en estado de languidez hace un tiempo cada vez más largo y pernicioso.

Sin Dwamena (baja que ya se ha asumido como definitiva por todo el mundo), sin los lesionados Pombo, Delmás y Vigaray, a Víctor Fernández se le ha rasgado la plantilla en la delantera y, curiosamente, en el lateral derecho de la defensa. Por eso va a volcar la romana hacia la acumulación de centrales, repertorio que sí está al completo, insistiendo con Guti en su nuevo rol de ‘2’ en la zaga y con Soro de nuevo como elegido para acompañar al pichichi Luis Suárez en punta. No lo hizo mal el cincovillés el último día de pésimas sensaciones ante el Mirandés, fue de lo único salvable, gol incluido. Y eso tiene premio en días de pocos brillos globales.

El Sporting será un rival con aspecto duro por fuera, aguerrido en el pitido inicial y bravo en los primeros minutos. Pero, bajo su epidermis, subyace un equipo vulnerable, con su gente dudando de todo, con poca estabilidad mental. Por ahí está la vía del éxito del Zaragoza hoy en El Molinón: saber manejar las histerias del adversario, ser certero en los momentos clave. Claro que, en Gijón, piensan lo mismo en sentido inverso cuando ven a los zaragocistas...

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