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Zaragoza, once mil veces te quiero

Once mil zaragocistas, la mejor entrada reciente en el Memorial Carlos Lapetra, empujan a la victoria y sacan a hombros al portero Cristian, autor material del triunfo ante el Alavés al parar tres penaltis en la tanda  

TROFEO CIUDAD DE ZARAGOZA CARLOS LAPETRA / 07-08-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FTP PRINCIPAL FOTOGRAFOS]]]
Cristian Álvarez detiene el penalti definitivo.
Guillermo Mestre

La mejor afición y el mejor portero. Lo demás ya lo armará Víctor Fernández, que, después de afirmar hallarse «descolocado» tras la venta de Pep Biel (sin duda la mejor operación del Real Zaragoza en el último lustro), ayer se mostró tan activo como el colectivo que gestiona. O sea, un montón... Agradó el equipo del león rampante, que le miró a los ojos durante los 90 minutos (0-0) a un Alavés que el pasado curso acarició Europa e incluso coqueteó con la Champions. La simple relectura del enunciado anterior llena de argumentos al zaragocismo. La mejor afición de la competición empujó a su equipo y sacó a hombros al mejor portero de la categoría, Cristian Álvarez, autor material del triunfo y del título en el Memorial Carlos Lapetra, al detener tres de los cuatro penaltis lanzados por los vascos (3-2).

Andoni Cedrún incluso tilda al guardameta zaragocista de extraterrestre. No es nada nuevo, lo hemos reiterado mil veces. En esta página regresaremos a la Tierra para calificar a Cristian Álvarez simplemente como el mejor portero de Segunda. De Segunda... y también mejor que bastantes porteros de Primera. Los del Alavés no parecen malos precisamente. Pacheco lo ascendió y lo consolidó en Primera, y Sivera defiende el portal de la selección española sub 21. Pero Cristian es otra historia. Una auténtica barbaridad. La entrega del trofeo a manos del portero argentino resume sintéticamente la cita. Javi Ros, el hombre que lució el brazalete zaragocista en el inicio, el que saludó en el centro del campo al capitán rival, Manu, tampoco lo hizo nada de mal; pero Cristian Álvarez, que tomó el brazal al ser reemplazado el motor navarro del Zaragoza, encarnó la victoria. Sin ninguna duda, fue el verdadero factor determinante, el hecho diferencial entre un bonito equipo de Segunda en construcción y un enemigo de Primera. Incluso perdiendo en la tanda, el sabor de boca habría sido agradable, pues se le plantó cara a un rival de Primera. La victoria robustece la autoestima de una afición y de un equipo que ayer se declararon creyentes.

Si el portero del Zaragoza es de Primera (y no de los malos de Primera, repito), la afición del Zaragoza también es de Primera. En plena canícula de agosto, con 33 grados a la sombra a la hora de tomar la salida el partido, el dato de que se citaran 11.000 espectadores en La Romareda merece un subrayado. En anteriores citas no fue ni la mitad. Ayer, por ir, fue hasta el alcalde, Jorge Azcón, que empuja y empujará como el que más por el ascenso a Primera. Se arremangó el personal para estimular a los suyos. Admirable La Romareda, una vez más. Además, ayer, entre renovaciones y altas, se alcanzó la cifra de 24.415 abonados. El año pasado se llegó a los 27.000, pero fue a finales de septiembre. Este año lo superaremos del mismo modo que los 11.000 zaragocistas ayudaron a superarse a su equipo. Superar lo de Cristian ya es más complicado... El mejor portero y la mejor afición, reitero hasta la saciedad. En Segunda, no nos supera nadie. En Primera, solo los seis grandes. Los demás tendrían que hacer cola aunque ahora habiten en una estancia superior. Afición y portero. Si Víctor Fernández continúa con la evolución que ayer mostró, en unos meses celebraremos algo bien gordo.

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