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Figueroa Vázquez, 'El Meticuloso', eligió fatal su uniforme

En un día donde el Real Zaragoza vestía de avispa... el árbitro andaluz lució camiseta y pantalón negros y medias amarillas. Era difícil distinguirlo de los zaragocistas.

Figueroa Vázquez, el árbitro, de negro y amarillo, a la izquierda de la jugada, repleta de jugadores amarillos y negros del Real Zaragoza.
Figueroa Vázquez, 'El Meticuloso', eligió fatal su uniforme
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Muchos árbitros adoptan (o realmente son así) poses y conductas autoritarias, meticulosas y llenas de detalles evitables, por nimios, en el discurrir de un partido de fútbol. Es el caso del andaluz Figueroa Vázquez, el juez del Real Oviedo-Real Zaragoza del pasado sábado en el Carlos Tartiere. La expulsión de Ratón, por doble amarilla en el tiempo de aumento, al considerar que el portero zaragocista estaba perdiendo tiempo exageradamente, define este modelo de aplicar el reglamento, con diferente rasero en acciones concretas que otros colegiados (la mayoría, casi todos) manejan de otra forma menos estruendosa.

Sin embargo, suele ocurrir también, estos mismos árbitros, tan delicados en unos aspectos del juego y sus accesorios, suelen cometer errores palmarios en otros apartados más evidentes, llamativos y sencillos de solucionar. Le pasó al impetuoso Figueroa en Oviedo. Fue con su indumentaria y la de los jueces asistentes. Eligieron mal los colores a lucir. Les falló el cromatismo y se convirtieron, principalmente el primer árbitro, en piezas confundibles en momentos de acumulación de jugadores del Real Zaragoza a su alrededor.

Todo porque el Real Zaragoza formó con el uniforme avispa, es decir, camiseta amarilla y negra, pantalón negro y medias negras. En otro tiempo, que el Oviedo vista camiseta azul, pantalón blanco y medias azules, justo el negativo del primer vestuario zaragocista (blanco-azul-blanco), no obligaba a los aragoneses a cambiar su ropa. Se han jugado décadas y décadas este tipo de partidos (en La Romareda y en campo ovetense) con ambos equipos utilizando su uniformidad habitual y nunca hubo problema alguno. Jamás. La modernidad dice que no. Que el visitante ha de cambiar para que todo sea más nítido en televisión. Perfecto. Pero llega el árbitro, despistado él, y lo estropea.

Porque Figueroa Vázquez no debió considerar necesario llevarse de casa la camiseta roja, o la verde (la azul y la amarilla esta vez no eran posible, claro está). Ya extrañó verlo calentar, junto a sus colegas de equipo arbitral, una hora antes, con el pantalón negro y las medias amarillas (arriba llevaban un cabezal de chándal). Olía a error cromático en el atrezzo de los colegiados. Y así fue. Figueroa y los demás jueces iban con camiseta negra, pantalón negro y calcetines altos amarillos. El mismo pantalón que el Real Zaragoza. Y tan negativo el negro-amarillo de su camisa y sus medias como hubiera sido respecto del Oviedo que el Real Zaragoza hubiera jugado en el Tartiere con su habitual equipamiento blanquiazul.

Hubo jugadas en las que costó ver al árbitro, especialmente cuando la luz artificial empezó a predominar. La culpa solo cabe achacársela a él. Al equipo visitante le prohiben lo que luego los árbitros cometen, caso de Figueroa en Oviedo. El meticuloso, debería serlo con todo. Sobre todo en lo que a él mismo concierne.

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