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El sello de don Vicente

Su conocimiento del fútbol y su personalidad han sido claves para el éxito de España. El salmantino ha administrado y mejorado la herencia de Luis Aragonés.

Vicente del Bosque hace un gesto de aprobación durante el partido de ayer.
El sello de don Vicente
EFE

Vicente del Bosque ha reconocido en varias ocasiones que una de las personas del mundo a las que más admira es Santiago Martín, 'El Viti', paradigma del torero capaz de conjugar el arte con la sobriedad, el talento con la contención, la fiesta con la seriedad.Si uno observa al seleccionador en su quehacer diario, no tarda un segundo en entender su admiración por el maestro de Vitigudino. Más allá de su apariencia bonachona y afable, Del Bosque también es un poco así: sobrio, serio y contenido. Hablamos de un personaje extraño en el mundo del fútbol, tan lleno de egocéntricos incurables, charlatanes de feria, fundamentalistas e iluminados de todo tipo. En medio de la inquietante fauna que nace de la sobreexposición a los focos y a los millones, la figura del técnico salmantino emerge como una rara avis, como un ejemplo de sensatez, sentido común y saber estar tanto en la victoria como en la derrota. Su impacto en la selección española se puede analizar desde diversas perspectivas.

Vicente del Bosque heredó una selección campeona de Europa y, desde el primer minuto, reconoció su deuda con el antiguo seleccionador y actuó en consecuencia: manteniendo el bloque de futbolistas y, por supuesto, el estilo de juego que había coronado a España. Nunca quiso ponerse galones ni cayó en la tentación de hacer cambios para dejar su sello. Se dedicó a administrar bien la herencia y, con el tiempo, a efectuar algunas inversiones sin riesgo, caso de Piqué o de Busquets, o de otras jóvenes promesas que llamaban a la puerta como Navas, Llorente, Javi Martínez y Pedro. Su gestión, en ese sentido, ha sido impecable. Bajo su mando, la selección no sólo ha mantenido su nivel competitivo de la Eurocopa sino que lo ha reforzado.

El éxito de España en Sudáfrica comenzó a gestarse el mismo día en que se anunció la lista de 23 jugadores para el Mundial. Todas las convocatorias están sujetas a debate, pero había algo en la de Vicente del Bosque que nadie podía negar: justicia a la hora de llamar a los que él creía los mejores. Para ser justo se necesita muchas veces ser valiente, y el técnico salmantino lo fue. Actuó en conciencia. El tiempo le ha dado la razón. El equipo ha respondido y el ambiente en el grupo ha sido formidable.

La presión mediática que se vive en un Mundial es enorme. El ambiente puede llegar a ser irrespirable y muchos seleccionadores han sido víctimas de ello. Vicente del Bosque se ha movido con maestría en este torbellino, hasta el punto de que el entorno de España ha sido una balsa de aceite. Siempre educado y accesible, a ratos contenido para no entrar en polémicas estériles, su relación con los medios ha sido tan exquisita que los enviados especiales le regalamos un balón con nuestras firmas para que lo tuviese de recuerdo de Sudáfrica.

Vicente del Bosque no acostumbra a las charlas personalizadas con sus pupilos, a los que llama por su nombre de pila. De eso se ocupan más su segundo, Toni Grande, que es incluso el que les lee a los jugadores la cartilla con las indicaciones tácticas cuando saltan al campo, y Javier Miñano, que aparte de preparador físico es un buen psicólogo. En general, el seleccionador habla al grupo, al equipo, aunque también hace excepciones.

Tras la victoria ante Alemania, dentro del vestuario, llamó a Puyol y le dijo, delante de sus compañeros, que era un ejemplo y que no se daba por enterado de su decisión de abandonar la selección después del Mundial. Los que le conocen bien dicen que el seleccionador sabe mantener las distancias sin que ello suponga una falta de cercanía.

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