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S.D. HUESCA

El Huesca se atasca en Ejea (2-2)

El equipo azulgrana no pasó del empate en Luchán ante un rival que ofreció una imagen muy positiva

El Huesca se marchó ayer a Ejea para seguir su línea de preparación. Antonio Calderón tuvo que alinear un equipo de circunstancias debido a las lesiones que tiene el equipo, por lo que no le quedó más remedio que experimentar. Puso a jugadores en posiciones distintas a las habituales y el equipo lo notó.

El Ejea demostró sus credenciales. Los zaragozanos han armado un buen equipo. Saben lo que tienen que hacer y no se andaron con contemplaciones para frenar el juego del rival. El equipo local aguantó muy bien la primera parte y el Huesca sufrió hasta el punto de que se fue al descanso con el marcador en su contra.

El contratiempo para los altoaragoneses llegó muy pronto. A los dos minutos, la defensa no logró sacar el balón de su área y un centro desde la derecha propició el gol de Álvaro Herrando.

El partido tenía el guión cambiado. El pequeño se comía el grande y los azulgrana no lograban apretar la tecla adecuada. El Huesca contestó con una ocasión de Pérez Rubio, pero su disparo salió rozando la meta de Aznar. La polémica llegó en el minuto 18, cuando el Huesca reclamó un posible penalti a Ramón.

En los primeros 45 minutos, el Huesca no se encontró cómodo sobre el campo. Sus centrales abusaron de los pases largos. Decidieron cambiar la jugada hilvanada por el patadón y no fue hasta el minuto 27 cuando igualaron el encuentro. Rubén Castro se aprovechó de un error del meta del Ejea y logró el empate.

Pero el Ejea volvió a hacerse con el partido en el minuto 23 y, gracias a otro despiste del Huesca, se adelantó en el marcador. En esta ocasión llegó de la mano de Camacho, con un ¡comprometido pase a su defensa del que se aprovechó Diego Gómez.

La segunda parte fue muy distinta. El Huesca impuso su calidad y acorraló al Ejea, que siempre iba a la búsqueda del cuero. En el minuto 61, Camacho enmendó su error y empató el encuentro. El Huesca pudo desequilibrar la balanza después, sobre todo con una vaselina de Rubén Castro que desbarató Aznar, y con un disparo al palo de Ramón.

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