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REAL ZARAGOZA

El definidor

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Adrián Colunga, en un entrenamiento en la Ciudad Deportiva.
El definidor
TONI GALáN/ A PHOTO AGENCY

El gol, el bien supremo en el fútbol, el alimento del delantero, el juez que delimita el fracaso y el éxito. Desde que aterrizó en enero en La Romareda, la trayectoria de Adrián Colunga se ha caracterizado por dos máximas: su encasillamiento como revulsivo y su facilidad para superar al guardameta rival. Pese a que José Aurelio Gay sólo le ha entregado en cuatro partidos la camiseta de titular, el asturiano se ha encaramado a la segunda posición de la tabla de goleadores zaragocistas en la temporada. Su diana en Riazor, su última contribución, supone una vital inyección de tranquilidad en la carrera alocada por sellar la permanencia en Primera División.

No está resultando sencilla la vida de Colunga en tierras aragonesas. El banquillo está siendo su compañero más fiel, un nido de frustraciones que no ha permitido que le doblen. Desde que debutó en Tenerife sustituyendo a Eliseu, el ovetense únicamente ha completado cuatro encuentros en su integridad. En tres ocasiones no ha disputado un solo minuto y en la gran mayoría de choques se ha limitado a devorar los ratitos que el técnico le ha concedido. Todo un examen a su capacidad de resistencia y superación que está superando con nota. La receta la sirve el propio jugador: "Hay que tener muchísima fuerza mental en mi situación. Trabajo para jugar, ya sean diez minutos, quince o veinte. Estoy para aportar al equipo, que es lo realmente importante. Mi trabajo es estar a punto para cuando el entrenador decida que debo ser importante". Ni un gramo de reproche. Un comportamiento profesional y admirable.

Sabida es la carestía realizadora del Real Zaragoza en el presente ejercicio, especialmente en su línea de vanguardia. Humberto Suazo, también llegado en enero, es el 'pichichi' del colectivo con seis goles. Le siguen Javier Arizmendi y Adrián Colunga, con cinco. La nómina de atacantes la completa Ángel Lafita, con tres tantos. Entre dos aguas, el centrocampista Abel Aguilar con sus cuatro goles en la primera vuelta.

Pero ninguno acredita una efectividad tan descomunal como Colunga. Únicamente precisa 115 minutos para capturar un gol. Este ratio no tiene comparación entre sus compañeros. Las cifras son delatoras. El Chupete Suazo necesita justo el doble de tiempo para encontrar la red enemiga (un gol cada 230 minutos). Mucho más atrás se queda Javier Arizmendi, con una diana cada 394 minutos. Ángel Lafita eleva la cantidad a 579 minutos.

Si lo comparamos con los grandes arietes del campeonato, Colunga les observa desde la cercanía: Gonzalo Higuaín golea cada 85 minutos, Leo Messi cada 88, Cristiano Ronaldo cada 100 y David Villa cada 127.

Patrón habitual

Así como todo asesino se ajusta a un patrón semejante para acometer sus atrocidades, Adrián Colunga también deja su particular sello en el momento de descerrajar las porterías contrarias. Todos sus goles como zaragocista se resumen en un manual muy conciso.

Desmarque, velocidad y definición conforman esta trinidad de virtudes. El asturiano posee una capacidad innata para ofrecer opciones al pasador. Dibuja autopistas infinitas. Cuando conectan con él, aplica un poderoso sprint que saca de rueda a los defensores. La finalización es otro arte que domina con exquisita pulcritud. Los nervios rara vez le acompañan. Su frialdad para batir al cancerbero es un tesoro.

Tenerife, Barcelona (en dos ocasiones), Real Madrid y Deportivo integran su lista de damnificados.

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