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BALONMANO

El CAI acaricia la gesta

El conjunto naranja cae en los dos últimos minutos ante el mejor equipo del mundo, por 21 a 24. Exhibición de raza y juego aragoneses.

Jerome Fernández marca el 21-22, decisivo.
El CAI acaricia la gesta
ASOBAL

Lloraba como un niño Jorge Maqueda a la conclusión, mientras Luc Abalo recibía el trofeo de mejor jugador del partido y Arpad Sterbik recogía un trofeo de mejor portero que todos señalaban a Pablo Hernández como destinatario. La omisión de Hernández no constituyó la única injusticia de un encuentro memorable, épico, la hora maravillosa en la que el CAI Aragón se sintió mejor que el mejor equipo el mundo, el Ciudad Real. Tan solo sobraron dos minutos para consumar la gesta, la que hubiera significado la sorpresa mayúscula del curso en el balonmano español y, por supuesto, de la Copa del Rey que ayer arrancó en Antequera. Se le escurrió la gloria al mejor CAI.

No era gratuito el llanto de Maqueda. Él mejor que nadie sabe lo que ayer se hizo y se deshizo en Antequera. El cañón toledano protagonizó la jugada del partido. Apenas restaban dos minutos y unos segundos. Con 21-22 en el marcador, Maqueda fue agredido por Viran Morros. La bola llegó a manos de Lamadrid, que fue objeto de un penalti clarísimo. Los árbitros ni se atrevieron a excluir a Viran ni a señalar penalti. El Ciudad Real estaba entonces en inferioridad numérica. Con unos árbitros justos, el CAI Aragón habría disfrutado de una acción inmejorable para empatar y jugar los últimos minutos en superioridad de dos hombres. El Ciudad Real recuperó la pelota y sentenció el choque en una preciosa finalización de Luc Abalo.

Antes de que Casado y Vera se cagaran en los pantalones, se vio un encuentro sensacional, para retener en la memoria. Hubo fases de extraordinario juego en ataque y, por encima de todo, siete hombres como siete castillos en defensa. Los escasos 24 goles recibidos plasman el enorme esfuerzo aragonés, además del acierto de Iñaki Malumbres, sensacional durante la primera parte. La eficacia del portero, en la que tanto tiene que ver siempre el respaldo de la defensa, y el aporte regular del ataque fabricaron un primer tiempo sobresaliente, con ventajas de hasta tres goles (7-4, minuto 15), que menguó al descanso (11-10) tras reaccionar un Ciudad Real propulsado por los internacionales franceses Jerome Fernández y Luc Abalo.

Apareció Sterbik en la reanudación, que solo dejó anotar un gol al CAI Aragón en 15 minutos. El Ciudad Real se fugó en el marcador empujado por el extraordinario acierto de su portero y por el amparo arbitral. Ruiz Casanova se tuvo que marchar a los vestuarios en el minuto 39. El vídeo de ayer merece ser visto no solo por el magnífico juego desarrollado, sino por media docena de acciones absolutamente decisivas perpetradas por Casado y Vera.

 

Pablo salta al ruedo

Cuando nadie daba una perra por el conjunto aragonés, apareció el mejor CAI. Pablo Hernández saltó al ruedo y la noche, la oscuridad, se hizo en el ataque manchego. Fredrik Larsson entonces tomó el violín y los naranjas comenzaron a danzar. Baile histórico al Ciudad Real. Un gol, otro gol y otro gol. El mejor equipo del mundo tiritaba, pedía la hora. Casado y Vera salieron al rescate. Con 18-19 excluyeron al mejor defensor aragonés, Arrhenius. Pero la riada del Ebro ya había inundado el torcal de Antequera. Maqueda igualó a 19 con un gol estrotosférico en inferioridad. Larsson, con el cuchillo entre los dientes, firmó el empate a 20. La afición del Antequera, la del Valladolid, la del Ademar, la del Naturhouse La Rioja, esto es, todo el pabellón gritaba “CAI, CAI, CAI”. Talant Djushebáev pedía agua en el banquillo. Abel Lamadrid firmó la última igualada (21-21) en el minuto 57. Luego, marcó Jerome. Después, se consumó la injusticia. Y lloró el niño Maqueda, el benjamín, el que lleva la bolsa de los balones, el que ayer mereció llevarnos a la gloria eterna. Y lloramos todos. Jugando como ayer, algún día, y no tardando, Maqueda llorará de alegría. Algún día, y no tardando, lloraremos todos.

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