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REAL ZARAGOZA

Bandrés vuelve a las aulas

El ya ex presidente se retira de la vida pública durante un tiempo para centrarse en su labor académica.

Eduardo Bandrés Moliné, el catedrático Bandrés, dejó de ser ayer el presidente del Real Zaragoza para retomar, en un segundo, la esencia de su profesión docente, la que siempre tendrá como cimiento al margen de sus vinculaciones políticas en determinados momentos de su vida. Incluso algunas fuentes consultadas anoche por HERALDO apuntaban a que el profesor puede irse a impartir clases a Estados Unidos, hecho que el protagonista negó.

 

Bandrés se despidió en primera persona, con los ojos vidriosos, con el verbo más acelerado de lo habitual fruto de la solemnidad del momento. Dimitió al lado de un hierático Agapito Iglesias que le miraba de soslayo con ademán incómodo. Un trago amargo de hiel para un zaragocista de cuna que ha visto truncado su sueño de llevar al Real Zaragoza a las cotas más altas de triunfos, tal y como planeó un día cuando llegó por sorpresa a este cargo de responsabilidad.

 

Su discurso, escrito en un papel de manera excepcional, tuvo partes esponjosamente amables ("mi agradecimiento a quien, en su día, me propuso acceder a la presidencia, mi amigo Agapito Iglesias", dijo) y otras cargadas de electricidad e, incluso, envenenadas para los que se quedan al frente de la SAD desde hoy. Entre estas últimas, destacó una, la que más mensaje portaba: "Entiendo que el modelo de las sociedades anónimas deportivas necesita una profunda reforma que reconozca la singularidad del fútbol, su arraigo territorial y social, su vinculación a la gente que lo hace posible. En definitiva, su condición de bien colectivo por encima de los títulos mercantiles de propiedad. El fútbol solo puede ser lo que los aficionados quieren que sea", aseveró afiladamente sabiendo perfectamente el nombre de los destinatarios de la idea.

 

No quedó ahí la cosa. Bandrés dejó flotando en el entorno de Agapito otra prosa de hondo calado que, probablemente, el soriano no captó in situ y que, con el paso de las horas, deberá rumiar con poco agrado. "Tiempo habrá para reflexionar, sin las urgencias del momento, sobre la mejor manera de enfocar el futuro de este Real Zaragoza que se debe decidir, tras un amplio debate social y ciudadano, qué quiere ser y cómo quiere ser en el fútbol profesional español". Nada que ver, como se puede colegir fácilmente, con el plan que lleva en mente Agapito Iglesias.

 

Bandrés se saltó a posta la frontera de la diplomacia cuando decidió ofrecer un argumento de peso para justificar su marcha del Zaragoza en momentos tan delicados. "Recuperada el año pasado la categoría, entendí que mi continuidad era conveniente para restañar las heridas deportivas, sociales y económicas que el paso por la Segunda había dejado en el Real Zaragoza. Sin embargo, apenas unos días antes de llegar al ecuador de la temporada, observo que mi presencia al frente de la sociedad como presidente y consejero delegado puede haberse convertido en un obstáculo dentro y fuera del Zaragoza", narró sin edulcorante alguno, poniendo de manifiesto las fuertes fricciones que, en los últimos meses, el sector 'aragonés' de los dirigentes zaragocistas (Bandrés y los consejeros que ayer dimitieron) ha venido sufriendo con el 'aparato' foráneo que ha montado a su alrededor Agapito Iglesias.

 

Otra de las frases medidas que el erlano dejó para la posteridad fue la que hacía referencia al reconocimiento de los graves fallos que los directivos zaragocistas han cometido en los últimos tres años y medio. "Como presidente, me siento responsable al completo de los errores que, entre todos, podamos haber cometido". Bandrés, esta vez sí, adoptó la pose de la humildad a la que tanto se resistió mientras estuvo en el cargo pero dividió en cuotas la responsabilidad de tantos despropósitos cuando incluyó el "entre todos" en su mea culpa.

 

El adiós se dibujó atropellado. Bandrés aguantó la emoción como pudo y lanzó un abrazó a Agapito que este respondió incluso con un beso en la mejilla. Y, antes de abandonar la sala de prensa cabizbajo, el catedrático ex presidente quiso saludar uno por uno a todos los periodistas que cubrieron la histórica comparecencia. En su adiós al Real Zaragoza, Bandrés dijo irse "sin ninguna acritud, sin ningún rencor, sin cuentas pendientes que saldar". Ese apretón de manos con la prensa fue el último gesto para confirmar su talante postrero.

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