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Basket Zaragoza

Varnado: "De LeBron James aprendí que siempre hay que trabajar más"

El pívot más intimidatorio del Tecnyconta y campeón de la NBA en 2013 reconoce disfrutar de su estancia en Zaragoza

Actualizada 10/11/2017 a las 12:38
Jarvis Varnado estruja un balón en el Príncipe Felipe.Guillermo Mestre

¿Cómo están siendo sus primeras semanas en Zaragoza?

Muy buenas. Estoy disfrutando de la experiencia, tanto con el equipo como personalmente. Espero que siga siendo así.

Ya había visitado la ciudad en enero de 2016 cuando jugaba en el Sassari italiano.

Recuerdo perfectamente aquel encuentro que perdimos, especialmente los gritos y la presión de la afición zaragozana. Me alegro de que en los últimos partidos estemos recuperando aquel ambiente que yo viví en contra hace dos temporadas. De hecho, esa afición que tanto me impactó fue uno de los motivos para aceptar la oferta del Tecnyconta. El otro fue el hecho de que todavía no había disputado la liga española, una competición de la que todo el mundo me había hablado muy bien y en la que me apetecía probar.

¿Le acompaña su familia en esta aventura?

Todavía no. He comprobado que Zaragoza es una ciudad muy adecuada para una familia. Tanto mi mujer como mis tres hijos (Caden de 10 años y Jarvis Jr. y Joy, que son gemelos de un año) vendrán y se instalarán próximamente.

Usted nació y creció en Brownsville, en el estado de Tennessee, según indica la ACB.

En realidad nací en Fairfax (Virginia). Mi padre era militar allí. A los pocos meses de nacer yo, nos enviaron a la base de Fráncfort (Alemania) y, al cabo de un año y medio, nos mudamos a Brownsville, que es la localidad natal de mi madre. Allí permanecí hasta que ingresé en la Universidad.

¿Cómo es Brownsville y cómo fue su infancia allí?

Es un municipio pequeño, que apenas alcanza los 10.000 habitantes. Está volcado con los deportes: baloncesto, fútbol americano... Yo me centré desde muy niño en el baloncesto. Lo tuve muy claro desde el principio. Lo llevo en la sangre, ya que tanto mi padre como mi madre jugaban. Mi padre llegó a entrenarme en el Instituto.

Tony Delk (exjugador que jugó durante 10 temporadas en la NBA) es también de allí.

Exacto. Tony también es de Brownsville. Somos buenos colegas y es un gran tipo. Su carrera en la NBA fue notable.

¿De niño era un estudiante aplicado o pasaba todo el día tirando a canasta?

Tenía el baloncesto metido en la cabeza, era una obsesión que no podía sacarme de encima. Desde bien pequeño, le decía a todo el mundo que quería dedicarme al basket y llegar a la NBA. A medida que crecí, ese pensamiento no varió.

Brownsville también se distinguió en el siglo XX por erigirse en un foco de lucha por los derechos de los ciudadanos afroamericanos. Incluso tuvo un mártir, Elbert Williams, que fue asesinado en 1940 por este motivo. ¿Conoce esa historia?

Por supuesto. Mi abuelo, Jesse Kinnon, nos contó esa historia y otras muchas que el vivió cuando era un niño. Siempre se encargó de recordarnos las cosas que habían sucedido en nuestro pueblo y en el país. Fue una lucha muy dura e importante.

Tiempos muy complicados.

Extremadamante complicados, sí. Ese recuerdo sirve para valorar las cosas que han mejorado y el camino recorrido. Afortunadamente, yo no tuve que sufrir esas cosas tan graves y mi infancia fue muy feliz. Pero agradecí que mi abuelo nos mantuviera alerta con ese recuerdo de un pasado no tan lejano y que conviene no olvidar nunca.

¿Cree que algún día se erradicará definitivamente la lacra del racismo?

No puedo comprender que haya gente que odie a otra persona por ser de otra raza. Es lamentable. Habría que conocer mejor la Historia y los hechos, eso es básico. Es la única forma para que algún día se pase página y se supere una lacra como el racismo.

Con 18 años ingresó en la universidad de Mississippi State, donde batió récord tras récord, incluido alguno del mismísimo Shaquille O’Neal.

Fueron seguramente los mejores años de mi vida. Me divertí mucho y la gente me adoraba. Fueron cuatro años maravillosos, en los que superé registros históricos, especialmente con los tapones. Mi etapa en la Universidad me puso en el mapa baloncestístico de Estados Unidos. En Starkville (la localidad donde se halla Mississippi State) soy una leyenda. Años más tarde jugué en la NBA y gané un anillo de campeón. Pero, sinceramente, no es comparable a la felicidad de mi época universitaria.

Cuando finalizó los estudios, fichó por el Pistoia italiano. ¿Cómo gestionó ese cambio?

No sabía qué me esperaba enItalia, pero yo quería ser un jugador profesional y me lancé. Obviamente atravesé por mis malos momentos porque era muy joven (22 años), pero me alegro de haber dado el paso. Nos clasificamos para los ‘play offs’ y me encantó la experiencia.

De Italia pasó a Jerusalén.

Allí las cosas no marcharon tan bien en lo deportivo. No me sentí muy cómodo y no conecté con el entrenador. Pero eso forma parte del aprendizaje.

Poco después, en la campaña 2012-2013, cumplió su sueño de debutar en la NBA. Nada más y nada menos que en los Miami Heat que se proclamaron campeones aquel ejercicio.

Fue un momento muy especial en todos los sentidos. Estuve en el lugar adecuado en el momento adecuado. Formar parte de aquel equipo tan maravilloso me hace sentir muy orgulloso. Apenas jugué, pasaba casi todos los partidos en el banquillo y mi función se limitaba a trabajar duro en los entrenamientos.

¿Cómo era la vida en un equipo con tantas estrellas: LeBron James, Dwayne Wade, Chris Bosh, Ray Allen...?

Tener al mejor jugador del planeta, LeBron, marca mucho. El ambiente en el vestuario era muy bueno. El trato era muy sencillo entre los jugadores. Esas estrellas sabían perfectamente lo que tenían que hacer en cada momento, en la pista y fuera de ella.

¿Volvían loco tantas figuras al técnico Erik Spoelstra?

Supo manejarlas muy bien. Su mérito fue controlar los egos. Si recuerdas los nombres de aquellos Heat, es alucinante:LeBron, Wade, Bosh, Allen, Miller, Howard, Chalmers, Battier... La nómina impresiona. Spoelstra convenció a todos de que tenían un objetivo común: ser campeones. Y lo logró.

¿Qué aprendió aquella temporada en los Heat?

Aprendí a ser un superprofesional. Si LeBron James, que es sin duda el mejor del mundo, es quien más trabaja en el equipo y no escatima un esfuerzo, ¿qué iba a hacer yo? Me empapé de la ética de trabajo de LeBron. La conclusión es que siempre hay que trabajar más.

¿Dónde guarda el anillo de campeón de la NBA?

En una caja de seguridad en Estados Unidos.

Le siguieron Philadelphia, Los Ángeles, Puerto Rico, Italia y la pasada campaña Turquía. ¿Es feliz con esta vida tan cambiante?

Enriquece mucho conocer nuevas culturas y nuevas personas. Los buenos momentos ganan a los menos buenos.

 





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