Despliega el menú
Deportes
Suscríbete

REAL ZARAGOZA

Aguirre y once más

El técnico mexicano debuta en el Zaragoza con sistema renovado y con cambio en la portería frente a un alicaído Getafe. Vuelve Paredes a la lista de un equipo encomendado al método del Vasco.

Varios futbolistas del Real Zaragoza se ejercitan ante la observación de Manuel Vidrio, el nuevo segundo entrenador.
Aguirre y once más
OLIVER DUCH

La llegada de un entrenador a un equipo al mismo tiempo que otro sale por la puerta funciona como el agua oxigenada. Supura la tensiones populares, refresca el espíritu del vestuario, alivia el nervio directivo y escuece donde los números hablan, en la clasificación. Para curar la herida, ha aterrizado en el Real Zaragoza Javier Aguirre, que esta noche (21.00/GolT) se estrena como entrenador del equipo aragonés en las tierras de Getafe, lugar dormitorio en cuyo estadio, el Coliseum Alfonso Pérez, los partidos entre semana dibujan unas gradas apagadas y con demasiado plástico a la vista. Allá viajan Aguirre y su tropa, para cruzarse contra un rival y un entrenador, Míchel, también en apuros. Al Getafe lo cogen en una dinámica preocupante: incluyendo la Copa y la Liga Europa, solo ha ganado un partido de los últimos nueve, arrastra seis consecutivos sin vencer -aun computando el doble empate copero con el Portugalete, un Tercera- y en esa media docena de partidos mustios solo ha marcado dos goles. Vistos los datos del rival, la incógnita que conforma un Zaragoza nuevo, sin más referencias válidas que lo destilado hasta ahora por sus jugadores, y la inconstancia de un Getafe alicaído permiten pensar en un partido sin guión previsto, en un duelo abierto y de pronóstico reservado.Al Real Zaragoza, Javier Aguirre le ha caído como un huracán de aire renovador. La gente le mira más a él que a la tabla, donde el equipo llora y se lamenta. Ese efecto vivificante se reproduce en un hilo de optimismo naciente y ríos de fe pura. Aguirre, con su simpática y locuaz entonación mariachi, su convicción, su carácter abierto y su motivación, ha ganando su primer partido. Y eso que no ha pisado aún el césped.

La plantilla ha recibido el impacto de un hombre de personalidad arrolladora en sus primeras horas de trabajo. Aguirre ha estimulado a los jugadores hasta el punto de que, ahora mismo, la permanencia rima con Aguirre. Todas las esperanzas llevan la bandera mexicana. Y el técnico no es ajeno a la significación que produce en la pelea por la captura del objetivo. Conoce y asume su papel de salvavidas, y por eso tira de él y lo encauza hacia sus futbolistas, conciliándose, mostrando proximidad y persuadiendo con cosas como el elogio a la calidad del grupo, algo que se ha recibido entre el zaragocismo como un monumento a la fe en lo imposible, pero que Aguirre lo defiende con seguridad.

Esta noche en Getafe, las buenas intenciones y las hipótesis dulces ya cobrarán valor de realidad. En el césped, con un rival delante, con la exigencia de una victoria, que, de llegar, sacaría del descenso al Real Zaragoza tras los resultados del fin de semana.

Para encabezar la resurrección, Aguirre se ha traído al Zaragoza la pizarra con la que confeccionó la selección mexicana del último Mundial. Habrá giro esquemático, con el equipo ordenado en un sistema elástico y versátil como el 4-1-4-1, donde Edmilson, de hombre escoba entre las dos líneas de cuatro y actuando como bisagra del equipo, ocupará un papel esencial, tanto como los hombres abiertos. La llegada de Aguirre significa la vuelta a la convocatoria de Paredes después de tres meses de postergación, y al equipo, de Leo Franco. El argentino desaloja a Doblas de la portería. Delante de él, Ponzio, Jarosik, Contini y Obradovic se alinearán en defensa. Edmilson hará de pasadizo a la línea de cuatro avanzada, formada por dos volantes interiores, Gabi y Jorge López, y dos extremos de corte clásico, Bertolo y Lafita. Este último parece haberle ganado a última hora el pulso a Kevin Lacruz, la otra opción barajada por Aguirre ante la ausencia definitiva de Ander Herrera, que se une así al lesionado Lanzaro y al sancionado Diogo.

En el Getafe, Míchel pierde a Víctor Sánchez por lesión y al central Cata Díaz por tarjetas, y recupera la fibra de Boateng en el medio. Son las novedades de un equipo afilado por Colunga, viejo conocido y evidente amenaza, pese a su sequía.

Contra esa piel azul y osada del Getafe deberá lidiar el nuevo Zaragoza, donde Aguirre manda y once juegan. Así debe ser.

Etiquetas