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El Giro de Bernal premia a Caruso

El siciliano, lanzado por Pello Bilbao, gana en Alpe di Mota, donde el líder, blindado por Castroviejo, ata la carrera antes de la contrarreloj final.

20ª etapa del Giro de Italia
20ª etapa del Giro de Italia
LUCA ZENNARO

Pocas cosas emocionan más que ver ganar a alguien que siempre lo da todo para que otros triunfen. Así se resume la vida de Damiano Caruso. De oficio, gregario. Al principio, de Nibali y Basso; luego, de Porte, y ahora de Landa. En el Giro 2019 pudo llevarse la etapa del Mortirolo, pero le ordenaron parar y esperar a Nibali. No dudó. «Es mi trabajo», zanjó. Por ese pasado de héroe sin premio ni leyenda, el público se identificó con él cuando atacó, a rueda de su compañero Pello Bilbao, en el descenso de San Bernardino, el primer puerto. Era él, Caruso, el inesperado, el humilde, el que se atrevía a retar a Egan Bernal y no Simon Yates.

Italia le abrió una cremallera de aplausos en la subida final a Alpe di Mota. Un día en la piel de Coppi o de Bartali. De Pantani. Caruso, un veterano sin casi palmarés, ganó por todos los que son como él. La victoria del sacrificio. A 24 segundos llegó de rosa Bernal, que a falta de la contrarreloj final de este domingo (29 kilómetros), ya es dueño del Giro. Caruso, a dos minutos, es el segundo. Y Yates, a 3.23, el tercero.

La edición que ganará Bernal ha sido la de los gregarios. Al colombiano le sostuvieron de nuevo Jonathan Castroviejo y Dani Martínez. Entre los dos se encargaron de apaciguar a Yates y Almeida, y de mantener a la vista la fuga de Caruso. «Me han permitido manejar la etapa», agradeció el líder. Este Giro ha comprobado la solidez de su mente. Castroviejo, que vale para todo, le acercó a Caruso. Y, ya en Alpe di Mota, Dani Martínez ahogó a Yates -sin chispa, cedió otro medio minuto- y lanzó a Bernal en el kilómetro final. Al líder sólo se le escapó Caruso. Tenía que ser así en el día de los gregarios.

El puerto suizo de San Bernardino es una larga subida que va del bosque a la nieve. Ahí no pasó nada. Sólo desgaste mientras el día se oscurecía. Pero tiene un descenso en zig zag hasta el valle. En ese entorno aparecieron los más hábiles: Bardet y Pello Bilbao. El francés se jugó el tipo en los primeros bucles y se llevó a dos corredores de su equipo, el DSM. El vizcaíno se les unió con su líder, Damiano Caruso, a rueda. El siciliano era el segundo en la general. Y cuando todo el mundo creía que iba a conformarse con ese puesto con el que ni soñaba, soltó un órdago a 50 kilómetros de la meta. Bardet, a siete minutos y medio de Bernal en la general, tenía poco que perder. Caruso, a sólo 2.29, se arriesgaba a tirar por el desagüe su foto en el podio de Milán..., pero eligió soñar con ganar el Giro. Subió al tren que sólo pasa una vez.

Y obligó al Ineos, el equipo de Bernal, a gastarse. Caruso fue campeón de Italia sub'23 en 2008, ha cumplido 33 años y es siciliano. Un duro. De los que han vivido contra la mafia. Su padre fue escolta del magistrado Giovanni Falcone, asesinado por la Cosa Nostra. Muchos ciclistas buscan paraísos fiscales para cimentar sus ahorros. Caruso decidió vivir en Ragusa, donde siempre. El hijo del policía en la isla de la mafia. Ese carácter determinado no se trasladó a su deporte. Le ha faltado confianza en sí mismo. Se hizo escolta de otros. No quiso cargar con la presión de los líderes y se puso a su servicio, de Nibali hasta Landa... Y sólo cuando al alavés se cayó en la quinta etapa de este Giro, Caruso dio un paso al frente. Primero con timidez. Y, al fin, a por todas en el descenso de San Bernardino.

Pello Bilbao, delineante de curvas, tiró de Caruso también en la subida y la bajada de Spluga. Otro vizcaíno, Castroviejo, guiaba a Bernal, que controlaba la carrera a 40 segundos del grupo de Caruso. El líder colombiano, que había salido desde Verbania con la idea de enfrentarse a Yates, tenía un rival con el que casi no contaba. Caruso. La nueva versión de Caruso.

Bilbao y Castroviejo, gregarios de oro, tiraban de los dos extremos de la cuerda. Y así llegó el Giro a su última cuesta, Alpe di Mota. A Castroviejo, reventado, le dio relevo en la persecución Dani Martínez, el último protector de Bernal. Al líder le quedaban 7 kilómetros para sentenciar definitivamente la carrera. Delante, también explotó Bilbao. Caruso, que siempre ha hecho ese trabajo, se lo agradeció con una palmada en la espalda. Emocionante gesto. Y el siciliano se colocó al frente. Si el ciclismo le reservaba un día, era este. A por él. Dejo atrás a Bardet.

Desde la cuneta le llegó un sonido que creía para otros. Era el ídolo de Italia, de rodillas ante la gesta del inesperado aspirante al Giro. Todos eran de Caruso. Antes de cruzar la meta, siempre atento a los detalles, se cerró el maillot para que se viera bien para quien corre, Bahrain, y abrió los brazos para recoger la victoria que lo justifica todo. «Soy el hombre más feliz de la tierra», dijo. Más incluso que el que ganará el Giro, Bernal.

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