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Ángela Domínguez: "Hay que plantar cara a las zancadillas que te pone la vida"

A sus 42 años, la fuenlabreña Ángela Domínguez se convirtió en la primera mujer en completar la Orbea Monegros en handbike.

Ángela Domínguez sobre su handbike antes de tomar la salida de la Orbea Monegros.
Ángela Domínguez sobre su handbike antes de tomar la salida de la Orbea Monegros.
Patricia Puértolas

"Quiero enseñar a mis hijos a luchar y no rendirse". La madrileña Ángela Domínguez fue la primera mujer en atravesar en handbike la línea de meta de la Orbea Monegos. La deportista asumió este reto con un doble objetivo, dar a conocer la rara enfermedad que sufre uno de sus hijos, el síndrome de Tourette, y además dar testimonio de la importancia de no rendirse frente a las dificultades que aparece en la vida.

¿Cómo fue la travesía por el desierto de Los Monegros?

Menos dura de lo esperado, aunque el cierzo nos castigó en la parte final, donde, además de tener que realizar un mayor esfuerzo, perdí visibilidad. Hay que pensar que me desplazo casi a ras de suelo y en algunos tramos, el polvo ni siquiera me permitía ver al compañero de delante.

¿Y cómo superó esas dificultades?

Gracias al apoyo y esfuerzo de mis compañeros, los integrantes del club ciclista Pedaladas por el Tourette, cuyo lema es: "Salimos juntos, llegamos juntos". Es decir, que cuando alguien flaquea el resto estamos allí para arroparlo hasta la meta. En este caso, cuando el cierzo más apretaba, mis compañeros hicieron de pantalla. También fueron muy importantes los ánimos recibidos durante la carrera por el resto de ciclistas.

¿Qué sintió al llegar a la meta?

Algo indescriptible, una mezcla de sentimientos, desde el alivio de finalizar la prueba hasta la felicidad de ver las caras de satisfacción del resto de compañeros así como de los familiares y amigos que nos esperaban. Además, los organizadores y el público nos brindaron un gran recibimiento. Aún me emociono al ver los vídeos.

No era su primera Orbea Monegros, ¿verdad?

Había participado en dos ocasiones. En 2016, no pude terminar, ya que el cierzo fue brutal y me tiró de la bicicleta; y en 2017, acabé. En ambas ocasiones, lo hice sobre dos ruedas, es decir, con una bicicleta convencional.

¿Por qué tuvo que bajarse de ella?

Me diagnosticaron una enfermedad degenerativa, una esclerosis de canal lumbar, que me ha estrangulado la médula y provocado una neuropatía en las piernas. Además, tengo fibromialgia y una discopatía degenerativa en la columna, lo que me obligó a dejar el ciclismo convencional. En junio, hará un año que estoy con handbike.

¿Qué le animó a seguir pedaleando? ¿Y por qué decidió asumir el reto de la Orbea Monegros?

Mi objetivo es doble. Por un lado, trato de dar a conocer la rara enfermedad que sufre uno de mis hijos, el síndrome de Tourette, con el ánimo de sensibilizar a la población e intentar recaudar fondos que favorezcan su investigación; y por otro, busco incentivar a aquellos que como yo sufren una enfermedad degenerativa, animándoles a no rendirse y seguir luchando. También lo hago para que este mensaje llegue a mis hijos, a los que trato de inculcar la importancia de no rendirse ante las dificultades. Hay que plantar cara a las zancadillas que te pone la vida.

¿Cómo se preparó para la prueba?

Entrenamos todas las semanas, dos o tres días, incrementando la distancia y el desnivel de forma paulatina. Al irse acercando la fecha, también realizamos algunas salidas de distancia similar.

¿Y también es necesario entrenar la mente?

Fundamental. Es más importante todavía, ya que si te vienes abajo es fácil que no alcances la meta.

¿Volverá a enfrentarse a la estepa monegrina?

Sí, no sé cuando, si será el próximo año o más adelante, pero volveré y tengo claro que entonces iré a por la maratón completa.

¿Qué tiene esta prueba que engancha? ¿Qué hace que se agoten las 8.000 plazas disponibles cada año?

La organización es excelente, los paisajes, espectaculares, y encima, hay todo un pueblo volcado... además de buenos avituallamientos, una gran atención médica y un implicado voluntariado.

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